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Radio Progreso

Fue la violencia machista la que mató a Berta Cáceres

Oct 12, 2017 Escrito por 

 El asesinato de Berta Cáceres fue un crimen político machista. Fue un femicidio. Fue un crimen propio del machismo hondureño, sólidamente incrustado en las estructuras del poder estatal, político, jurídico, económico, incluso en el poder religioso. Por eso la impunidad cubre hoy a los autores intelectuales.

En los últimos minutos del día 2 de marzo de 2016 Berta Cáceres fue asesinada en su casa, un acontecimiento que conmovió a Honduras y a mucha gente en todo el mundo. Varios de los responsables de la ejecución del plan para matarla y los que dispararon contra ella enfrentan ya un proceso judicial que conducirá a una eventual sentencia condenatoria. Pero quienes fueron los autores intelectuales del crimen siguen blindados por la impunidad.

Son muy poderosos. Y son hombres. Y eso explica el blindaje que los protege. La decisión que tomaron estos hombres poderosos, el plan que siguieron hasta matarla, tiene la misma lógica que la de cualquier femicidio. A Berta Cáceres la mataron por ser mujer, una mujer extraordinaria a la que el poder machista, la violencia machista, no lograron nunca controlar. Fue el machismo el que la mató.

UNA GRAN EMPRESA DE HOMBRES MUY PODEROSOS

DESA (Desarrollos Energéticos Sociedad Anónima) es la poderosa empresa vinculada al asesinato de Berta Cáceres. Se trata de una empresa legalmente constituida, dedicada a la industria extractiva y a la construcción de proyectos hidroeléctricos. DESA pertenece a un enorme consorcio empresarial asociado al influyente Grupo Ficohsa, liderado por la poderosísima familia Atala.

Como muchas otras grandes empresas hondureñas, DESA protege sus intereses con una estructura criminal, integrada por centenares de efectivos de seguridad privada que dirigen militares o policías en retiro, a los que se entrena para cuidar celosamente el patrimonio empresarial. Ninguno de ellos dudará un instante en disparar a matar o en organizar algún operativo para quitar de en medio a cualquiera que amenace de cualquier forma los intereses empresariales.

Según investigaciones independientes fue en la cúpula de DESA donde se decidió asesinar a Berta Cáceres. El plan inició en noviembre de 2015 y culminó con los disparos criminales tan sólo unos meses después. DESA y quienes conducen las investigaciones oficiales decidieron responsabilizar solamente a los asesinos materiales, a quienes dispararon, para así salvar a la empresa de la autoría intelectual de una muerte que nunca creyeron, cuando la diseñaron, que les traería tantos problemas.

LOS AUTORES INTELECTUALES ESTÁN BLINDADOS

Desde que ocurrió el crimen las medidas para blindar a los autores intelectuales y salvar el prestigio de DESA se han intensificado. Suyapa Martínez, dirigente de la organización feminista hondureña CEM-H (Centro de Estudios de la Mujer) se atrevió a declarar en una entrevista periodística que DESA era responsable intelectual de la muerte de Berta y DESA le echó encima a toda la justicia hondureña. Hoy pende sobre ella la amenaza de una sentencia de varios años de cárcel y una multa millonaria por difamación. 

Los hombres de DESA son muy poderosos. Y tienen mucho poder en muchos espacios. Uno de sus más altos ejecutivos, Camilo Atala, también presidente ejecutivo del grupo financiero Ficohsa, fue elegido este año como presidente del Consejo Empresarial de América Latina (CEAL). En los últimos tiempos DESA ha aumentado sus generosas ayudas a diversas iglesias del país. 

UNA MUJER QUE ROMPIÓ PARADIGMAS

Las élites empresariales locales, aliadas de las transnacionales extractivas y financieras, sustento del poder político hondureño, mataron a Berta por ser mujer, una mujer excepcional y audaz que rompió, una y otra vez, con los paradigmas de la cultura patriarcal y machista que domina nuestro país. 

Obviamente, en Honduras hay mujeres con mucho poder y con mucho reconocimiento social. Pero ninguna de ellas ha roto paradigmas. Son mujeres que administran con desvelo y capacidad el poder que le han delegado los hombres sin modificar nunca su esencia jerárquica. Por eso, el poder de estas mujeres no incomoda, no es cuestionado. Lo admira toda la sociedad, particularmente la sociedad de los hombres. 

CON LA LÓGICA FEMICIDA

Berta fue una mujer diferente. Sacó a estos poderosos hombres de quicio, no pudieron soportar que una mujer los pusiera en jaque y los derrotara. Y decidieron matarla con una lógica similar a la del femicidio, a la del hombre que mata a una mujer que no controla. 

La mataron de forma similar a como un hombre mata a la mujer que no cumple lo que él desea. En su afán de poder y de dominio ese hombre arremete físicamente contra ella porque lo humilla, no controla lo que piensa, lo que dice, lo que hace la mujer. 

Llega a odiarla, la agrede y, en un momento de poder descontrolado, la mata. Son esos los sentimientos en que nos “educa” el patriarcado. Son los mismos que movieron a los hombres que mataron a Berta. No la pudieron controlar. Tenía poder, no el delegado por hombres, sino el construido por ella misma junto a otras mujeres y a otros hombres. El poder de Berta desafiaba el de ellos. Y tanto los desafiaba que ponía en peligro sus empresas.

TENÍAN QUE MATAR A “ESA MUJER”

Tenían que matarla. Una mujer los estaba derrotando, ganándoles la batalla. Ante los colegas empresarios, ante otros inversionistas, ante los financieros, Berta los humillaba. “¿Por qué no avanzan las obras?”, preguntaban. “Por esa mujer”, tenían que responder. Demasiada humillación para los hombres. Y sus mentes humilladas se embotaron y eso los cegó. No vieron lo que Berta significaba en el país y para mucha gente en el mundo. Sólo vieron a “esa mujer”, de la que había que desquitarse. Cegados por el poder humillado, planificaron su muerte, olvidando que ya para entonces Berta tenía un liderazgo nacional y un gran reconocimiento internacional.

Y una vez que la mataron se les abrieron los ojos. Habían matado a la voz de las mujeres hondureñas, también a la voz de los hombres hondureños que luchan por dejarse liberar por las mujeres. Y descubrieron que también habían matado a la voz de los pueblos centroamericanos y latinoamericanos que luchan por la vida de los bosques y los ríos.

Después de matarla, cayeron en la cuenta de lo que habían hecho: un gravísimo error político de graves consecuencias. Igual que tantos hombres a los que, después de matar a su mujer, se les abren los ojos y caen en la cuenta de que le quitaron la vida a la madre de sus hijos, a la mujer de la que un día estuvieron enamorados. Y viendo lo que han hecho se meten un tiro ahí mismo porque no soportan seguir viviendo.

LO QUE DIJERON DESPUÉS

En el caso de Berta no fue así porque nadie se metió un tiro, nadie se quitó la vida. Se dieron cuenta del error político que habían cometido y a partir de entonces quisieron borrarlo con el poder y con la mentira.

En el primer momento echaron a correr rumores. “A esta mujer la mataron por puta”, dijo un policía cuando todavía estaba caliente el cuerpo de Berta sobre un charco de sangre. Es el mismo argumento que aparece en boca de los vecinos y en los medios cuando un hombre mata a su mujer: “La encontró con otro”. La primera hipótesis del móvil del crimen fue la habitual: “un crimen pasional”, “por asuntos sentimentales”. 

Casi inmediatamente, los hombres que la mataron echaron a correr otro rumor, que alimentaron durante un tiempo a los medios de comunicación: a Berta la habían matado sus propios compañeros de lucha por desconfianza, por asuntos de dinero: Berta se había quedado con todo el dinero del Premio Goldman que había recibido poco antes, Berta había provocado conflictos de poder dentro del COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras). 

Algo similar ocurre en todos los asesinatos de mujeres: si no funciona el argumento pasional, se pasa al del dinero o al de luchas por el poder: “Las mujeres son muy ambiciosas, cuando tienen dinero y poder, siempre quieren más”, dicen. Para justificar los asesinatos de mujeres se mezclan siempre celos y pasiones con dinero y ambiciones. 

BERTA LE DOBLÓ EL BRAZO A HOMBRES DE PODER

El femicidio es el momento final de un prolongado proceso de violencia machista. El asesinato de Berta estuvo precedido por un largo proceso de amenazas y hostigamiento. Retrocedamos en la historia. En 2006 las comunidades del norte del departamento de Intibucá, en la zona de Río Blanco, buscaron respaldo del COPINH al ver llegar al lugar unas máquinas que comenzaron a intervenir en el cauce del legendario río Gualcarque. El objetivo era construir el proyecto hidroeléctrico Agua Zarca. La responsable de la construcción era la empresa china Sinohydro, la de mayor experiencia mundial en este tipo de megaproyectos. DESA había contratado sus servicios. 

Desde entonces, Berta, al frente del COPINH, comenzó a acercarse a esas comunidades de la etnia lenca, a acompañarlas. Dedicó años de trabajo a denunciar en el país el desastre ambiental y social que causaría ese proyecto, a organizar decenas y decenas de asambleas populares de información y a desarrollar y a animar acciones colectivas de resistencia en este lejano rincón del país. 

Hasta que en 2013 el pueblo lenca de esa zona, indignado y empoderado, impidió que la empresa continuara allí. A finales de aquel año Sinohydro dio por terminado el contrato con DESA, informando que se retiraba de Honduras por la continua resistencia de la comunidad. Berta les había doblado el brazo a los hombres del poder.

ES “MARIMACHA”

El año 2013 fue crucial en su vida. A finales de febrero y comienzos de marzo Berta dirigió una caminata popular desde el norte de Honduras hasta Tegucigalpa con varios reclamos: la libertad de “Chabelo” Morales, un campesino injustamente condenado por defender la tierra y a su comunidad, la derogación de la ley de minería y la derogación de la ley de las ciudades modelo.

Enamorada en aquel tiempo de uno de los jóvenes dirigentes del COPINH, eso despertó la furia de su ex-pareja, con quien había tenido tres hijas y un hijo. Mientras los pies de Berta se encallecían en aquella kilométrica caminata por carreteras de pavimento, la ruptura entre ambos se fue convirtiendo en una confrontación en el COPINH que desembocó en una fractura de la organización: un sector de comunidades lencas decidieron seguir a la ex-pareja de Berta para conformar una nueva organización indígena.

En septiembre de aquel año la acusaron por portar armas. En una sociedad como la hondureña, donde portar armas es cosa de hombres, eso procuraba socavar el liderazgo femenino que ya tenía Berta. Acusándola y llevándola a los tribunales se la estigmatizaba a ella y a su lucha. Se dijo que no sólo usaba armas, también provocaba desórdenes irrespetando las leyes y a las autoridades. Se desvirtuaba así a una mujer que en las sociedades patriarcales no era como deben ser todas: obediente, sumisa a los hombres y a las normas sociales. En ese tiempo corrió también otro rumor: Berta era así y actuaba así porque era “marimacha”.

EL PREMIO INTERNACIONAL COLMÓ LA COPA

La persistencia de Berta y su determinación consiguieron un enorme triunfo al salvar el río Gualcarque del proyecto hidroeléctrico. Para entonces su nombre era ya conocido en Honduras y el triunfo conseguido en tierra hondureña fue determinante para que en 2015 le entregaran el Premio Ambiental Goldman en 2015.

Al recibirlo en San Francisco, California, en un breve discurso Berta Cáceres reivindicó a su organización y demostró su conciencia política, social, ambiental, feminista. Esto dijo ese día: “En nuestras cosmovisiones somos seres surgidos de la tierra, el agua y el maíz. De los ríos somos custodios ancestrales, el pueblo Lenca, resguardados además por los espíritus de las niñas que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos es dar la vida para el bien de la humanidad y de este planeta. El COPINH, caminando con otros pueblos por su emancipación, ratifica el compromiso de seguir defendiendo el agua, los ríos y nuestros bienes comunes y de la naturaleza, así como nuestros derechos como pueblos. ¡Despertemos! ¡Despertemos, Humanidad! Ya no hay tiempo. Nuestras conciencias serán sacudidas si sólo nos quedamos contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal. El Río Gualcarque nos ha llamado, así como los demás que están seriamente amenazados. Debemos acudir. La Madre Tierra militarizada, cercada, envenenada, donde se violan sistemáticamente los derechos elementales, nos exige actuar. Construyamos entonces sociedades capaces de coexistir de manera justa, digna y por la vida. Juntémonos y sigamos con esperanza defendiendo y cuidando la sangre de la tierra y los espíritus de la tierra. Dedico este premio a todas las rebeldías, a mi madre, al Pueblo Lenca, a Río Blanco y a las mártires y a los mártires por la defensa de los bienes naturales”.

El Premio Goldman colmó el vaso de los hombres del poder. En todo el mundo se habló de “esa mujer” y el resentimiento ya no abandonó a los hombres de la cúpula de DESA. Había que matarla. 

PRIMERO, SILENCIAR DESPUÉS, ACOSAR

Existe un patrón en un crimen como éste, además de los patrones que acompañan a todo femicidio. Este patrón criminal tiene sus fases y en Honduras a ellas somete el poder a todas las personas que se oponen a la oligarquía económica y a la élite política que la representa. Es un patrón con cinco pasos. En el caso de Berta Cáceres se cumplió a cabalidad. 

El primer paso es silenciar. Durante un buen tiempo Berta hacía, decía, luchaba, denunciaba, pero era ignorada. Nadie la entrevistaba, no le hacían caso. Había que hacerla invisible, como si no existiera. Pero sus palabras y sus acciones, la trascendencia de su lucha, terminaron haciendo imposible que no la vieran, que no la escucharan. Berta derrotó el silencio social y mediático.

El segundo paso es acosar. Ya teniendo un nombre, una voz, un peso social, a Berta la trataron de sobornar, de seducir para que su voz no fuera respetada. Douglas Bustillo, un oficial retirado del Ejército, que trabajaba en la empresa de seguridad de DESA, se encargó de hostigarla, incluyendo el acoso sexual. “Toda mujer puede ser conquistada, lo que hay es que descubrir el camino para lograrlo”, dice siempre el machismo. En 2013, y con la misma firmeza con la que hacía todas sus denuncias públicas, Berta Cáceres denunció a Douglas Bustillo por acoso sexual.

ES VIOLENTA, TERRORISTA, ENEMIGA DEL DESARROLLO

El tercer paso es el descrédito, la estigmatización. Cuando sus luchas y su liderazgo no podían ya ocultarse, a Berta había que desacreditarla, estigmatizarla. Los medios informaban sobre lo que hacía, pero llamándola revoltosa, opuesta al desarrollo, violenta, desadaptada social, terrorista, “marimacha”, enemiga de los hombres. Cuando la acusaron de portar ilegalmente armas pasó unas horas en la cárcel. Cuando la acusaron de sedición por instigar la violencia en las comunidades indígenas y dictaron orden de captura, tuvo que pasar un tiempo en la clandestinidad hasta conseguir que los juzgados sobreseyeran la acusación.

También quisieron sobornarla con dinero para ella o para el COPINH. También en ese tiempo la confrontaron dos alcaldes de municipios de la región en donde operaban Sinohydro y DESA: el alcalde de San Francisco de Ojuera, íntimo aliado de la empresa de seguridad de DESA, y el alcalde del municipio de Intibucá, molesto por el respaldo que Berta daba a las locatarias y locatarios del mercado, amenazados de desalojo.

Muchos frentes se abrieron ante la amenaza de Berta. Todos buscaban minar su credibilidad y su autoridad y neutralizar el trabajo del COPINH. La estigmatización también promovía que la gente sencilla, desinformada y malformada, identificara a Berta como enemiga y como amenaza. 

Berta derrotó la estigmatización con persistencia. No retrocedió y finalmente su voz y su lucha trascendieron las fronteras hondureñas. Cuando en Honduras era llamada “enemiga del desarrollo”, en Estados Unidos era premiada con el Premio Goldman. 

Y cuando en el país era desacreditada por oponerse a la Iglesia, era premiada, también en Estados Unidos, con el reconocimiento “Monseñor Romero” y el Papa Francisco la recibía con un abrazo en el Vaticano. 

El cuarto paso en el proceso de destrucción del adversario es la criminalización de quien se opone, de quien denuncia, de quien protesta. Berta fue criminalizada. Fue a los tribunales y a la cárcel. Querían quitarla de en medio. Y querían debilitar las luchas indígenas y populares que encabezaba el COPINH. También querían sembrar el miedo en quienes veían en Berta un referente. 

BERTA SE COLOCÓ A UN PASO DE LA MUERTE

El quinto paso, si todos los pasos previos fracasan, es la eliminación física, la muerte. A Berta la mataron porque ni pudieron ignorarla ni sobornarla. Y como las campañas de estigmatización no la destruyeron ni lograron doblegar la legitimidad de su lucha, Berta se colocó a un paso de la muerte física.

Como no funcionó nada, después de que quisieron matarla moralmente calumniándola, amenazándola, desprestigiándola, como nada la doblegó, tenían que eliminarla. A una mujer de ese tamaño no podían permitirle que siguiera viviendo. Estaba en juego el honor de los hombres. Dejarla viva significaba aceptar la humillación que ella había infligido a los hombres del poder. 

“AHORA NOS TOCA A NOSOTRAS SER LAS BERTAS”

Los hombres que dispararon contra Berta Cáceres fueron identificados: unos sicarios, unos militares, un jefe de seguridad, un empleado medio de DESA. Los autores intelectuales del crimen están impunes. Tienen en su mayoría visa de turista para visitar Estados Unidos. No pocos lideran estructuras políticas o tienen altos cargos en empresas de prestigio o en la banca. Participan activamente en obras filantrópicas y de beneficencia y asisten asiduamente al templo, en donde son reconocidos como bienhechores. 

Todos integran el poder patriarcal, acostumbrado históricamente a prácticas criminales que después quedan siempre impunes. Estas estructuras patriarcales se sienten hoy amenazadas por muchas formas de presión social, especialmente por la lucha antipatriarcal de las mujeres. 

“Berta nos abrió el camino -dice una de sus compañeras en la lucha feminista-. Ella trazó el camino. No es fácil seguirla, pero nos dejó sus huellas y su espíritu. Hoy nos toca a nosotras ser las Bertas, porque sólo siendo como ella acabaremos con las estructuras patriarcales y sólo así salvaremos las vidas de muchas mujeres, amenazadas por hombres tan machistas como los que mataron a Berta”. 

CÓMO ENFRENTAR EL MACHISMO INCRUSTADO EN EL PAÍS

¿Cómo proteger a las mujeres que, como Berta, desafían el poder machista y se enfrentan a las estructuras del patriarcado? No es fácil. No sólo porque estas estructuras están aún intactas, sino porque quienes las integran están muy advertidos de las amenazas que representan estas mujeres. 

El camino abierto y trazado por Berta nos da pistas para proteger a las mujeres que, como Berta, luchan hoy contra el patriarcado. Lo primero es la convicción de ellas de que pueden, de que tienen poder en ellas mismas, capacidad para analizar su entorno, para desarrollar capacidades, para establecer alianzas solidarias entre ellas y entre sus organizaciones y para dar una dimensión política a todo lo que hacen. 

Pueden y deben romper con el paradigma dominante, que nos dice a todos, especialmente a las mujeres, que sólo lo de arriba y sólo lo de afuera vienen las soluciones. Pueden y tienen que proseguir difundiendo por todos los medios que lo que mató a Berta Cáceres es el machismo incrustado en las estructuras de Honduras para así acortar la distancia entre esa denuncia y la identificación de los autores intelectuales del crimen, los que se ocultan en DESA. Mientras sean impunes, mientras no sean desenmascarados y enjuiciados, la defensa de muchas otras mujeres tropezará con obstáculos. 

Pueden y sabrán construir nuevos paradigmas basados en relaciones horizontales y no jerárquicas, en un poder entendido como búsqueda de cambios en las relaciones de género, también dentro de las mismas organizaciones feministas. Pueden y deben no cansarse de denunciar a los hombres del poder que ocultan su machismo en una retórica de defensa de los derechos humanos, mientras que en la práctica sólo buscan perpetuar el omnímodo derecho del patriarcado. 

LAS ALIANZAS DE LAS MUJERES

Pueden y deben las mujeres saber analizar el contexto local: actores, escenarios, aliados, hilos del poder, tendencias, oportunidades a aprovechar… Y pueden y sabrán ubicar el contexto local en el contexto nacional, en el mesoamericano y en el internacional. El contexto es siempre movedizo y dinámico. Una organización de mujeres, y de los hombres que a ella se integren con conciencia de género, ha de estar en una constante lectura del contexto, sabiendo que nunca existen hechos aislados, que todos están vinculados y que siempre las principales víctimas son las mujeres, por estar históricamente en desventaja ante el poder que siempre han controlado los hombres. 

Pueden y deben saber identificar las energías positivas al interior de la propia organización y de las organizaciones hermanas. Igualmente deben y pueden identificar las energías negativas, las que promueven escepticismo, divisiones, desconfianzas y protagonismos. Eso fortalecerá las organizaciones contra las amenazas del patriarcado. Y después de esa identificación, pueden y deben hacer alianzas con otras organizaciones. Porque todas nos necesitamos, todas aportamos y todas aprendemos y enseñamos. Ninguna alianza surge de la competencia y de la desconfianza. Y cuando algunas organizaciones se creen superiores a las demás y buscan imponer sus lecturas y sus intereses, cuando siempre quieren ser las que toman iniciativas y rechazan las iniciativas de las demás, todas pierden. 

Pueden y deben hacer alianzas con sectores sociales con los que no comparten espacios comunes ni similares compromisos, pero sí coinciden en la necesidad de construir una sociedad incluyente y democrática. 

ESO DESCONCIERTA AL PATRIARCADO 

Y finalmente, deben, pueden y saben las mujeres promover alegría en las organizaciones en las que trabajan. El ceño fruncido, el enojo, la tristeza y la amargura le convienen al patriarcado. La fiesta y la alegría en medio de la lucha y de la resistencia lo desconciertan. Creo que por ahí va el camino abierto y trazado por esa gran mujer que fue Berta Cáceres.

 

Padre Melo

Ismael Moreno, SJ. Sacerdote jesuita director del ERIC y Radio Progreso, obras de la Compañía de Jesús en Honduras. 

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