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Radio Progreso

De los escombros a las cadenas humanas de solidaridad

Sep 27, 2017

Las horas y los días siguen pesando en México, y el peso se hace sentir con mayor angustia en las áreas en donde el terremoto dejó mayores destrozos humanos y materiales. Cuatro son los signos que destacan tras ocho días del evento telúrico: labores de rescate, demoliciones, solidaridad hacia las víctimas y la mentira oficial acompañada de la tendencia de sectores pudientes, porque todo parezca que vuelve a la normalidad.

Ciudad de México, Morelos, Puebla, Estado de México, Guerrero y Oaxaca, fueron los puntos rojos del sismo con magnitud de 7,1. Según la Coordinación de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación mexicana todos estos puntos suman a estas alturas de búsquedas 333 pérdidas humanas.

A pesar de la indignación que provocan las acciones de las autoridades, y de medios de comunicación, los mexicanos y mexicanas siguen poniendo su apoyo en las labores de rescate que siguen en las zonas afectadas, donde decenas de edificios fueron tumbados por el terremoto.

Chinameca, Morelos

Más allá de los destrozos lamentables ocurridos en Ciudad de México, a unos 20 kilómetros de distancia del epicentro del terremoto del 19 de septiembre, se encuentra Chinameca en el municipio de Ayala, Estado de Morelos, de célebre memoria por haber sido en ella donde fue fusilado en 1919 el legendario Emiliano Zapata, uno de los líderes de la revolución mexicana y el más alto símbolo de la resistencia campesina.

“Yo pensé que era el fin del mundo, sentía que iba un bultote debajo de la tierra, nunca había sentido un temblor”, contó Deysi Paloma de ocho años, quien jugaba en la escuela cuando comenzó el sismo y vio salir a sus compañeritos con las manos en la nuca y arrodillados por las indicaciones de las profesoras.

Aunque Deysi Paloma no quiere que vuelva a temblar porque su casa se cuarteó “tantito”, asegura que el miedo se le quita porque duerme con su papá y su mamá en un lugar llamado Vergel en Chinameca.

Chinameca es uno de los lugares que está abandonado por las autoridades municipales, estatales y federales de México, según cuenta Héctor Osaris, y así los constatamos. Osaris es un voluntario que se encarga de llevar las ayudas que vienen de diferentes Estados a cada una de las comunidades de este municipio, olvidado por los entes gubernamentales.

Se han contabilizado 300 viviendas inhabitables en este lugar, y aún faltan revisiones en comunidades que han quedado sin acceso por los daños ocasionados por el sismo. A pesar de que en las paredes dice “casa en colapso”, “peligro”, “no pase”, muchas familias no dejan de habitarlas, una, por no perder sus pertenencias que tanto les han costado, y dos, por la incertidumbre de hacia dónde ir.

Lidia de 49 años, residente de Chinameca, perdió su casa. Las revisiones constataron que su vivienda está pronta a derrumbarse y que no puede vivir más en ella. “Ahorita estamos viviendo en el patio, por ahora allí dormimos”, confiesa, tras mostrar con su rostro de tristeza sus pertenencias acomodadas en una esquina del mismo.

“Las autoridades no han venido a darnos la cara (…) y si vienen solo revisan y como que se burlan, pero no nos dicen qué podemos hacer”, reafirmó Lidia.

Para Héctor Osaris, la solidaridad es importante, pero asegura que la falta de organización dentro de los centros de acopio no permite que las despensas donadas puedan llegar a las familias según las urgencias y necesidades. Él insiste en que los habitantes de las comunidades deben cohesionarse para guardar alimentos cuando ya las donaciones bajen, como suele ocurrir en estas emergencias.

Muchos mexicanos y mexicanas no saben de las secuelas que ha dejado el sismo de 7,1 en lugares como Chinameca, Vergel, San Pablo (comunidades del municipio de Ayala en Morelos) y otras, quizás por el olvido consciente de las autoridades y el desinterés de los medios de comunicación, donde centenas de familias no tienen un techo para pasar las lluvias que han acompañado estas noches de desvelos e incertidumbres. Chinameca vive de la gloria del pasado zapatista, pero está muerto de olvido para las autoridades actuales.

La solidaridad traspasa

Carros y motocicletas con letreros “transportamos víveres y medicinas”, y otros miles a pie cargados de bolsas con cobijas o cualquier donativo que esté a su alcance son escenas muy vistas en los últimos días en las calles de México.

“Me siento triste y consternado, no había sentido esto, por eso con un grupo de compañeros de la Universidad (UNAM) venimos a ayudar en lo que podamos”, dijo el joven José Carlos de 23 años.

Sin duda que la conciencia de la solidaridad traspasa edades, desde niños y niñas, hasta los que tienen arriba de 60 primaveras se encuentran en los diferentes puntos de acopio.

Las redes sociales han jugado un papel importante y ágil, tanto para mostrar los lugares de acopio, como denunciar a autoridades por el supuesto desvío de donaciones e interrupciones de camiones que trasladan ayudas.

A pesar que la normalidad laboral y educativa (en algunos casos) ya invadió la ciudad mexicana, las cadenas humanas para hacer la carga más ligera siguen formándose en los centros de acopio. 

La consternación del mediodía del 19 de septiembre sigue a flor de piel en los mexicanos y mexicanas. Muestra de ello, y que seguramente hay decenas más, son los vecinos y vecinas de la colonia Santa Úrsula, en la delegación Tlalpan, quienes se han organizado buscando alimentos y solicitando herramientas que sean necesarias para la reconstrucción de comunidades destruidas que pasan desapercibidas por las autoridades. Esas son las muestras de solidaridad que motivan a continuar un largo proceso de reconstrucción.

Por: Karen Paredes, enviada especial en México.

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