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Radio Progreso

Crónica de una muerte no investigada

Jul 11, 2017

Con una antología de textos periodísticos de Gabriel García Márquez, titulada: Gabo Periodista y la maleta en la otra mano, emprendí viaje hacia Candelaria, municipio del departamento de Lempira al occidente de Honduras. Una misión, un camino, una libreta, una grabadora y mil preguntas martillando en mi cabeza, así comenzaba mi viaje.

- Nos vamos-. Dije a mis compañeras de viaje con un tono de voz que presagiaba un largo viaje.

La carretera se abrió para comenzar el recorrido hacia uno de los departamentos más empobrecidos del país. En la radio anunciaban que una comunicadora era acusada del delito de sedición. Albertina Manueles Pérez se llama. Ella es de Intibucá, otro departamento del país; empobrecido igual que Lempira, el departamento hacia donde vamos. Intibucá y Lempira están pegaditos, son departamentos que tienen más conexión con El Salvador que con el resto de Honduras. 

***

Almorzamos en Gracias, la principal ciudad de Lempira. “Delicioso hígado finamente condimentado”. Mis ojos se iluminaron y mi estómago saltó por probar aquel manjar descrito en el menú. El delicioso hígado en lugar de ser finamente condimentado, me obligaba a estar finamente frustrado. Dos tortillas, tres pedacitos de hígado pasados de fuego y unos frijoles de dudosa procedencia. De fondo un televisor, los vecinos de la mesa del lado, me miraron y sin pena ni desconfianza alguna, -Puta, es que España está pa´ los perros. Pero a saber compa, a saber por qué están jugando tan mal. En el fútbol uno nunca sabe-, sentenció. Yo sonreí y seguí con mi plato. Todos por estos días hablan de los partidos del mundial. De repente, cruzó por mi cabeza: ¿por qué no se sabe quién mató a Nery Geremías?

Después de terminado el almuerzo, fuimos a las oficinas de la Policía Nacional y al Ministerio Público. Quería saber cómo estaba la investigación del caso de Nery Geremías Orellana. 

-Sí, del ofendido Nery Geremías Orellana Díaz hay unos papeles aquí. Voy a leerlos, espéreme un ratito-. 

En mis adentros, sonaba la palabra “ofendido”. Nery Geremías no fue ofendido. Fue asesinado. Esa palabra del expediente no bastaba para expresar el dolor de su familia. Ofendido yo con el hígado que me comí, ofendida Albertina, acusada sólo por dar una información, ofendidos los seguidores de la selección española de fútbol por el mal juego. Pero los 69 comunicadores, comunicadoras y periodistas, en los últimos años, ellos y ellas no son ofendidos: Fueron asesinados.

***

Llegar a Candelaria cuesta. Desde El Progreso hasta Candelaria son 7 horas de viaje. Es un pueblecito enclavado entre montañas verdes. -La carretera pasa siempre mala-, decía un viajero que estaba esperando bus. -Pero ahora el presidente es de acá, pero no nos alegramos, que la arreglen sólo pasa dos o tres veces en todo lo que dura el gobierno-.

El municipio tiene menos de diez mil habitantes. Es completamente rural. La parte céntrica es típica de los pueblos de Honduras. Un parque pequeñito, la alcaldía municipal, la catedral y demás oficinas oficiales, el poquísimo comercio que hay y pocas calles empedradas; así es Candelaria. Aquí, seguramente, anduvo caminando Nery Geremías en muchas ocasiones. San Lorenzo está a veinte minutos del centro de Candelaria. San Lorenzo es la aldea donde nació Nery Geremías. También donde fue asesinado.

***

Al llegar al hotel, preparé el recorrido de visitas. Había tantas personas por entrevistar, pero el tiempo, las distancias y la incertidumbre iban definiendo el rumbo de mi viaje. Revisé mi grabadora, 1… 2… 3… probando. Tomé mi libreta que tiene el rostro de Gabriel García Márquez y un texto que decía: “en las carreras en las que andan los periodistas, es importante que se detengan un minuto para revisar su trabajo”. 

Con mi bolso y sudando por el inclemente calor, emprendí camino por las silenciosas calles de Candelaria. Hubo un vecino que me dio detalles de la zona. Di en el clavo, él conocía a mucha gente del lugar. Me dio nombres, me ubicó en el contexto de la zona, y me señaló dónde ir para encontrar a la gente que andaba buscando. El primer lugar fue la Radio Joconguera. Pregunté por don Mario, el dueño, -no está, salió-, me dijo un muchacho delgado y con una sonrisa difícil de olvidar. -Venimos de Radio Progreso-. Me senté y pregunté por Hernán Castro, director de noticias en el momento del asesinato de Nery Geremías y otro de los amenazados en aquel julio de 2011.

Expliqué cuál era el motivo de mi visita. -Ah sí… Nery Geremías era mi tío. Hace varios años lo mataron-. En eso llegó otra muchacha y quiso participar de nuestra plática. -Acérquese. Cuéntenme, ¿cómo era Nery Geremías en la radio?, ¿qué recuerdos tienen de él?-

-Era un muchacho muy alegre y risueño. Siempre tenía algo que contar para hacernos reír. Muy respetuoso, eso sí. Muy respetuoso-. Cuando hablaban de Nery, sus ojos se iluminaban.

-Yo fui compañera de él en el colegio. Muy puntual, muy estudioso. Muy inteligente. Un día antes que lo mataran estábamos haciendo unas tareas. Nos fuimos a la casa, a platicar, nos reíamos de todo. Nunca imaginé que al siguiente día, mi amigo Nery estaría muerto-. 

-¿Por qué lo mataron?-, baja su cabeza, y luego, me mira directo a los ojos. -A saber, no lo entiendo, si él era muy tranquilo-.

***

Cerquita de la radio me encontré a un hombre de sombrero, altísimo, de tez clara. -Buenas tardes joven-. Una voz de trueno, pero muy calmada. Era don Manuel Bonilla, alcalde en dos ocasiones. 

-Buenas tardes don Manuel, a usted lo andaba buscando-. 

-¿Ah sí, y cómo para qué?-

-Necesito hablar con usted sobre Nery Geremías Orellana-. 

Me condujo hasta su casa. Entré en una sala con las paredes a medio terminar. Una pared falsa de nylon verde hacía divisiones internas de aquel hogar. Sacó unas sillas y nos sentamos. 

-¿Qué pasó el 14 de julio de 2011?-, comencé directamente. Después de unos segundos de silencio. Un suspiro profundo: –Yo no estaba en Candelaria, hacía un mes había salido de aquí por miedo a que se concretaran las amenazas de muerte que había recibido un tiempo atrás-.

-Regresé…; hace una pausa. -Regresé porque me avisaron que habían asesinado a Geremías-.

Su voz entrecortada y las lágrimas al borde de sus ojos me impidieron hacer la siguiente pregunta. 

–Discúlpeme, es que me vienen recuerdos de ese muchacho tan noble. Muy activo, muy servicial-.

-¿Por qué matan a Geremías?-

Don Manuel se repone, endereza su columna y su voz: -Es que el poder corrompe, y aquí hay mucha gente interesada en que no se les quite el poder. Nery Geremías denunció un problema de salud aquí en el municipio. Lo mismo denunció el sacerdote, el director de noticias de Radio Joconguera y yo. La denuncia que hizo Nery la pasaron por Radio Progreso. Esas constantes denuncias no gustaron. Por eso el sacerdote fue amenazado, el periodista tuvo que irse de Candelaria y mi familia me pidió que me fuera por un tiempo-.

-¿A quién afectaban estas denuncias?-

-Todo el mundo lo sabe aquí en Candelaria. Es un señor que quita y pone la gente que le conviene en la alcaldía. Tiene negocios malos. Él fue con pistola en mano y a viva voz amenazó a quienes estaban en la toma del centro de salud. Es un hombre vinculado al Partido Nacional-.

-¿Cómo se llama ese señor?- Aclara su garganta. Y con mucha seguridad y certeza: 

-Ese señor se llama…- En eso llega un vecino. -Buenas tardes señores. -Don Manuel, fíjese que vengo a dejarle el machete que me prestó-. 

El visitante inesperado se dirige a mí: -¿usted es periodista?-, -Sí-, respondí. -Al que está entrevistando es una gran persona, uno de los mejores alcaldes que hemos tenido en este municipio-.

Al despedirse el visitante agradece y se marcha muy tranquilamente.

-Pues, mire…, me dice el exalcalde, aquí las cosas no se pueden denunciar. Y si se hacen no sirven de nada. La justicia en Honduras está ausente. Y peor en éstos rincones tan alejados del resto del país-.

Ese día continué haciendo entrevistas a personas cercanas a Nery Geremías: amigos, vecinos, familiares. 

***

Para ir a la casa de don Pedro y doña Regina, hay que caminar una media hora, el camino es angosto, no pasan carros, sólo a pie se llega. En ese mismo trayecto se pasa muy cerca del cementerio de la comunidad. Allí guarda silencio Nery Geremías. Entre árboles y maleza; en la entrada está su tumba. Un silencio adornado por los cantos de pájaros, mariposas revoloteando el lugar y un silbido del viento que se cuela entre las ramas de los árboles son los testigos fieles de aquel lugar, donde también reposan los restos de su esposa Idalia. 

Después de varios minutos en el cementerio seguí hacia la casa de la familia, me senté en una piedra que estaba en la orilla del camino. Saqué mi libreta y empecé a escribir lo que han leído. Seguro les contaré, qué me encontré en el camino, qué me contaron don Pedro, papá de Nery y doña Regina, la mamá. 

Nery Geremías se enamoró, claro que se enamoró. Idalia era su amor. Producto de ese amor, “Gerito”, ahora tiene 6 años, así me los señaló con sus pequeños dedos. El mismo tiempo que tiene de impunidad el asesinato de su papito. 

No hay investigación, no hay juicios contra los responsables materiales ni intelectuales. Ni siquiera número tiene el expediente en el Ministerio Público. Pero lo que sí hay es mucho amor y cariño de su familia y de quienes lo conocimos; y eso basta para seguir haciendo presente su memoria.

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