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Radio Progreso
Padre Melo

Padre Melo

Ismael Moreno, SJ. Sacerdote jesuita director del ERIC y Radio Progreso, obras de la Compañía de Jesús en Honduras. 

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 El asesinato de Berta Cáceres fue un crimen político machista. Fue un femicidio. Fue un crimen propio del machismo hondureño, sólidamente incrustado en las estructuras del poder estatal, político, jurídico, económico, incluso en el poder religioso. Por eso la impunidad cubre hoy a los autores intelectuales.

En los últimos minutos del día 2 de marzo de 2016 Berta Cáceres fue asesinada en su casa, un acontecimiento que conmovió a Honduras y a mucha gente en todo el mundo. Varios de los responsables de la ejecución del plan para matarla y los que dispararon contra ella enfrentan ya un proceso judicial que conducirá a una eventual sentencia condenatoria. Pero quienes fueron los autores intelectuales del crimen siguen blindados por la impunidad.

Son muy poderosos. Y son hombres. Y eso explica el blindaje que los protege. La decisión que tomaron estos hombres poderosos, el plan que siguieron hasta matarla, tiene la misma lógica que la de cualquier femicidio. A Berta Cáceres la mataron por ser mujer, una mujer extraordinaria a la que el poder machista, la violencia machista, no lograron nunca controlar. Fue el machismo el que la mató.

UNA GRAN EMPRESA DE HOMBRES MUY PODEROSOS

DESA (Desarrollos Energéticos Sociedad Anónima) es la poderosa empresa vinculada al asesinato de Berta Cáceres. Se trata de una empresa legalmente constituida, dedicada a la industria extractiva y a la construcción de proyectos hidroeléctricos. DESA pertenece a un enorme consorcio empresarial asociado al influyente Grupo Ficohsa, liderado por la poderosísima familia Atala.

Como muchas otras grandes empresas hondureñas, DESA protege sus intereses con una estructura criminal, integrada por centenares de efectivos de seguridad privada que dirigen militares o policías en retiro, a los que se entrena para cuidar celosamente el patrimonio empresarial. Ninguno de ellos dudará un instante en disparar a matar o en organizar algún operativo para quitar de en medio a cualquiera que amenace de cualquier forma los intereses empresariales.

Según investigaciones independientes fue en la cúpula de DESA donde se decidió asesinar a Berta Cáceres. El plan inició en noviembre de 2015 y culminó con los disparos criminales tan sólo unos meses después. DESA y quienes conducen las investigaciones oficiales decidieron responsabilizar solamente a los asesinos materiales, a quienes dispararon, para así salvar a la empresa de la autoría intelectual de una muerte que nunca creyeron, cuando la diseñaron, que les traería tantos problemas.

LOS AUTORES INTELECTUALES ESTÁN BLINDADOS

Desde que ocurrió el crimen las medidas para blindar a los autores intelectuales y salvar el prestigio de DESA se han intensificado. Suyapa Martínez, dirigente de la organización feminista hondureña CEM-H (Centro de Estudios de la Mujer) se atrevió a declarar en una entrevista periodística que DESA era responsable intelectual de la muerte de Berta y DESA le echó encima a toda la justicia hondureña. Hoy pende sobre ella la amenaza de una sentencia de varios años de cárcel y una multa millonaria por difamación. 

Los hombres de DESA son muy poderosos. Y tienen mucho poder en muchos espacios. Uno de sus más altos ejecutivos, Camilo Atala, también presidente ejecutivo del grupo financiero Ficohsa, fue elegido este año como presidente del Consejo Empresarial de América Latina (CEAL). En los últimos tiempos DESA ha aumentado sus generosas ayudas a diversas iglesias del país. 

UNA MUJER QUE ROMPIÓ PARADIGMAS

Las élites empresariales locales, aliadas de las transnacionales extractivas y financieras, sustento del poder político hondureño, mataron a Berta por ser mujer, una mujer excepcional y audaz que rompió, una y otra vez, con los paradigmas de la cultura patriarcal y machista que domina nuestro país. 

Obviamente, en Honduras hay mujeres con mucho poder y con mucho reconocimiento social. Pero ninguna de ellas ha roto paradigmas. Son mujeres que administran con desvelo y capacidad el poder que le han delegado los hombres sin modificar nunca su esencia jerárquica. Por eso, el poder de estas mujeres no incomoda, no es cuestionado. Lo admira toda la sociedad, particularmente la sociedad de los hombres. 

CON LA LÓGICA FEMICIDA

Berta fue una mujer diferente. Sacó a estos poderosos hombres de quicio, no pudieron soportar que una mujer los pusiera en jaque y los derrotara. Y decidieron matarla con una lógica similar a la del femicidio, a la del hombre que mata a una mujer que no controla. 

La mataron de forma similar a como un hombre mata a la mujer que no cumple lo que él desea. En su afán de poder y de dominio ese hombre arremete físicamente contra ella porque lo humilla, no controla lo que piensa, lo que dice, lo que hace la mujer. 

Llega a odiarla, la agrede y, en un momento de poder descontrolado, la mata. Son esos los sentimientos en que nos “educa” el patriarcado. Son los mismos que movieron a los hombres que mataron a Berta. No la pudieron controlar. Tenía poder, no el delegado por hombres, sino el construido por ella misma junto a otras mujeres y a otros hombres. El poder de Berta desafiaba el de ellos. Y tanto los desafiaba que ponía en peligro sus empresas.

TENÍAN QUE MATAR A “ESA MUJER”

Tenían que matarla. Una mujer los estaba derrotando, ganándoles la batalla. Ante los colegas empresarios, ante otros inversionistas, ante los financieros, Berta los humillaba. “¿Por qué no avanzan las obras?”, preguntaban. “Por esa mujer”, tenían que responder. Demasiada humillación para los hombres. Y sus mentes humilladas se embotaron y eso los cegó. No vieron lo que Berta significaba en el país y para mucha gente en el mundo. Sólo vieron a “esa mujer”, de la que había que desquitarse. Cegados por el poder humillado, planificaron su muerte, olvidando que ya para entonces Berta tenía un liderazgo nacional y un gran reconocimiento internacional.

Y una vez que la mataron se les abrieron los ojos. Habían matado a la voz de las mujeres hondureñas, también a la voz de los hombres hondureños que luchan por dejarse liberar por las mujeres. Y descubrieron que también habían matado a la voz de los pueblos centroamericanos y latinoamericanos que luchan por la vida de los bosques y los ríos.

Después de matarla, cayeron en la cuenta de lo que habían hecho: un gravísimo error político de graves consecuencias. Igual que tantos hombres a los que, después de matar a su mujer, se les abren los ojos y caen en la cuenta de que le quitaron la vida a la madre de sus hijos, a la mujer de la que un día estuvieron enamorados. Y viendo lo que han hecho se meten un tiro ahí mismo porque no soportan seguir viviendo.

LO QUE DIJERON DESPUÉS

En el caso de Berta no fue así porque nadie se metió un tiro, nadie se quitó la vida. Se dieron cuenta del error político que habían cometido y a partir de entonces quisieron borrarlo con el poder y con la mentira.

En el primer momento echaron a correr rumores. “A esta mujer la mataron por puta”, dijo un policía cuando todavía estaba caliente el cuerpo de Berta sobre un charco de sangre. Es el mismo argumento que aparece en boca de los vecinos y en los medios cuando un hombre mata a su mujer: “La encontró con otro”. La primera hipótesis del móvil del crimen fue la habitual: “un crimen pasional”, “por asuntos sentimentales”. 

Casi inmediatamente, los hombres que la mataron echaron a correr otro rumor, que alimentaron durante un tiempo a los medios de comunicación: a Berta la habían matado sus propios compañeros de lucha por desconfianza, por asuntos de dinero: Berta se había quedado con todo el dinero del Premio Goldman que había recibido poco antes, Berta había provocado conflictos de poder dentro del COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras). 

Algo similar ocurre en todos los asesinatos de mujeres: si no funciona el argumento pasional, se pasa al del dinero o al de luchas por el poder: “Las mujeres son muy ambiciosas, cuando tienen dinero y poder, siempre quieren más”, dicen. Para justificar los asesinatos de mujeres se mezclan siempre celos y pasiones con dinero y ambiciones. 

BERTA LE DOBLÓ EL BRAZO A HOMBRES DE PODER

El femicidio es el momento final de un prolongado proceso de violencia machista. El asesinato de Berta estuvo precedido por un largo proceso de amenazas y hostigamiento. Retrocedamos en la historia. En 2006 las comunidades del norte del departamento de Intibucá, en la zona de Río Blanco, buscaron respaldo del COPINH al ver llegar al lugar unas máquinas que comenzaron a intervenir en el cauce del legendario río Gualcarque. El objetivo era construir el proyecto hidroeléctrico Agua Zarca. La responsable de la construcción era la empresa china Sinohydro, la de mayor experiencia mundial en este tipo de megaproyectos. DESA había contratado sus servicios. 

Desde entonces, Berta, al frente del COPINH, comenzó a acercarse a esas comunidades de la etnia lenca, a acompañarlas. Dedicó años de trabajo a denunciar en el país el desastre ambiental y social que causaría ese proyecto, a organizar decenas y decenas de asambleas populares de información y a desarrollar y a animar acciones colectivas de resistencia en este lejano rincón del país. 

Hasta que en 2013 el pueblo lenca de esa zona, indignado y empoderado, impidió que la empresa continuara allí. A finales de aquel año Sinohydro dio por terminado el contrato con DESA, informando que se retiraba de Honduras por la continua resistencia de la comunidad. Berta les había doblado el brazo a los hombres del poder.

ES “MARIMACHA”

El año 2013 fue crucial en su vida. A finales de febrero y comienzos de marzo Berta dirigió una caminata popular desde el norte de Honduras hasta Tegucigalpa con varios reclamos: la libertad de “Chabelo” Morales, un campesino injustamente condenado por defender la tierra y a su comunidad, la derogación de la ley de minería y la derogación de la ley de las ciudades modelo.

Enamorada en aquel tiempo de uno de los jóvenes dirigentes del COPINH, eso despertó la furia de su ex-pareja, con quien había tenido tres hijas y un hijo. Mientras los pies de Berta se encallecían en aquella kilométrica caminata por carreteras de pavimento, la ruptura entre ambos se fue convirtiendo en una confrontación en el COPINH que desembocó en una fractura de la organización: un sector de comunidades lencas decidieron seguir a la ex-pareja de Berta para conformar una nueva organización indígena.

En septiembre de aquel año la acusaron por portar armas. En una sociedad como la hondureña, donde portar armas es cosa de hombres, eso procuraba socavar el liderazgo femenino que ya tenía Berta. Acusándola y llevándola a los tribunales se la estigmatizaba a ella y a su lucha. Se dijo que no sólo usaba armas, también provocaba desórdenes irrespetando las leyes y a las autoridades. Se desvirtuaba así a una mujer que en las sociedades patriarcales no era como deben ser todas: obediente, sumisa a los hombres y a las normas sociales. En ese tiempo corrió también otro rumor: Berta era así y actuaba así porque era “marimacha”.

EL PREMIO INTERNACIONAL COLMÓ LA COPA

La persistencia de Berta y su determinación consiguieron un enorme triunfo al salvar el río Gualcarque del proyecto hidroeléctrico. Para entonces su nombre era ya conocido en Honduras y el triunfo conseguido en tierra hondureña fue determinante para que en 2015 le entregaran el Premio Ambiental Goldman en 2015.

Al recibirlo en San Francisco, California, en un breve discurso Berta Cáceres reivindicó a su organización y demostró su conciencia política, social, ambiental, feminista. Esto dijo ese día: “En nuestras cosmovisiones somos seres surgidos de la tierra, el agua y el maíz. De los ríos somos custodios ancestrales, el pueblo Lenca, resguardados además por los espíritus de las niñas que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos es dar la vida para el bien de la humanidad y de este planeta. El COPINH, caminando con otros pueblos por su emancipación, ratifica el compromiso de seguir defendiendo el agua, los ríos y nuestros bienes comunes y de la naturaleza, así como nuestros derechos como pueblos. ¡Despertemos! ¡Despertemos, Humanidad! Ya no hay tiempo. Nuestras conciencias serán sacudidas si sólo nos quedamos contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal. El Río Gualcarque nos ha llamado, así como los demás que están seriamente amenazados. Debemos acudir. La Madre Tierra militarizada, cercada, envenenada, donde se violan sistemáticamente los derechos elementales, nos exige actuar. Construyamos entonces sociedades capaces de coexistir de manera justa, digna y por la vida. Juntémonos y sigamos con esperanza defendiendo y cuidando la sangre de la tierra y los espíritus de la tierra. Dedico este premio a todas las rebeldías, a mi madre, al Pueblo Lenca, a Río Blanco y a las mártires y a los mártires por la defensa de los bienes naturales”.

El Premio Goldman colmó el vaso de los hombres del poder. En todo el mundo se habló de “esa mujer” y el resentimiento ya no abandonó a los hombres de la cúpula de DESA. Había que matarla. 

PRIMERO, SILENCIAR DESPUÉS, ACOSAR

Existe un patrón en un crimen como éste, además de los patrones que acompañan a todo femicidio. Este patrón criminal tiene sus fases y en Honduras a ellas somete el poder a todas las personas que se oponen a la oligarquía económica y a la élite política que la representa. Es un patrón con cinco pasos. En el caso de Berta Cáceres se cumplió a cabalidad. 

El primer paso es silenciar. Durante un buen tiempo Berta hacía, decía, luchaba, denunciaba, pero era ignorada. Nadie la entrevistaba, no le hacían caso. Había que hacerla invisible, como si no existiera. Pero sus palabras y sus acciones, la trascendencia de su lucha, terminaron haciendo imposible que no la vieran, que no la escucharan. Berta derrotó el silencio social y mediático.

El segundo paso es acosar. Ya teniendo un nombre, una voz, un peso social, a Berta la trataron de sobornar, de seducir para que su voz no fuera respetada. Douglas Bustillo, un oficial retirado del Ejército, que trabajaba en la empresa de seguridad de DESA, se encargó de hostigarla, incluyendo el acoso sexual. “Toda mujer puede ser conquistada, lo que hay es que descubrir el camino para lograrlo”, dice siempre el machismo. En 2013, y con la misma firmeza con la que hacía todas sus denuncias públicas, Berta Cáceres denunció a Douglas Bustillo por acoso sexual.

ES VIOLENTA, TERRORISTA, ENEMIGA DEL DESARROLLO

El tercer paso es el descrédito, la estigmatización. Cuando sus luchas y su liderazgo no podían ya ocultarse, a Berta había que desacreditarla, estigmatizarla. Los medios informaban sobre lo que hacía, pero llamándola revoltosa, opuesta al desarrollo, violenta, desadaptada social, terrorista, “marimacha”, enemiga de los hombres. Cuando la acusaron de portar ilegalmente armas pasó unas horas en la cárcel. Cuando la acusaron de sedición por instigar la violencia en las comunidades indígenas y dictaron orden de captura, tuvo que pasar un tiempo en la clandestinidad hasta conseguir que los juzgados sobreseyeran la acusación.

También quisieron sobornarla con dinero para ella o para el COPINH. También en ese tiempo la confrontaron dos alcaldes de municipios de la región en donde operaban Sinohydro y DESA: el alcalde de San Francisco de Ojuera, íntimo aliado de la empresa de seguridad de DESA, y el alcalde del municipio de Intibucá, molesto por el respaldo que Berta daba a las locatarias y locatarios del mercado, amenazados de desalojo.

Muchos frentes se abrieron ante la amenaza de Berta. Todos buscaban minar su credibilidad y su autoridad y neutralizar el trabajo del COPINH. La estigmatización también promovía que la gente sencilla, desinformada y malformada, identificara a Berta como enemiga y como amenaza. 

Berta derrotó la estigmatización con persistencia. No retrocedió y finalmente su voz y su lucha trascendieron las fronteras hondureñas. Cuando en Honduras era llamada “enemiga del desarrollo”, en Estados Unidos era premiada con el Premio Goldman. 

Y cuando en el país era desacreditada por oponerse a la Iglesia, era premiada, también en Estados Unidos, con el reconocimiento “Monseñor Romero” y el Papa Francisco la recibía con un abrazo en el Vaticano. 

El cuarto paso en el proceso de destrucción del adversario es la criminalización de quien se opone, de quien denuncia, de quien protesta. Berta fue criminalizada. Fue a los tribunales y a la cárcel. Querían quitarla de en medio. Y querían debilitar las luchas indígenas y populares que encabezaba el COPINH. También querían sembrar el miedo en quienes veían en Berta un referente. 

BERTA SE COLOCÓ A UN PASO DE LA MUERTE

El quinto paso, si todos los pasos previos fracasan, es la eliminación física, la muerte. A Berta la mataron porque ni pudieron ignorarla ni sobornarla. Y como las campañas de estigmatización no la destruyeron ni lograron doblegar la legitimidad de su lucha, Berta se colocó a un paso de la muerte física.

Como no funcionó nada, después de que quisieron matarla moralmente calumniándola, amenazándola, desprestigiándola, como nada la doblegó, tenían que eliminarla. A una mujer de ese tamaño no podían permitirle que siguiera viviendo. Estaba en juego el honor de los hombres. Dejarla viva significaba aceptar la humillación que ella había infligido a los hombres del poder. 

“AHORA NOS TOCA A NOSOTRAS SER LAS BERTAS”

Los hombres que dispararon contra Berta Cáceres fueron identificados: unos sicarios, unos militares, un jefe de seguridad, un empleado medio de DESA. Los autores intelectuales del crimen están impunes. Tienen en su mayoría visa de turista para visitar Estados Unidos. No pocos lideran estructuras políticas o tienen altos cargos en empresas de prestigio o en la banca. Participan activamente en obras filantrópicas y de beneficencia y asisten asiduamente al templo, en donde son reconocidos como bienhechores. 

Todos integran el poder patriarcal, acostumbrado históricamente a prácticas criminales que después quedan siempre impunes. Estas estructuras patriarcales se sienten hoy amenazadas por muchas formas de presión social, especialmente por la lucha antipatriarcal de las mujeres. 

“Berta nos abrió el camino -dice una de sus compañeras en la lucha feminista-. Ella trazó el camino. No es fácil seguirla, pero nos dejó sus huellas y su espíritu. Hoy nos toca a nosotras ser las Bertas, porque sólo siendo como ella acabaremos con las estructuras patriarcales y sólo así salvaremos las vidas de muchas mujeres, amenazadas por hombres tan machistas como los que mataron a Berta”. 

CÓMO ENFRENTAR EL MACHISMO INCRUSTADO EN EL PAÍS

¿Cómo proteger a las mujeres que, como Berta, desafían el poder machista y se enfrentan a las estructuras del patriarcado? No es fácil. No sólo porque estas estructuras están aún intactas, sino porque quienes las integran están muy advertidos de las amenazas que representan estas mujeres. 

El camino abierto y trazado por Berta nos da pistas para proteger a las mujeres que, como Berta, luchan hoy contra el patriarcado. Lo primero es la convicción de ellas de que pueden, de que tienen poder en ellas mismas, capacidad para analizar su entorno, para desarrollar capacidades, para establecer alianzas solidarias entre ellas y entre sus organizaciones y para dar una dimensión política a todo lo que hacen. 

Pueden y deben romper con el paradigma dominante, que nos dice a todos, especialmente a las mujeres, que sólo lo de arriba y sólo lo de afuera vienen las soluciones. Pueden y tienen que proseguir difundiendo por todos los medios que lo que mató a Berta Cáceres es el machismo incrustado en las estructuras de Honduras para así acortar la distancia entre esa denuncia y la identificación de los autores intelectuales del crimen, los que se ocultan en DESA. Mientras sean impunes, mientras no sean desenmascarados y enjuiciados, la defensa de muchas otras mujeres tropezará con obstáculos. 

Pueden y sabrán construir nuevos paradigmas basados en relaciones horizontales y no jerárquicas, en un poder entendido como búsqueda de cambios en las relaciones de género, también dentro de las mismas organizaciones feministas. Pueden y deben no cansarse de denunciar a los hombres del poder que ocultan su machismo en una retórica de defensa de los derechos humanos, mientras que en la práctica sólo buscan perpetuar el omnímodo derecho del patriarcado. 

LAS ALIANZAS DE LAS MUJERES

Pueden y deben las mujeres saber analizar el contexto local: actores, escenarios, aliados, hilos del poder, tendencias, oportunidades a aprovechar… Y pueden y sabrán ubicar el contexto local en el contexto nacional, en el mesoamericano y en el internacional. El contexto es siempre movedizo y dinámico. Una organización de mujeres, y de los hombres que a ella se integren con conciencia de género, ha de estar en una constante lectura del contexto, sabiendo que nunca existen hechos aislados, que todos están vinculados y que siempre las principales víctimas son las mujeres, por estar históricamente en desventaja ante el poder que siempre han controlado los hombres. 

Pueden y deben saber identificar las energías positivas al interior de la propia organización y de las organizaciones hermanas. Igualmente deben y pueden identificar las energías negativas, las que promueven escepticismo, divisiones, desconfianzas y protagonismos. Eso fortalecerá las organizaciones contra las amenazas del patriarcado. Y después de esa identificación, pueden y deben hacer alianzas con otras organizaciones. Porque todas nos necesitamos, todas aportamos y todas aprendemos y enseñamos. Ninguna alianza surge de la competencia y de la desconfianza. Y cuando algunas organizaciones se creen superiores a las demás y buscan imponer sus lecturas y sus intereses, cuando siempre quieren ser las que toman iniciativas y rechazan las iniciativas de las demás, todas pierden. 

Pueden y deben hacer alianzas con sectores sociales con los que no comparten espacios comunes ni similares compromisos, pero sí coinciden en la necesidad de construir una sociedad incluyente y democrática. 

ESO DESCONCIERTA AL PATRIARCADO 

Y finalmente, deben, pueden y saben las mujeres promover alegría en las organizaciones en las que trabajan. El ceño fruncido, el enojo, la tristeza y la amargura le convienen al patriarcado. La fiesta y la alegría en medio de la lucha y de la resistencia lo desconciertan. Creo que por ahí va el camino abierto y trazado por esa gran mujer que fue Berta Cáceres.

 

Estados Unidos está hoy omnipresente en Honduras con varios programas: limpieza del narcotráfico, comunidades seguras, lucha contra la corrupción, profesionalización del ejército, formación de nuevos liderazgos políticos… Tantas preocupaciones por nuestro país son preocupaciones que nacen de sus propios intereses. Y ésa es la gran paradoja: Cuanto más grande es la presencia y las inversiones de Estados Unidos en Honduras más es Honduras para los americanos y menos es Honduras para los hondureños.

Restan cuatro años para que se cumplan dos siglos de la firma, por las élites criollas, del Acta de Independencia de Centroamérica de la Corona española, que en su artículo introductorio dice que se mande a publicar el acta “para prevenir las consecuencias, que serían temibles, en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”.

Cumpliremos así 200 años de una política de “prevención” ordenada por las élites políticas, temerosas de “las consecuencias” que podría haber si fuera el pueblo el que proclamara algo distinto de lo que ellas decidieron para nuestros países.

LA RAÍZ DE UNA IDENTIDAD HISTÓRICA

De este temor nació la “identidad” de las élites hondureñas y centroamericanas, que a lo largo de dos siglos han desconfiado de los sectores populares, a quienes siempre han visto y tratado como subalternos, comportándose igualmente serviles ante los poderes externos, a quienes siempre han visto y tratado como “mayores”.

Restan seis años para que se cumplan dos siglos del discurso del Presidente estadounidense, James Monroe, en el que dejó establecido lo que sería el futuro de la relación de Estados Unidos con los países latinoamericanos y caribeños. “América para los americanos” dijo en 1823, formulando la Doctrina Monroe, que establece que si un país del continente amenaza los intereses, los derechos o el patrimonio de ciudadanos o empresas de Estados Unidos, Washington tiene el derecho de intervenir en ese país para garantizar su patrimonio, derechos e intereses.

Control y dominación serán desde entonces las características de una relación bicentenaria entre Estados Unidos y América Latina y el Caribe, variando las modalidades según varían las coyunturas, las estabilidades o las amenazas. Emplearán “el gran garrote” o la política “de buena vecindad”. Algunas veces usarán cañones y bases militares, otras veces “alianzas para el progreso” o “alianzas para la prosperidad”. Algunas veces organizarán golpes de Estado, otras veces promoverán una democracia tutelada o un autoritarismo controlado.

SOMOS SU “BACKYARD”

En Centroamérica, y particularmente en Honduras, estamos en el umbral de arribar a 200 años de relaciones definidas por la ausencia de decisiones soberanas internas en sociedades manejadas por reducidas élites económicas y políticas, subordinadas a las políticas de Estados Unidos, que nos tratan desde hace 194 años como su “backyard”, su “patio trasero”.

De acuerdo al diccionario de Oxford, “patio trasero” es una zona cercana a donde uno habita, o también el territorio próximo a un determinado país que considera ese espacio como de su propiedad. Eso es justamente lo que ha significado Centroamérica, y particularmente Honduras, para Estados Unidos durante estos dos siglos. Aún antes de Donald Trump, se nos recordó cómo nos miraban en el Norte cuando en un discurso pronunciado en abril de 2013 ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, el entonces Secretario de Estado de Barack Obama, John Kerry, lo dijo sin disimulo: “Tenemos que acercarnos a América Latina de manera vigorosa porque se trata de nuestro patio trasero”.

HONDURAS SE LES ESCAPÓ DE LAS MANOS

¿Cómo ha sido el “acercamiento vigoroso” en Honduras? ¿Cómo se expresa hoy en nuestro país la Doctrina Monroe? ¿Qué significa hoy para Honduras ser “patio trasero”? ¿Cómo se comportan las élites hondureñas para “prevenir consecuencias” en caso de que el pueblo construya su propia propuesta de soberanía? ¿Cómo se combina en la actualidad la Doctrina Monroe con la concepción racista de las élites hacia las mayorías hondureñas?

El gobierno de Estados Unidos -voy a llamarlo a partir de ahora con el genérico nombre de “la Embajada”- se convenció, hace al menos una década, de que Honduras se le escapó de las manos. A pesar de todos los instrumentos de su inteligencia no percibió en qué momento perdió el control de los hilos que siempre había manejado con total dominio. Y siendo Honduras su “patio trasero”, su tendedero, ha visto que el terreno del patio está no sólo descuidado, sino que se ha convertido en una arena movediza y han entrado por la puerta de atrás gentes que han adquirido el mismo o aún más poder que la Embajada. 

A MÁS VIOLENCIA, MÁS DESCONFIANZA

La pérdida del control de Honduras se expresa en muchísima violencia diseminada en diversos sectores del país, que tienen una autonomía y poderes instalados. Se expresa en una criminalidad organizada que maneja tantos hilos que no se sabe si la madeja comienza y termina en territorio nacional o si tiene su origen fuera del país o si se extiende hacia otros países y hacia cuáles. Se expresa en un narcotráfico muy activo con corredores de la droga que se alimentan de lo que les llega al sur del continente, sin que se hayan identificado todas sus ramificaciones dentro del país ni sus vinculaciones con las pandillas y con el trasiego de armamento de alto calibre.

La pérdida de control se expresa también en cómo las diversas mafias se distribuyen armoniosamente el territorio para el tráfico de droga, el tráfico de armas, el tráfico de bienes naturales, el robo de vehículos, el tráfico de personas y documentos y el tráfico de órganos humanos. Se expresa en los vínculos que existen entre los corredores ilegales y subterráneos de la delincuencia con los corredores legales de los poderes públicos y privados. Y se expresa en los vínculos estrechos que mantienen los liderazgos políticos y los liderazgos empresariales con los de las diversas mafias.

La pérdida del control de Honduras está íntimamente asociada a un dato muy significativo y de gran preocupación para la Embajada: la desconfianza que ha llegado a tener hacia sus estratégicos y tradicionales aliados entre los líderes políticos y empresariales. Esa desconfianza está acompañada de la constatación -igualmente preocupante- de no haber forjado nuevos aliados en quienes depositar la confianza perdida. 

Constatar todo esto en el patio trasero es lo que explica la decisión de la Embajada de acrecentar cada vez más una presencia directa y activa en los diversos ámbitos de la realidad hondureña. Si Honduras se le ha ido de las manos, recuperarla explica una presencia intervencionista en los asuntos internos del país, tan evidente y decisoria como solo la hubo en el primer cuarto del siglo 20, en los años en que se consolidó el país como un enclave bananero y el patio trasero adquirió otro membrete: “banana republic”.

5 PROGRAMAS DE ESTADOS UNIDOS EN EL PATIO

Aunque durante más de un siglo la Embajada ha configurado la realidad hondureña a partir de un modelo de desarrollo exógeno y con una política de seguridad que ha condicionado toda la vida política hasta enajenar cualquier rasgo de soberanía nacional, en esta última década la presencia ha sido mucho mayor. La DEA, la USAID, el Comando Sur, diversas instancias del Departamento de Estado, del Departamento de Justicia y muchos otros organismos dependientes de instancias oficiales o paraoficiales de Estados Unidos llegan a Honduras.

Cada uno llega para realizar un proyecto que desde distintos cauces desembocan todos en un único objetivo: recuperar el control de la política y de la seguridad del país. Logramos identificar cinco de estos programas intervencionistas, aun cuando los nombres no responden a la nomenclatura que usa la Embajada. Son éstos: 1) Programa de limpieza de grupos criminales organizados.2) Programa de depuración, lucha contra la corrupción y adecentamiento del sistema de justicia. 3) Programa de profesionalización y recuperación del liderazgo de las Fuerzas Armadas. 4) Programa de prevención de la violencia. 5) Programa de nuevos liderazgos para una nueva gobernabilidad.

LA PRIORIDAD: LIMPIAR EL PATIO

El Programa de limpieza de forajidos líderes del crimen organizado responde a la idea de que lograr una nueva institucionalidad comienza por limpiar el patio. El éxito de todo el proceso destinado a recuperar el control del país depende del éxito de este programa. 

Las prioridades del programa han sido la investigación, la captura y el enjuiciamiento de varios líderes de la narcoactividad, aunque no sólo de los forajidos o mafiosos de pura cepa, sino de todos los que, enmascarados en otras actividades, han acabado integrando la criminalidad organizada. 

Relatos van y vienen, rumores vienen y van, todos relacionados con esa omnipresencia de la Embajada en la vida nacional orientada a limpiar la casa de los criminales más reconocidos para lograr control sobre los hasta ahora incontrolables corredores de la droga. 

Un 11 de mayo de 2012 la DEA organizó un operativo en la Mosquitia hondureña para aniquilar a un grupo de narcotraficantes. Se basaban en informaciones precisas. La orden era implacable: acabar con todas las personas de una lancha que se conducía por el río Patuca en el municipio de Ahuas. El objetivo se cumplió: de las 16 personas que iban en la lancha, mataron a 4 y 7 quedaron heridas. Pero se equivocaron en un detalle: los muertos eran una familia que nada tenía que ver ni con el narcotráfico ni con ningún delito. Su desgracia fue ir por la misma ruta que llevaría la lancha a fulminar. Un trágico “daño colateral” de la DEA. El operativo fallido se conoció por la denuncia internacional, pero como ése se cuentan centenares de otros operativos que erraron el tiro, tanto en la zona atlántica como en el noroccidente.

Hay que incluir en este programa priorizado algunos éxitos. Decenas han sido los líderes del narcotráfico investigados, menos los capturados y menos aún los extraditados. Entre ellos, los más conocidos son los capos del famoso cártel de Los Cachiros, que se entregaron ellos mismos a la DEA después de haber colaborado con la agencia por más de un año; y los hermanos Valle, del occidente hondureño. Hay otros. Han ido a parar a cárceles de alta seguridad en Estados Unidos y algunos han comenzado a declarar en la Corte, con las consabidas consecuencias para políticos, militares, policías y empresarios hondureños. 

LA LIMPIEZA SERÁ PROLONGADA

Para llevar a cabo este programa de limpieza las instancias estadounidenses han intervenido en el país en paralelo a las instituciones hondureñas de justicia, aunque sin suplantarlas. Todas las investigaciones, capturas, operativos de exterminio, incluso el proceso final de extradición, han sido conducidos por investigadores, fiscales, policías, militares y jueces hondureños debidamente entrenados por estructuras de seguridad de la Embajada.

También ha habido operativos conjuntos. En no pocos, las autoridades hondureñas no han tenido toda la información y se han enterado de todo hasta que la operación concluye. Al menos en alguno de los operativos considerados por la Embajada de mayor riesgo, han quedado excluidas de información en esta metodología discrecional las más altas autoridades del país, incluyendo al propio Presidente de la República.

Por ser tanto lo que hay que limpiar, este programa de limpieza se ha convertido en una tarea muy prolongada, casi permanente desde hace un tiempo. Se ha centrado en el objetivo de desarticular las principales bandas de mafiosos. Pero al descubrir la estrecha relación de complicidad y de colaboración que han logrado estos grupos con personajes de la vida empresarial y política, el campo de acción se amplió. Y así como se puso en marcha el plan que condujo a la captura de mafiosos como el Negro Lobo o los hermanos Valle, también se decidió desarticular el poder de empresarios como los Rosenthal y el de otros personajes de la política y de la empresa privada. Los nombres de algunos ya han sido mencionados en los juicios que se les siguen a los mafiosos en tribunales de Nueva York. Muchos más siguen en lista de espera, así que el programa de limpieza tiene larga vida para mucho tiempo.

EN LOS MESES DE LAS ANTORCHAS INDIGNADAS

Veamos ahora algo sobre el segundo programa, el de lucha contra la corrupción y la impunidad y por el adecentamiento del sistema de justicia nacional. Un viernes de junio de 2015, en una de las más apasionadas movilizaciones de los indignados que portaban antorchas pidiendo la renuncia del Presidente Juan Orlando Hernández, al grito de “¡Fuera JOH!”, la gente no se dirigió ni a Casa Presidencial ni al Congreso Nacional. Llegó a la sede de la Embajada. Los dirigentes juveniles de la movilización no llevaban, ni por asomo, la decisión de protestar contra la intervención estadounidense en el país. Al contrario, su propósito era hacer un reconocimiento al embajador por su apoyo a la indignación que simbolizaban las antorchas encendidas y pedirle que continuara respaldándola.

Esta inédita decisión y una acción tan inusual despertaron, obviamente, preguntas y dudas sobre la naturaleza de las movilizaciones indignadas, y aunque el embajador quiso tomar distancia, expresando que el gobierno de Estados Unidos respetaba el orden democrático y a las autoridades legalmente elegidas, las preguntas y las dudas no se esfumaron. Unos días después, en la recepción ofrecida por la Embajada por el 4 de Julio, mientras el embajador departía con el Presidente de la República, unas antorchas similares a las que se encendieron todos los viernes de aquellos meses del segundo semestre de 2015 adornaban la fiesta en la residencia del embajador...

UNA CONCIENCIA AMBIVALENTE

Relatos van y vienen, rumores vienen y van. Todos conducen a la avasalladora presencia de la Embajada en todos los ámbitos relacionados con la lucha contra la corrupción y la impunidad. Para la Embajada es insostenible respaldar un gobierno con instituciones y funcionarios salpicados por la corrupción, usando y abusando de los bienes públicos y ocupando cargos desde los que hacen de los recursos públicos su botín personal. La Embajada conoce perfectamente hasta donde se ha degradado el servicio público y cuánta es la corrupción de los dirigentes de los partidos políticos que ocupan cargos públicos.

Sin embargo, es en este aspecto en donde se experimenta con más claridad la ambivalencia de la política de la Embajada. Mientras respaldaba, como vimos aquella tarde de junio, los esfuerzos y las demandas de los indignados y de las organizaciones de sociedad civil para que se investigara y enjuiciara a los corruptos, ha mantenido cercanía con los sospechosos y con los denunciados. Aunque desconfía de ellos como aliados, siguen siendo sus aliados. Pero como desconfía invierte recursos en investigar sus actos de corrupción.

LA MACCIH DE LA OEATIENE DIENTES

El respaldo activo o velado a las movilizaciones de las antorchas del año 2015 que demandaron investigación, juicio y castigo, especialmente de los saqueadores del Instituto Hondureño del Seguro Social, acabó expresándose un año después en la decisión de la Embajada de instalar la Misión de Apoyo a la lucha Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH), bajo responsabilidad de la OEA, aunque los indignados exigían con las antorchas encendidas que fuera una instancia como la CICIG de Guatemala, bajo responsabilidad de la ONU.

Para la Embajada las demandas populares contra la corrupción fueron una oportunidad para darle a la OEA la posibilidad de recuperar su perdido y devaluado liderazgo. No sólo impulsó la instalación de la MACCIH, sino que es su mayor financiador y está dando pasos para garantizarle independencia del gobierno hondureño, y particularmente del Presidente de la República.

La Embajada ha sido eficazmente exigente para que el Fiscal General, Óscar Chinchilla, tan cercano y condescendiente con el Presidente, haya avanzado a posiciones de franca colaboración con las peticiones que hacen los miembros de la MACCIH, pagando el precio de distanciarse de Juan Orlando Hernández.

Bajo presión de la Embajada, Juan Orlando Hernández tuvo también que convocar a espacios de diálogo, que resultaron insustanciales, hasta que tuvo que terminar aceptando que en el país se instalara la MACCIH, exigiendo con arrogancia que quedara subordinada al Ejecutivo. A pesar de todo, la Embajada se encargó de darle a la MACCIH los dientes necesarios para morder líneas específicas de corrupción, comenzando por la del saqueo al Seguro Social, razón de ser de las marchas de las antorchas.

Una presión similar ha ejercido la Embajada para la depuración de la Policía, aliándose con sectores de sociedad civil críticos del gobierno, aunque cercanos a las posiciones políticas de la Embajada. Las medidas de depuración que condujeron a apartar de la Policía a oficiales comprometidos con el negocio de la droga se decidieron en la Embajada.

RECUPERAR EL LIDERAZGO DEL EJÉRCITO

Veamos ahora algo del programa de profesionalización de las Fuerzas Armadas. En marzo de 2010 un alto funcionario del Departamento de Estado declaró en una plática privada que el gobierno de Obama estaba preocupado por el golpe de Estado ocurrido en Honduras en 2009 contra Manuel Zelaya y que, en consecuencia, estaba comprometido a crear las condiciones para impedir que en Honduras y en otros países de América latina y el Caribe se repitiera este tipo de atentado a la democracia y al Estado de Derecho.

Para lograrlo, el gobierno de Estados Unidos impulsaría -dijo el alto funcionario-, un proyecto de profesionalización del Ejército de Honduras “al modo como su gobierno lo había impulsado exitosamente en Colombia. Lo que necesitamos en Honduras es contribuir a que las Fuerzas Armadas se fortalezcan como un apoyo firme a la democracia. Así tendremos un modelo de democracia autoritaria”.

El componente militar es uno de los más cruciales en la estrategia de seguridad de la Embajada para Honduras. Y no tanto porque Honduras y su gente, su presente y su futuro, interesen al gobierno de Estados Unidos, cuanto por el interés primordial que adquiere la ubicación geográfica de nuestro territorio. Secundariamente, por la riqueza de biodiversidad que existe en nuestro país. Para la Embajada recuperar el control de Honduras pasa por recuperar el liderazgo del Ejército, el principal aliado estratégico con el que han contado en los últimos cincuenta años, de mayor confiabilidad que todos los políticos y toda la élite empresarial.

Invertir en las Fuerzas Armadas es la más rentable inversión en seguridad que puede hacer la Embajada porque los políticos van y vienen y porque los empresarios juegan con frecuencia con intereses que no siempre coinciden con los de la geopolítica estadounidense. Los militares son más seguros y haber perdido su control en los últimos treinta años, invirtiendo más en la modernización del Estado y en alianzas con civiles, ha sido uno de los factores que más le explica a la Embajada que Honduras se le haya escapado de las manos.

Este programa se vincula a la lucha contra el narcotráfico y exige presencia territorial para salvaguardar intereses geoestratégicos de la Embajada, tanto en la costa atlántica como en la costa pacífica. Exige también una vinculación estratégica entre los ejércitos centroamericanos para enfrentar peligros en las fronteras de grupos irregulares violentos. Recuperar el liderazgo de las fuerzas armadas para que disuadan a los políticos de sus abusos es para la Embajada condición esencial para recuperar el control del país.

EN ALIANZA CON LOS EVANGÉLICOS

La prevención de la violencia y la apuesta por la justicia y los derechos humanos es otro programa en marcha. En centenares de muros de las principales ciudades del país se leen, en letras enormes, mensajes que en tono cristiano hacen llamados a la paz, a fortalecer la familia, a tener un buen comportamiento moral y al temor a Dios. Estos mensajes, y otros muchos, son una de las mayores inversiones de la Embajada para contrarrestar la violencia en barrios y colonias, esperando que impacten en adolescentes y jóvenes, también en padres y madres de familia.

Las campañas con mensajes cristianos por la paz tienen en su base una alianza entre la Embajada, el Ministerio de Seguridad y sectores de iglesias, principalmente evangélicas. La Embajada sabe muy bien que las familias de barrios y colonias populares y marginales de las ciudades son mayoritariamente evangélicas pentecostales, y que con mensajes simples y de corte fundamentalista tienen más capacidad de influir en esas familias. Esto explica por qué la alianza se busca más con denominaciones pentecostales que con la iglesia católica, lo que no obsta para que la Embajada busque también acercamiento y alianzas con parroquias y organismos católicos para impulsar en otros ámbitos y con otros mensajes el programa de prevención de la violencia.

EL PROGRAMA DE COMUNIDADES SEGURAS

Para la Embajada la seguridad se logra cuando la ciudadanía asume responsabilidades para lograrla. Por eso, este programa invierte en proyectos de formación en justicia y en derechos humanos, que se imparten tanto a funcionarios del Poder Judicial y de la Policía como a sectores no gubernamentales, de la sociedad civil y a miembros de las comunidades. La Embajada sabe que sólo si funciona la justicia funcionará la economía y la productividad. Y hacia ese propósito conducen los proyectos en los que invierte la USAID en municipios y comunidades, en alianza con diversos organismos de sociedad civil.

De qué vale -diría la Embajada-que se aprueben en las altas esferas leyes o mecanismos para reducir la violencia y proteger los derechos humanos, para reducir los asesinatos, si en la colonia o en el barrio la señora de cualquier casa sigue siendo extorsionada y si los jóvenes no pueden jugar fútbol libremente en un espacio público. La inversión que hace la Embajada en lograr comunidades seguras para lo que desarrolla alianzas entre la Policía, las organizaciones comunitarias, la Fiscalía y las iglesias, es seguramente la que logra una presencia más directa de la Embajada en muchos rincones del país.

Este programa tiene en la formación y en la divulgación de valores su principal base. Por eso, el componente de comunicación y apoyo a medios de comunicación, tanto tradicionales como digitales, es esencial al programa. La Embajada es crítica de los medios de comunicación masivos y del control que sobre ellos ejercen los políticos y la gran empresa privada. Considera que en ese control reside la falta de una auténtica libertad de expresión. Y crece su interés en apoyar diversos esfuerzos de medios comunitarios por crecer en red y aumentar su cobertura. El apoyo a esos medios es política de la Embajada para la implementación de este programa.

EN QUIÉNES YA NO CONFÍA LA EMBAJADA

También está empeñada la Embajada en un programa de gobernabilidad y apoyo a la conformación de una generación de nuevos políticos. Por perder la confianza en los políticos tradicionales, la Embajada anda detrás de muchos de ellos para que sean investigados, enjuiciados y condenados por corrupción, impunidad, abuso de autoridad, vínculos con el narcotráfico, lavado de activos y muchos otros delitos derivados de su privilegiada relación con el Estado.

La Embajada sospecha de los líderes de los partidos Nacional y Liberal, no ve con ojos confiados a líderes como Salvador Nasralla, tiene relación de bajo perfil con veteranos líderes de algunos partidos pequeños que perdieron su capacidad para incidir en las políticas públicas, como es el caso de los dirigentes del PINU, de la Democracia Cristiana o del Partido Unificación Democrática. La Embajada no invierte energías en ninguno de ellos.

De lo que parece estar más clara la Embajada es de distanciarse totalmente del liderazgo de Manuel Zelaya Rosales. La Embajada lo tiene marcado con la señal de la desconfianza porque ya lo conoció en el ejercicio del poder y ya lo ha conocido como líder de la oposición. Su personalidad sólo despierta incertidumbres y rechazos en la Embajada.

El temor a un gobierno controlado por Zelaya Rosales y la falta de líderes confiables son las razones principales por la que la Embajada acaba dando avales a líderes tan oscuros y sospechosos como lo es Juan Orlando Hernández y su equipo de cercanos colaboradores.

UN SEMILLERO AÚN SIN FRUTOS

La Embajada anima y promueve el surgimiento de nuevos liderazgos que puedan irrumpir en la vida pública con nuevos valores éticos y rompan así con la política tradicional corrompida y corruptora.

La inversión y apoyo a escuelas de formación política con una estrecha relación con organismos no gubernamentales, incluso eclesiásticos, es una de las prioridades de este programa, que busca nuevos talentos políticos. Hasta ahora es un semillero en el que no acaban de verse despuntar brotes, pero en el que la Embajada riega y riega con grandes esperanzas de lograrlo.

Si la Embajada contara con un buen número de nuevos políticos, sin duda hubiese sido mucho más crítica y se hubiera opuesto decididamente al continuismo que representa la reelección de Juan Orlando Hernández. Sería aún más severa en el programa de limpieza y desde él haría tambalearse más eficazmente los corruptos liderazgos de los partidos.

Hasta ahora son reducidos los líderes que actualmente se expresan a través de organismos de la llamada sociedad civil con sede en la capital. Juegan un papel importante impulsando la lucha contra la corrupción y la impunidad en alianza con la Embajada y con sus recursos.

Habría que esperar hasta el proceso electoral de 2022 para que estos nuevos y primeros líderes de la escuela “made in la Embajada” puedan presentarse como candidatos a ocupar cargos en el engranaje estatal. Quedan aún cuatro años para que esta primera oleada de líderes se fogueen y adquieran reconocimiento social y político.

MUCHO HACEN POR SU PATIO...

Mucho es lo que hace la Embajada por Honduras, sin duda el país en el que más invierte para lograr una nueva institucionalidad y para construir dinamismos que reduzcan la violencia, la delincuencia, la corrupción y la impunidad.

Es muy grande su preocupación por generar nuevos empleos que disminuyan la migración al Norte y los desplazamientos forzados, porque crezca un ambiente económico que dé confianza a la pequeña y microempresa y surja una nueva camada de políticos que puedan adecentar y prestigiar la institucionalidad de un Estado de derecho.

Sin duda que existen no pocos funcionarios de la Embajada comprometidos honestamente con hacer de Honduras un Estado y una sociedad viable, así como existen decenas de miles de estadounidenses con una gran sensibilidad y compromiso de solidaridad con nuestro país. El asesinato de Berta Cáceres y el repudio y la exigencia de justicia que este crimen despertó son una de las muestras más recientes y significativas. La visita del embajador a la casa de Berta el día de su velorio no sólo puede interpretarse como fruto de un cuidado cálculo político. También supuso una expresión de sensibilidad, de repudio a lo ocurrido y de compromiso con el esclarecimiento del crimen.

Y es considerando todos estos gestos y preocupaciones donde está la gran paradoja: cuanto más grande es la presencia de la Embajada y sus inversiones en Honduras, más crece el peligro de que Honduras sea menos país.

EL DILEMA DE LA DIGNIDAD

La presencia de la Embajada adolece de un problema estructural: trata a Honduras y a su gente a partir de sus intereses y viéndonos como su patio trasero. Esto hace que la relación con Honduras sea siempre la que dictó la Doctrina Monroe: Honduras para los americanos y nunca Honduras para los hondureños. Ésa es la lógica que hilvana investigaciones, capturas y extradiciones de líderes del narcotráfico. Es la lógica que mueve a la USAID, con la mejor voluntad, a invertir en comunidades más seguras o a desembolsar fondos de la Alianza para la Prosperidad.

Cuanto mayor sea la inversión en Honduras, más aumentará el ser menos nuestros y más de los americanos. Cuanto más nos den, menos hondureños seremos. Está probado: la dignidad más se pierde cuanto más presencia estadounidense existe en el país, aunque crezca la seguridad y la estabilidad económica. La dignidad aumenta en la medida en que menos presencia estadounidense existe en el país. Quizás habrá carencias y pobrezas, pero habrá más dignidad.

He aquí el dilema del presente y del futuro de Honduras. O hay una ruptura de la dependencia y el sometimiento a las decisiones de la Embajada, aceptando pasar por un hondo período de crisis, que impulsará inevitablemente al desafío de construir soberanía. O se sigue aceptando el control avasallador de las reducidas élites nacionales apoyadas en la presencia creciente de Estados Unidos, y tendremos una “paz americana” y “prosperidad” con cada vez menos dignidad y con la aceptación de seguir siendo, al menos por los próximos dos siglos sólo un “patio trasero” de otros y no una “casa propia”.

Sólo hay dos caminos. O seguir como hasta ahora, conformados con ser el patio trasero. O apostar por la construcción de un país con soberanía e identidad y a partir de la casa propia que construyamos establecer relaciones justas y de complementariedad con Estados Unidos o con cualquier otra nación. No se puede transitar por ambos caminos. No se queda bien con Dios y con el diablo y siempre hay que elegir entre Dios y el dinero.

Jueves, 25 Mayo 2017 14:24

Paco Xammar, un jesuita en La Floresta

Del 9 al 25 de mayo de este año 2017 pasé unas extraordinarias y curiosas vacaciones con Paco Xammar en Tarragona. Con él visité varias ciudades mayoritariamente de Cataluña, pero también la ciudad de Murcia a seis horas en tren al sur de Tarragona, y la ciudad de Zaragoza hacia el sur oeste mientras uno se interna en la península, a una hora y media en un tren con una velocidad de 250 kilómetros por hora.

Paco Xammar es un jesuita de 83 años, con cerca de cinco décadas de vivir en La Floresta, un barrio popular que él mismo contribuyó a construir en la periferia de Tarragona para familias obreras y perseguidas por la dictadura de Franco. Tarragona es una antiquísima ciudad besada por el mar mediterráneo, con todas las huellas de haber sido una poderosa ciudad romana, construida antes de Cristo. En ella y en sus alrededores uno puede descubrir un coliseo y varias villas fortificadas, y por todos sus vericuetos sagrados y profanos, los nativos siguen contando con orgullo provinciano la leyenda que por sus calles y sus mares debió haber pasado San Pablo con su predicación cristiana a cuestas.

Paco Xammar es un jesuita que ha tenido la extraordinaria tarea de abrir e insertar la misión de la Compañía de Jesús y de la Iglesia entre diversos sectores no eclesiásticos y no creyentes, particularmente entre el mundo obrero, el académico, el de los refugiados y migrantes. A finales de la década de los sesenta participó en la fundación del movimiento de curas obreros en España, y a comienzos de la década de los ochentas, participó en l entusiasta decisión de fundar los Comités Óscar Romero, los cuales se extendieron a lo largo de la comunidad catalana y de otras provincias españolas, y luego se abrieron brecha en otros países europeos.

En esos aciagos años centroamericanos, Paco Xammar visitó Nicaragua en donde vivió por cuatro años, luego regresó a su pequeño piso en su barrio La Floresta, y desde entonces invita a diversas personas y grupos para establecer puentes entre Centroamérica y el rico y variado mundo, particularmente el popular, de Cataluña. El Barrio La Floresta ha recibido las visitas de Fernando y Rodolfo Cardenal, Sergio Ramírez, la comunidad del Arenal con Roberto Currie a la cabeza, Joe Mulligan, Jack Warner y su tropa del Teatro La Fragua, Don Pedro Casaldáliga, Pedro Trigo, Chema Tojeira, entre muchos otros.

Eso sí, los invitados quedan impactados por la implacable agenda de recorridos por los comités Óscar Romero, aulas universitarias, grupos de académicos, personajes políticos, centros sociales jesuitas y comunidades de migrantes. “Para exprimirlos les pago el billete”, dice Paco, con su humor a flor de piel. Yo fui invitado por primera vez por Paco Xammar en la primavera de 2010, unos meses después del golpe de Estado en Honduras, y con la visita en la primavera de este año puedo testificar que uno termina exhausto, con más dolor en los huesos que de costumbre, pero con vida y entusiasmo para compartir la experiencia.

Es curioso, Paco Xammar vive solo en su pequeño piso de La Floresta. Solo como jesuita. Pero su vida y su propio piso pasan la vida entera acompañados. Todo mundo saluda a Paco en la calle, todo mundo lo conoce. No lo saludan como a un extraño. Como un Padre extraño. Lo saludan como a uno más del barrio y de la ciudad. Paco está enterado de la vida de toda la población. Sabe de los que han llegado recientemente en la ola migratoria tanto de África como de América central, sabe quiénes están en el paro y quienes han conseguido trabajo. En los días que yo estuve, Paco andaba afanado por conseguir trabajo a una familia hondureña que tuvo que salir de emergencia para salvarse de una muerte ingrata, luego de que el resto de sus familiares había sido asesinado en una de las colonias de la zona metropolitana del Valle de Sula, en el norte hondureño.

Es curioso, Paco Xammar vive solo como jesuita, y tenía yo varias décadas de no haber vivido la experiencia profunda de una comunidad jesuita como la he tenido en estos pocos días que conviví con este hombre de arrugas y canas octagenarias y con andar, mirar, bromear, soñar y compromiso de una persona de treinta o cuarenta años. Paco vive solo desde hace muchos años, y expresa un cariño a la Compañía de Jesús como si viviera en una comunidad con todos los jesuitas del mundo. Eso sí, con una clara opción por la inserción y por el compromiso social con las poblaciones oprimidas y excluidas de la tierra.

Paco Xammar vive solo en La Floresta. Y en los días que compartí con él nunca escuché una palabra resentida, no sentí una expresión de amargura en sus reflexiones ni un reclamo egoísta a la Compañía de Jesús. Eso sí, una cosa es un reclamo resentido, y otra muy distinta es su firme crítica a una institucionalidad que se sostiene con frecuencia por costumbre o por tradición, y con alguna regularidad impide la apertura y compromiso a la auténtica misión en la periferia de la sociedad. Lamenta que los jóvenes jesuitas no se caractericen primordialmente por su compromiso con la misión de la Compañía desde la periferia. Y cuestiona de frente a la autoridad en la Compañía por arropar a los pocos jóvenes dentro de la institucionalidad, con el argumento de que son pocos y hay que cuidarlos. Y los condena a ser pobres jesuitas cargadores de piedras y tradiciones obsoletas, atrapados en un mundo que se cierra al mundo real por donde sopla el espíritu y en donde se hace sentir el paso de Dios por nuestra historia.

Acompañé a Paco Xammar a una visita a una comunidad jesuita clásica en el centro de Barcelona. Yo iba atento para ver su comportamiento. No despegué mi vista de su rostro ni distraje mi oído para saber escucharlo. Nada distinto, era el mismo Paco Xammar de La Floresta, alegre, platicador, interesado en la vida y trabajo de los demás, interesado en escuchar más que en contar sus aventuras y hazañas. Un jesuita más entre todos los jesuitas. Escuché luego a algunos de ellos, y pude descubrir el cariño y respeto que tienen a este jesuita que viviendo en la periferia de la sociedad no hace alarde de su compromiso. No hace sentir que es más, ni hace sentir que es menos que los otros jesuitas. Su vida es la de una persona común y corriente, con una vocación de jesuita que a sus 83 años conduce el mismo vetusto vehículo de los años ochenta y asume la austeridad del común de los mortales que tiene que sudar la gota gorda para ganarse su comida y pagar sus cuentas mensuales.

Hacía muchos años que no sentía esa alegre sensación de vivir mi vocación de jesuita con otro jesuita, en el caso de Paco, situado en la estricta periferia de este mundo, aun viviendo en el mal llamado primer mundo. Tan audaz para cuestionar al gobierno central de Madrid y lanzar al viento su propuesta por la independencia catalana como para preparar con diligencia una formidable comida para compartirla con sus compañeros en la angostura, casi extrema de su cocina.

Así lo hizo a mi regreso de Zaragoza. “Te prepararé comida especial”, me dijo con su mirada de niño travieso. Nos sentamos a la mesa, destapó la mejor botella de vino que vendría guardando de tiempos inmemoriables, sirvió la ensalada y el pan, y cuando correspondía lo fuerte de la comida, muy a lo lejos sentí el sabor a salmón en el plato fuerte que se había convertido en carbón por el olvido de Paco de haber apagado el horno en el momento oportuno.

Me ha entristecido la riqueza que pierde la Compañía de Jesús de no entregar jóvenes vocaciones para que sean acompañados por este jesuita de carta cabal y de andar siempre ligero. “Paco –le pregunté, como sin importarme, viendo para otro lado--, ¿si ocurriera un milagro y de pronto te convirtieras en un jovencito en el siglo veintiuno, qué decisión tomarías en tu vida?”. Paco elevó una sonrisa, y simulando el mismo descuido que yo simulé, miró para otro lado, y como queriendo decir cualquier tontería, me dijo: “Haría lo mismo. Volvería a entrar a la Compañía y me iría a abrir camino entre los refugiados y migrantes africanos y centroamericanos”.

Su espontánea respuesta me obligó a callar y a verme a mí mismo. Entonces pensé y me pregunté, y si yo tuviera ese mismo milagro, qué haría. No se lo dije, seguro que a Paco no le gustaría. Pero si volviera por un golpe de milagro a ser un joven, no sé, me gustaría encontrarme con un jesuita de 83 años, radical en su misión, austero en su manera de vivir, en plena apertura con el mundo no eclesiástico, especialmente el no creyente, que vive en su casa en un barrio popular en la periferia de una ciudad cualquiera del mundo, con su amplia y sana sonrisa, crítico inclaudicable del sistema productor de desigualdades y violencia, amoroso y crítico de la institucionalidad de la Compañía, solidario con gente de carne y hueso, comprometido hasta el tuétano con la transformación de la sociedad, con la fe puesta en el amor de Dios desde su preferencia en los pobres.

Cuánto desearía ser joven, incluso con todos los despistes, para ingresar en la Compañía de Jesús y querer ser hoy en esta azarosa década del siglo veintiuno como el jesuita catalán Paco Xammar.

 

 

Fuente

Fotografía principal: Flickr Juan Antonio Segal. Licencia Creative Commons

Los partidos de oposición han perdido una oportunidad para enfrentar la ilegal reelección de Juan Orlando Hernández. Pero muchas otras oportunidades pueden abrirse. La comunidad internacional está observando a Honduras con más atención que nunca. Está observando cómo se van cercenando las libertades. Está observando el enorme riesgo de perder la vida que corren quienes defienden los ríos, los territorios, los bienes naturales. Está observando los obstáculos que este gobierno le pone a la MACCIH y a la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. Está observando… y recuerda a Berta Cáceres. Hoy, ella es Honduras.

Un proverbio chino dice que hay tres cosas que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida. Este 2017 podemos llamarlo desde ahora el año de la oportunidad política perdida. No es que la oportunidad se haya escapado. Son los líderes de la oposición los que la han dejado irse. Y ahora toca prepararse para el peor de los escenarios. Un escenario que pudo evitarse. ¿Aún hay puertas que pueden abrirse para otra oportunidad? Sí, las hay.


“EL PAÍS MÁS PELIGROSO PARA LOS ECOLOGISTAS”

El 31 de enero el círculo más cercano a Juan Orlando Hernández se estremeció ante el informe de la organización británica Global Witness, que da cuenta de 123 personas asesinadas desde 2010 en Honduras por su compromiso con la defensa de los bienes naturales de sus territorios. El informe afirma que “Honduras es el país más peligroso del mundo para los ecologistas”. El informe desató las furias de un equipo de políticos y empresarios. Entre ellos, Gladys Aurora López, presidenta del Partido Nacional y una de las principales señaladas de amenazar a los pueblos indígenas con la construcción de represas hidroeléctricas, siguiendo la política extractivista del actual gobierno, que concesiona los ríos para este tipo de proyectos y los territorios para proyectos mineros. La estrecha alianza entre políticos y empresarios en la explotación de riquezas naturales es la principal responsable de “asesinar y aterrorizar a las comunidades que se atreven a interponerse en su camino”, según declaraciones de un representante de Global Witness.

Empresarios y voceros del gobierno calificaron de falso un informe cuya redacción tardó dos años de minuciosa investigación. Llegaron a pedirle a la Fiscalía que actuara de oficio contra los responsables de elaborarlo. No hacían referencia a los contenidos, sólo hacían un ataque despiadado contra los “mentirosos” que lo hicieron público, poniendo así en riesgo la inversión extranjera y el desarrollo del país.

El informe, y la reacción ante su publicación, dejan clara las responsabilidades del actual equipo de gobierno en la violación de los derechos humanos de las comunidades que defienden sus bienes naturales. Y contribuirá a evitar que la impunidad con que, en éste y en otros asuntos, actúa el equipo de Juan Orlando Hernández se prolongue por mucho más tiempo. Hay en la inestabilidad que está generando la voracidad del modelo que promueve este gobierno un germen de cambio.

HOY BERTA CÁCERES ES HONDURAS

A la par de la grave denuncia internacional que representa este informe está la emblemática figura de Berta Cáceres. Un año después de ser asesinada precisamente por la alianza entre empresarios y políticos que descalificaron el informe, ella se mantiene como la persona con mayor capacidad de convocatoria popular y social en el país. Para el mundo, hoy ella es Honduras.

Desde ella, desde lo que hizo y lo que dijo, se dimensiona la criminalidad de las compañías extractivas apañadas por el gobierno y denunciadas en el informe. Una de ellas, DESA, señalada nacional e internacionalmente como nido de los autores intelectuales que le quitaron la vida a Berta. La inmensa manta que encabezaba la primera de las movilizaciones que del 1 al 4 de marzo se organizaron para recordar el asesinato de la dirigente del COPINH lo gritaba: “DESA es la responsable intelectual de la muerte de Berta”.

La Esperanza, lugar donde nació, vivió y fue asesinada Berta, se convirtió en esos cuatro días en lugar donde alimentar la esperanza de muchos pueblos del mundo, amenazados también con ver saqueados sus bienes naturales. Hondureños, centroamericanos, mexicanos, estadounidenses, latinoamericanos, europeos, africanos, asiáticos, en su diversidad de lenguas y culturas, se encontraron allí para conmemorar el primer aniversario del martirio de la mujer más reconocida hoy en todo el planeta por defender los ríos de este mundo.

En estos tiempos confusos de erráticas políticas Berta Cáceres anima a una lucha social que se inserte en la base, entre la gente más humillada. Berta denuncia a las élites capitalistas, neoliberales, patriarcales y racistas. Ella tiene capacidad de articular procesos, cuestionar mediocridades, prudencias, equilibrismos y compromisos de medias tintas. Ella abre esas puertas y oportunidades, que aún la oposición política no tiene en cuenta.


TODO MUNDO LO SABE

2017 es año político electoral. Tras las elecciones primarias, en donde los partidos eligen a sus candidatos a las municipalidades, al Congreso Nacional y a la Presidencia de la República, se abre el camino para la campaña electoral que culminará con las elecciones generales del último domingo de noviembre.

Todo mundo sabe ya que serán elegidos alcaldes de diversos partidos y que habrá un Congreso con diversidad de diputados, lo que obligará a negociaciones entre partidos. Y lo que todo el mundo sabe es que, pase lo que pase, sólo habrá un candidato ganador a la Presidencia y se llama Juan Orlando Hernández. Desde que fue Presidente del Congreso Nacional de 2010 a 2013, Juan Orlando Hernández se dedicó a diseñar su ruta. El poder que fue concentrando, la adulación de un primer anillo de políticos, técnicos y otros lisonjeros, sumada a su ambición desmedida para llegar, primero a la Presidencia, y después a la reelección indefinida, fue marcando los hitos de esa ruta. Pasará a la historia como un eximio constructor de un poder personalista e ilimitado en un Estado de Derecho en ruinas.

JUAN ORLANDO HERNÁNDEZ:SU RUTA AL PODER

Para lograr construir su ruta hacia el poder máximo, Juan Orlando Hernández fue organizando las diversas piezas conforme a tiempos y necesidades. Logró el control absoluto de los tres poderes del Estado. A través del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad logró el control de las Fuerzas Armadas y de todos los órganos responsables de la seguridad. Cuando vio que no tenía control de la Policía porque sus jefes tenían vínculos con las redes criminales, logró conformar una Comisión de Depuración destinada a arrasar con todos los jefes policiales no controlables y disminuyó al máximo el poder de la Policía sustituyéndola de facto por la Policía Militar del Orden Público, cuyos estatutos la subordinan a su voluntad.

A través de COALIANZA, Juan Orlando Hernández logró participar de manera directa en las decisiones de la cúpula empresarial del país como un inversionista más que negocia con los más importantes inversionistas privados nacionales y transnacionales, con la ventaja que le da el ser, además de inversionista, Presidente de la República.

Logró congraciarse con el gobierno de Estados Unidos al extraditar al Norte a todos los capos del narcotráfico que le solicitaron, a pesar de las informaciones que esos capos den para reducir sus penas carcelarias pongan en riesgo su vida, la de algunos de los políticos más cercanos del Partido Nacional, la de sus colaboradores y hasta la de su misma familia.

Logró también congraciarse el Presidente con la comunidad internacional al aceptar la instalación de la MACCIH (Misión de Apoyo a la lucha Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras), aun a riesgo de que las investigaciones que realice esta institución, auspiciada por la OEA, toque a algunos en su más cercano círculo.

También aceptó la instalación en el país de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos como un signo de su apertura a la observación internacional, presentándose como fiel cumplidor de los convenios y tratados que en temas de defensa y vigencia de los derechos humanos ha firmado Honduras.

EL CULTO A LA PERSONALIDAD Y EL POPULISMO

El control de los medios de comunicación es, sin duda, uno de los mayores éxitos en la ruta construida por Juan Orlando Hernández. Todos los medios de alcance nacional conforman una especie de cadena nacional publicitaria que alaba las políticas del gobierno y, especialmente, eleva el perfil del Presidente a un nivel de abierto culto a su personalidad.

El populismo exacerbado del Presidente así ensalzado ha logrado atar el cabo más eficaz, el que lo vincula a la población más empobrecida. A través de decenas de programas de asistencia social, en el marco del gran paraguas llamado “Vida Mejor”, Juan Orlando Hernández ha llegado a decenas de miles de familias desempleadas, sin tierra, sin techo, enfermas y con muy bajos niveles de escolaridad para convertirlas en el factor decisivo de acumulación de los votos que den legitimidad a su reelección como Presidente de la República para 2018-2022.

UNA CANDIDATURA ILEGAL E INCONSTITUCIONAL

Con el control de los poderes del Estado logró Hernández que la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia estableciera que los artículos de la Constitución que prohíben la reelección presidencial son inconstitucionales, lo que abrió la puerta para debatir y, finalmente, promover su candidatura a la reelección.

Ante la presión ciudadana en sentido contrario, la Corte se reunió en pleno y ratificó, por unanimidad, que lo acordado por la Sala Constitucional era materia juzgada. Y punto final. Una vez lograda su continuidad en el poder quedó definitivamente claro que su proyecto se basa en un autoritarismo que subordina toda la legislación nacional a sus intereses personales. Su candidatura es ilegal e inconstitucional.

“ESTOY TRABAJANDO”

Todo mundo sabía que Juan Orlando Hernández buscaba su reelección desde el primer día que asumió la Presidencia, aunque nunca lo dijo hasta noviembre de 2016. Cuando lo hizo público a nadie le extrañó. Siempre que le preguntaban si pensaba en la reelección respondía siempre: “No tengo tiempo para pensar en eso porque estoy trabajando, trabajando y trabajando”. Todo mundo, adeptos y opositores, sabían que era verdad: sólo trabajaba por su reelección.

Los tres años que ha cumplido en el gobierno han sido de continuo proselitismo político, una campaña continua, sin tregua entre la anterior y la próxima. Toda la institucionalidad estatal se convirtió en una inmensa plataforma propagandística en favor del continuismo oficial. Cuando el pleno de la Corte dijo que el tema de la reelección era “cosa juzgada” nadie se sorprendió. Todo mundo sabe que el Presidente de la República cuenta incondicionalmente con el presidente de la Corte y con los 14 magistrados que la integran, incapaces de disentir del titular del Ejecutivo.

También el titular del Ejecutivo tiene control sobre los magistrados del Tribunal Supremo Electoral, sobre los magistrados del Registro Nacional de las Personas y sobre los magistrados del Tribunal Superior de Cuentas. Nada que tenga que ver con decisiones sobre el proceso electoral está fuera de su control personal. Es así como Juan Orlando Hernández se ha convertido en el hombre con más poder en la historia política hondureña.

UNA ALIANZA ELECTORAL CONTRA LA REELECCIÓN DE JOH

Empezando el año 2017, el 14 y 15 de enero el partido LIBRE convocó a una masiva asamblea con varios miles de delegados de todo el país en Tegucigalpa. El objetivo era enfrentar la reelección de Juan Orlando Hernández. La asamblea concluyó con la oficialización de la alianza entre el partido LIBRE, el Partido Anticorrupción (PAC), el Partido Innovación y Unidad Social Demócrata (PINU), una pequeña y marginal corriente del oficialista Partido Nacional y otra corriente secundaria del Partido Liberal.

Se trata de una alianza estrictamente electoral. Estos partidos, tan distintos entre sí, se unen con el único propósito de derrotar a Juan Orlando Hernández en las urnas, una meta que se sostiene en el optimista dato de que en los resultados del último proceso electoral, LIBRE alcanzó el segundo lugar en caudal de votos, cerca de 1 millón de electores de los 5 millones de votantes en el Registro Nacional de las Personas, y el PAC se ubicó en el cuarto lugar con más de 300 mil votos.

NO PARECE UNA AMENAZA REAL

Para desestimular a la nueva alianza, Juan Orlando Hernández y su equipo trabajaron previamente una supuesta encuesta que le anticipa a él un millón y medio de votos, cifra a todas luces abultada. En el mejor de los escenarios, el Partido Nacional apenas ha llegado al millón de votos. Y en estos comicios, a pesar de su intensa campaña mediática y asistencialista, deberá cargar con el malestar de una sociedad que no ha visto satisfechas sus demandas por este gobierno. De acuerdo con la última encuesta que hemos realizado con el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC) de la Compañía de Jesús, todo mundo, simpatizantes y adversarios, entienden que cualquier cantidad de votos que coloque a Juan Orlando Hernández en primer lugar será producto de algún mecanismo irregular fraudulento en las próximas votaciones.

En caso de que la alianza logre conformarse finalmente como una propuesta electoral, no parece ser todavía una amenaza real al oficialismo. Aunque las encuestas no siempre reflejan las reales simpatías de la gente cuando de preferencias partidarias se trata, en el sondeo del ERIC, realizado en diciembre, las simpatías mostradas por LIBRE y por el PAC descendieron hasta colocar a estos dos partidos en tercera y cuarta posición de preferencias respectivamente, muy por debajo del Partido Nacional y del Partido Liberal, con sólo un 10% de simpatías entre ambos partidos. También es cierto que si el 43% de los encuestados manifestó no tener ninguna preferencia política, tal vez ahí se esconde el potencial que votaría por la oposición a Hernández.

¿QUÉ SENTIDO TIENE PARTICIPAR?

La campaña política de este 2017 está en marcha sobre la base de dos datos determinantes. Uno, la inconstitucionalidad e ilegalidad de la candidatura de Juan Orlando Hernández. Dos, el fraude que todo mundo sabe que ya tiene preparado su equipo de gobierno. Si todo esto es ampliamente conocido por las dirigencias de la oposición política, ¿qué sentido tiene participar en el proceso electoral en vez de construir una alianza ciudadana, política y social que presione antes por nuevas reglas del juego, por reformas electorales, como condición para garantizar resultados electorales creíbles?

Con dos argumentos fundamenta hoy la oposición su participación en el proceso electoral. Uno, confianza en derrocar el continuismo y el fraude. Dos, para no dejarle el camino libre a la dictadura no hay otro camino que las elecciones. Afirman que, con un caudal arrollador de votos a favor de la alianza opositora, Juan Orlando Hernández y su equipo no podrán hacer fraude y con la observación de la comunidad internacional no habrá otro camino que aceptar el triunfo de la candidatura de la alianza electoral opositora.

AVALAN LA ILEGALIDAD

¿El entusiasmo opositor tendrá acaso que ver con las cuotas de poder que esperan alcanzar con la tácita aceptación de la reelección de Juan Orlando Hernández que significa participar en estas elecciones?

Ciertamente, todos los sectores de la oposición denuncian en público la ilegalidad de la candidatura de Hernández y advierten del fraude que se ha venido fraguando controlando todas las instancias relacionadas con el proceso electoral. Sin embargo, en sus campañas internas, las diversas candidaturas del partido LIBRE han invertido sus energías y recursos en lograr ventajas en relación con las otras, relegando el tema del cuestionamiento al fraude continuista. Esto da pie a la hipótesis de que el objetivo de los candidatos opositores es garantizarse ser diputados, alcaldes o regidores y, desde esa posición, que les asegura otros privilegios, mantener discursos opositores.

El objetivo no parece ser otro que actuar como opositores políticos desde un cargo de elección popular. Al aceptar participar en el proceso actualmente diseñado esta oposición se ha convertido -sin que la inmensa mayoría de sus candidatos y dirigentes partidarios sea consciente- en un factor que avala la ilegalidad de todo lo ocurrido.

UN DESCONTENTO MEDIATIZADO

Y ésta es la oportunidad que se ha perdido. Si toda la oposición política, encabezada por liderazgos reconocidos, hubiese decidido conformar una amplia oposición ciudadana y cívica, que aglutinara la resistencia y la indignación que ha provocado la reelección de Juan Orlando Hernández, todo este año 2017 se hubiera transformado en un hervidero de movilizaciones de las diversas inconformidades latentes, hoy sin una conducción adecuada.

Porque la realidad muestra un gran rechazo al actual gobierno, aunque mediatizado no sólo por la campaña proselitista del gobierno y de los opositores, sino también distraído por la campaña de la selección nacional de fútbol luchando por llegar al Mundial de 2018, por las telenovelas que mitifican a los líderes narcos, por el morbo que generan las noticias de los continuos hechos sangrientos y por las campañas de los grupos neopentecostales, varios de cuyos líderes se han convertido en consejeros de los funcionarios del gobierno. A toda esta avalancha de distractores hay que sumar el terror que ha desatado la política anti-inmigrantes de Donald Trump, que pone en riesgo las remesas, único sostén de millones de familias empobrecidas.

CUANDO EL VOTO TAMBIÉN ES MIGAJA

Es a este pueblo hondureño, politiquero, futbolero, novelero, remesero y de religión bullanguera al que se dirige insistentemente la campaña proselitista de Juan Orlando Hernández.

Pero ni los políticos creen en la gente ni la gente cree en los políticos. Lo que hay es una relación utilitaria basada en una total desconfianza. Los políticos ofrecen migajas a cambio del voto y la gente recibe las migajas y lo paga con lo que también considera migaja, su voto. En esto ha quedado convertida la participación ciudadana y el derecho al sufragio. Su sentido lo pone hoy la gente no en el ejercicio de ese derecho, que escucha es “sagrado”. Lo pone en lograr sobrevivir.

El sondeo de opinión pública del ERIC nos dijo que 8 de cada 10 personas desconfían de los políticos y demandan que se les investigue y se les enjuicie por corruptos e impunes. Teniendo en cuenta esto, y el rechazo a la reelección de Juan Orlando Hernández, se ve con más claridad la oportunidad perdida por la oposición política. Ningún gobierno sustentado en la ilegalidad tiene capacidad de sostenerse ante una ciudadanía organizada y movilizada repudiándolo.

Pudo haber en el país movilizaciones nacionales anti-reelección. Ya en 2016 hubo conatos de desobediencia civil en un estadio cuando se extendió masivamente el grito de ¡Fuera JOH! Si los líderes de la oposición, en lugar de estar invirtiendo sus energías en una campaña política que sólo legitimará el continuismo, estuvieran al frente de la organización del descontento popular, todos los estadios del país estarían clamando esa misma consigna, la que hace temblar a JOH.

LOS INDIGNADOS DE 2015

Hace menos de dos años, amplios sectores, especialmente urbanos y juveniles, se alzaron indignados contra el saqueo al Seguro Social. Fue de esa indignación contra la corrupción que surgió el ¡Fuera JOH! y la demanda de que se instalara en el país una CICIG como la que funciona en Guatemala. Algunos dicen que las continuas movilizaciones de los indignados, extendidas por los centros urbanos de todo el país, fueron inducidas por actores políticos interesados en debilitar al gobierno para obligarlo a extraditar a capos del narcotráfico y a funcionarios vinculados a ese negocio. Sea lo que fuere, fue la corrupción vinculada a este gobierno la que atizó la indignación.

Toda la gente que se movilizó sigue con su rabia acumulada, mientras la corrupción y la impunidad se mantienen. Las movilizaciones de los indignados del año 2015 no tuvieron al frente a líderes conocidos. Fue la improvisación lo que caracterizó a los novatos dirigentes, que en su mayoría acabaron cooptados por quienes son expertos en construir una oposición controlada.

Ahora, faltó una visión estratégica que, partiendo de un audaz análisis, rompiera con la modorra de la práctica política tradicional y lograra organizar el repudio agazapado en centenares de miles de personas contra la corrupción del actual gobierno hasta cambiar la correlación de fuerzas y obligar al gobierno a negociar una nueva propuesta electoral, incluso una Constituyente.

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LA MACCIH MUESTRA “DIENTES”

La MACCIH es un nuevo factor a tener en cuenta en esta coyuntura que anuncia la consolidación de la dictadura. Instalada oficialmente en abril de 2016 como resultado de un acuerdo entre el gobierno y la OEA, con el aval de los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, pareció durante los primeros meses una instancia amorfa que legitimaba al gobierno. Vista con total desconfianza y con justificada sospecha por los indignados de 2015, la MACCIH se fue abriendo camino con respaldo oficial y buscando apoyo económico en la comunidad internacional. Los políticos hondureños se sentían seguros. Pero apenas esta instancia comenzó a hacer observaciones críticas al modo como el Congreso elegía a los magistrados del Tribunal Superior de Cuentas, o a sugerir reformas legales para supervisar los dineros de las campañas de los partidos políticos, comenzaron a descalificarla como “intervencionista”.

A un año de ser instalada, la MACCIH ha encontrado un claro respaldo internacional, un claro distanciamiento del gobierno y el reconocimiento de diferentes sectores de la sociedad civil, que empiezan a considerarla con “dientes” para enfrentar casos y dinamismos generadores de corrupción y de impunidad. Por su actuación, varios de los principales implicados en el saqueo del Instituto Hondureño del Seguro Social han sido enjuiciados y sentenciados, mientras otros procesos abiertos sobre este caso están pendientes de juicio y condena.

LA MACCIH BUSCA “COLABORADORES EFICACES”

La MACCIH ha presentado una propuesta al gobierno, la “ley de colaboración eficaz”. Consiste en garantizar notables rebajas en la condena a aquellos implicados en casos de corrupción que se decidan a colaborar en la delación de altos funcionarios públicos o empresarios implicados en casos de corrupción, siempre y cuando la información que proporcionen resulte eficaz.

Esto indica que la MACCIH está determinada a identificar, enjuiciar y eventualmente a desmantelar redes de corrupción que impliquen a gente cercana al gobierno o formen parte de él. El informe de Global Witness es un instrumento para que la MACCIH fundamente algunos de esos esfuerzos. Está aún por verse la relación que tendrá la MACCIH con el Fiscal General del Estado, Óscar Chinchilla, quien goza de la confianza de la embajada de Estados Unidos y de todos es sabido fue elegido por el Congreso por instrucciones directas de Juan Orlando Hernández.

¿QUIÉN ES EL FISCAL?

¿Quién es Chinchilla? En 2012 la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional el decreto legislativo que legalizaba la existencia de las Ciudades Modelo en Honduras. Esto llevó al Presidente de la República a obligar al Congreso Nacional a destituir a los cuatro magistrados que habían votado a favor de la inconstitucionalidad del decreto, dejando únicamente al quinto magistrado que había votado en contra.

Ése era Óscar Chinchilla, a quien al año siguiente el Congreso eligió como Fiscal General del Estado, luego de que junto a los nuevos cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional ratificara un nuevo decreto que legaliza las Ciudades Modelo, llamadas eufemísticamente Zonas de Empleo y Desarrollo Económico, ZEDEs.

¿HASTA DÓNDE LLEGARÁN LA MACCHI Y EL FISCAL?

Muy amigo de Juan Orlando Hernández, Chinchilla ha establecido, por su oficio, una relación oficial con la MACCIH para impulsar procesos de investigación contra la corrupción. El jefe de la MACCIH, el peruano Juan Federico Jiménez Mayor, ex-Primer Ministro y ex-Ministro de Justicia y Derechos Humanos en el Perú, ha declarado como positivo el apoyo que ha encontrado en el Fiscal, lo que supondría el posible distanciamiento que Chinchilla ha decidido tomar de su padrino el Presidente.

¿Hasta dónde llegará el Fiscal en su colaboración con la MACCIH? Lo veremos en el apoyo que dé al trabajo de la nueva institución. ¿Y hasta dónde llegará la MACCIH? Lo veremos también. Dependerá de la autonomía que logre construir tanto del gobierno como de la OEA. El respaldo que logre de los sectores de la sociedad civil dependerá de los casos de corrupción que logre destapar.

Hay oportunidades. Hay puertas abiertas. La sensibilización contra el modelo extractivista, que lleva como bandera a Berta Cáceres, la indignación contra la privatización de carreteras, de la electricidad, del agua, de la salud, de la educación, la sensibilización contra la corrupción generalizada que se traduzca en sanciones que lidere la MACCIH pueden distanciar a las organizaciones políticas y sociales del viciado proceso electoral que se nos avecina.

CONTRA “LA APOLOGÍA DEL ODIO”

Preocupado por la posibilidad de una masiva movilización social y una masiva abstención en las elecciones, Juan Orlando Hernández se ha apertrechado con nuevos instrumentos legales represivos. En contra de los partidos de oposición, de diversos sectores de la sociedad civil, y sin escuchar las preocupaciones hechas públicas por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, instalada recientemente en Honduras, el Presidente presionó a los diputados miembros de su partido para que el Congreso aprobara a finales de febrero reformas penales que sancionan el terrorismo, tipificándolo de tal forma que da lugar a una total arbitrariedad y discrecionalidad de los jueces.

Entre los artículos aprobados destaca el 335B, que expresa que será sancionado como terrorismo todo aquel periodista o medio de comunicación que divulgue o haga “apología del odio”, lo que pretende imponer una mordaza a la libertad de expresión y pone en riesgo a medios de comunicación y periodistas que, por ser críticos del Presidente sean acusados de “odiarlo”.

La comunidad internacional está observando a Honduras con más atención que nunca. Está observando cómo se van cercenando las libertades. Está observando el enorme riesgo de perder la vida que corren quienes defienden los ríos, los territorios, los bienes naturales, la libertad de expresión… Está observando si la MACCIH y la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos encuentran obstáculos en el gobierno y en la gran empresa para realizar su trabajo… Están observando y recuerdan a Berta Cáceres, las razones de su vida y de su muerte. También por todo eso, aún hay una oportunidad en este difícil 2017.

“Con la voluntad del pueblo hondureño y con el apoyo de mi partido voy a ser el próximo Presidente de Honduras”, proclamó con seguridad y arrogancia Juan Orlando Hernández, el 6 de noviembre ante 10 mil simpatizantes. Ese día Ortega se reelegía en Nicaragua. Algunos llaman al proyecto continuista de Hernández el camino hacia la instalación en el país de “un danielismo a la hondureña”.

Si tuviéramos que pintar un cuadro de la realidad hondureña en 2016 el fondo sería sin duda rojo. El asesinato de Berta Cáceres ha sido el acontecimiento emblemático de este año. Ese crimen, y la muerte de tantos y tantas, colorea de rojo sangre la realidad nacional. La pérdida de esta mujer fue un acontecimiento de alcance mundial, que puso los ojos del mundo en Honduras, un país que no logra superar tanta violencia y tanta muerte, a pesar del costosísimo aparataje publicitario oficial, que no deja de insistir en que ya dejamos de ser el país más violento del mundo y avanzamos hacia una “vida mejor”.

Al asesinato de Berta Cáceres se sumaron este año los de otros dirigentes indígenas de COPIHN, la organización que ella fundó, y los de dirigentes de otras etnias, también opuestos a las concesiones extractivistas. También han sido asesinados dirigentes campesinos de la región del Aguán. Trazos de una sangre que no cesa de derramarse.

¿QUÉ HA HECHO LA MACCIH?

El proceso político que conduce a la reelección de Juan Orlando Hernández pone trazos cada vez más grises en la pintura de la realidad hondureña en 2016. El año termina con su empecinada decisión de reelegirse, una determinación tan sólida como frágil es la estabilidad social del país que pretende seguir gobernando. 2017 se anuncia marcado por una conflictividad política que, sin duda, superará la de todas las campañas electorales previas.

Grises son también los resultados de la Misión de Apoyo a la lucha contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH), auspiciada por la OEA y Estados Unidos. Todavía vivimos a la expectativa de cuáles serán los resultados concretos de la MACCIH. La sociedad indignada exigió en 2015, en las calles una instancia internacional que investigara la corrupción y frenara la impunidad, parecida a la CICIG de Guatemala, auspiciada por la ONU. Al concluir el año lo único que conocemos que haya hecho la MACCIH han sido breves y marginales cuestionamientos y un constante aumento del personal contratado para tareas aún indefinidas.

El destape de los nombres de altos jefes policiales comprometidos en asesinatos de funcionarios públicos, en contubernio con jefes del narcotráfico, seguido de la creación de la Comisión Depuradora de la Policía Nacional, con la consecuente separación de centenares de oficiales y efectivos de la institución policial, es un acontecimiento que también aparece en gris en el cuadro porque expresa la estrecha alianza entre la embajada estadounidense y el Presidente, para adecentar algo la desprestigiada seguridad hondureña y, a la vez, para favorecer su reelección, quitando de en medio a poderosos oficiales de la Policía.

“DANIELISMO A LA HONDUREÑA”

Finalizamos 2016 inmersos ya en un nuevo proceso electoral, que se anuncia como el más conflictivo y complejo y el más políticamente amañado. Algunos analistas consideran que el proyecto reeleccionista de Juan Orlando Hernández es el camino hacia la instalación en nuestro país de “un danielismo a la hondureña”.

Todos los analistas coinciden en calificar el proceso político que lidera Hernández como una radicalización del modelo neoliberal para garantizar inversiones extranjeras con un gobierno autoritario blindado con un militarismo represivo. La paleta de colores del cuadro hondureño compone hoy el paisaje político de una “democracia autoritaria”, donde las decisiones se concentran en grupos cada vez más reducidos de la extrema derecha política, controlados por Hernández.

Asistimos a la cristalización de un proceso que nació con la llamada “democracia tutelada”, la que a inicios de los años 80 reemplazó los regímenes militares de las dos décadas precedentes. Como proyecto de la extrema derecha, la “democracia autoritaria” agarró fuerza a partir del golpe de Estado de junio de 2009. Se basa en el militarismo y la subordinación de todas las instituciones del Estado a los liderazgos del grupo más extremista del Partido Nacional.

LOS CINCO PODERES DE LA “DEMOCRACIA AUTORITARIA”

Muchos actores imprimen colores en el cuadro hondureño. A veces unos se imponen sobre otros, pero son siempre cinco los que tienen capacidad para imponer sus intereses sobre los demás. Son las corporaciones transnacionales, la reducida élite oligárquica local, los grupos o redes criminales, los militares y la embajada de Estados Unidos. Al frente del Partido Nacional, Juan Orlando Hernández ha procurado que estos cinco poderes respalden sus pretensiones continuistas.

La embajada estadounidense apoya la reelección de Hernández siempre que sea reglamentada para un único período. Hernández ha buscado que esa condición sea aceptada, pero no lo ha logrado con todos los de su partido. Y los militares no acaban de ponerse de acuerdo en una postura común y de consenso a pesar de los beneficios que el Presidente ha dado a altos oficiales del Ejército. Las redes criminales tampoco expresan un respaldo consensuado a las pretensiones del Presidente por la desconfianza que sienten hacia quien consideran ha traicionado a varios de sus aliados en el narcotráfico y por lo obediente que ven a Hernández ante las presiones del gobierno de Estados Unidos.

Mientras el Presidente siga actuando dócilmente ante los intereses de las corporaciones transnacionales, y mientras la élite oligárquica se sienta cómoda con un gobierno que le facilita todas las condiciones para la privatización de los bienes públicos, ambos poderes respaldarán a Hernández, sin importarles si su reelección está reglamentada para un único período o si se establece la reelección indefinida. Para estos dos actores las formalidades de la democracia son irrelevantes. No importa si un gobierno respeta o no las reglas democráticas, no importa si es presidencialista o parlamentario o si es una dictadura. Lo único que importa es que las inversiones cuenten con protección oficial.

En un contexto así, el aporte positivo que los actores políticos pudieran dar al escenario nacional es cosmético. Contribuyen a darle rostro de democracia a un proyecto autoritario, concentrando la atención de los medios y de la ciudadanía, que sigue sus avatares de forma festiva y emotiva, distrayéndose del verdadero proceso de pactos entre los cinco poderes, que son los que definen negocios extractivistas, concesiones, privatización de servicios y bienes públicos.

PLURIPARTIDISMO CONTROLADO POR EL BIPARTIDISMO

El proyecto reeleccionista de Juan Orlando Hernández marcará el tránsito de la democracia formal y tutelada -por el gobierno de Estados Unidos- a otra formalidad, la que pondrá el peso en el autoritarismo, dada la inestabilidad, la inseguridad, la violencia y el caos que dominan hoy a la sociedad hondureña.

Los partidos políticos también están haciendo una transición: del modelo bipartidista, que durante décadas funcionó como una maquinaria política perfecta. Transitan hoy a un modelo pluripartidista único en su género porque lo controlan los mismos líderes del bipartidismo de siempre.

En marzo de 2017 serán las elecciones primarias de los partidos para que de ellas surjan los candidatos a cargos de elección popular. En noviembre de 2017 se celebrarán elecciones generales, en las que participarán nada menos que nueve partidos políticos. Desde ahora conocemos al ganador de la Presidencia: será Juan Orlando Hernández, que competirá acompañado de un coro pluripartidista de candidatos seleccionados por él, representantes de partidos que él decidió inscribir y que legitimarán su reelección.

REGRESA LA EXTREMA DERECHA

La radicalización del modelo neoliberal en Honduras y la legitimación del proyecto autoritario de Juan Orlando Hernández está refrendado por el liderazgo que ha retomado la extrema derecha en América Latina. Estamos transitando hacia gobiernos distintos a los que, siendo diversos, coincidían en una visión progresista y social del Estado, con políticas más autónomas frente a Washington.

La transición aparece implacable: de las propuestas políticas nacionalistas que iniciaron hace veinte años, y que tuvieron su mayor apogeo en la primera década del nuevo milenio, avanzamos aceleradamente a la administración de los Estados suramericanos por sectores neoliberales radicalizados. Del ALCA de hace veinte años transitamos al ALBA de Lula, Kirchner y Chávez, y hoy retornamos a modelos más radicalmente neoliberales: los de Macri y Temer. Y en el Norte, el del impredecible modelo de Donald Trump.

La correlación de fuerzas es hoy desfavorable al movimiento social. La extrema derecha hondureña y continental se encuentra en auge y unida, mientras el movimiento social pierde fuerzas y se fragmenta. El desafío fundamental es transformar esa correlación de fuerzas.

ESPACIOS DEL MOVIMIENTO SOCIAL

¿Cuáles factores son sostén del modelo neoliberal y pueden transformarse en germen de su autodestrucción? La industria extractiva (minería, concesiones de ríos, de bosques, de territorios, agronegocios, ciudades modelo). La concepción del Estado como negocio (alianzas público-privadas, privatización de los bienes públicos). La corrupción y la impunidad.

Cuanta más conciencia exista en nuestras sociedades y en el movimiento social de los peligros y daños que para el medioambiente, la vida de las comunidades y de los seres humanos representa la industria extractiva, más se avanzará en desenmascarar el discurso de desarrollo de las compañías transnacionales.

Cuánto más se identifique a las oligarquías como responsables de la destrucción de los Estados por su voluntad de mercantilizarlo todo y de privatizar los bienes públicos, más vigorosa será la lucha por recuperar el Estado y su soberanía sobre los bienes públicos y comunes. Cuánto más se investiguen los casos de corrupción en las instituciones públicas llevados a cabo por las mafias políticas y privadas, más se debilitarán esas mafias.

En el movimiento social y popular todo está por hacer, y como nos recordó Albert Einstein “es en la crisis en donde aflora lo mejor de cada uno y es en ella donde nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias”.

El cuadro hondureño es de profunda crisis. Para que en ella nazca todo eso que dice Einstein resulta indispensable que el movimiento social hondureño mantenga su autonomía e independencia frente a los partidos políticos. En Honduras abundan experiencias de alianzas en las que el movimiento social ha acabado casi siempre convertido en correa de transmisión de los intereses del partido. Es lo que ha ocurrido con un movimiento social como el Frente Nacional de Resistencia Popular identificando sus objetivos con los del partido LIBRE.

En tiempos electorales, las comunidades y el movimiento social corren el peligro de quedar atrapados en el proselitismo político, reduciendo su horizonte a la agenda electoral, que es la toma del poder, perdiendo de vista el multicolor fondo del cuadro hondureño.

ESTUDIANTES Y POBLADORES

En ese multicolor escenario ha habido en 2016 trazos de verde esperanza. Durante varios meses la huelga de estudiantes universitarios organizados en el Movimiento Estudiantil Universitario (MEU) tuvo alcance nacional, tanto por las actividades de presión que paralizaron las tareas docentes como por el nivel de liderazgo que alcanzaron los estudiantes.

La presión estudiantil no sólo fue firme y coherente. También obligó a las autoridades universitarias a sentarse en una mesa de diálogo, con mediadores aceptados por ambas partes, para abordar la revisión a fondo de las normas académicas de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, vigentes desde noviembre de 2014. También puso un trazo de esperanza la presión social contra la instalación de peajes en las principales carreteras del país, privatización de un bien público bajo la modalidad de la asociación público-privada.

Este movimiento social inició con una oposición al peaje que para el Ministro de Infraestructura y Servicios Públicos, INSEP, y para las mismas transnacionales no pasaba de ser una escaramuza de rebeldía marginal y local de unos cuantos despistados que con una sola acción represiva o unas promesas de asistencia al desarrollo desaparecía para siempre. Sin embargo, aquella escaramuza tenía incubada una oposición sistémica al modelo de peaje sustentado en la privatización de los bienes públicos y en la pérdida de la soberanía de la ciudadanía para transitar libremente por tu propio territorio. Es decir, además de ser un modelo de privatización, es un proyecto que viola la Constitución de la República que en su artículo 81 garantiza la libre locomoción de la ciudadanía por todo el territorio nacional. De la así considerada escaramuza local se pasó a una presión social, política y jurídica de alcance nacional. A esto sí le comenzó a preocupar al Ministro de INSEP, especialmente cuando a inicios de octubre su gobierno decidió comenzar a cobrar en las casetas de peaje cercanas a El Progreso, y que provocó que sectores de pobladores se instalaron en ellas iniciando una decidida campaña en contra del cobro.

En pocos días, de cada 100 vehículos 97 no pagaron el peaje. La lucha no violenta y de desobediencia civil iniciada por pobladores y unos cuantos comerciantes tocó la conciencia nacional en defensa de los bienes comunes y la soberanía.

¡SIGA DE VIAJE, NO PAGUE PEAJE!

La oposición al cobro del peaje, con la consigna “Siga de viaje, no pague peaje” se promovió en las principales carreteras hondureñas y creó conciencia ciudadana. En la primera semana de noviembre una caravana de unos 50 vehículos, llamada “Soberanía vial”, recorrió la carretera principal que une Tegucigalpa con el norte del país con conductores decididos a ejercer el derecho constitucional de transitar libremente sin pagar peaje sobre una vía concesionada por el gobierno a una transnacional vinculada a diversos capitales internacionales, entre los que destaca la inversión colombiana.

A la altura de la ciudad de Siguatequepe, equidistante entre Tegucigalpa y San Pedro Sula, la caravana, apoyada por organizaciones populares, entre ellas el COPINH fundado por Berta Cáceres, se toparon con una auténtica muralla conformada por trescientos policías antimotines armados con pistolas, toletes, gases lacrimógenos, escudos y tanquetas de guerra.

La muralla policial cubría toda la carretera, impidiéndole el paso a vehículos y a personas. La caravana exigía la derogación del decreto que “legaliza” las casetas de peajes y reclamaba un diálogo nacional entre el gobierno central, las municipalidades, la empresa privada y las organizaciones comunitarias para definir un modelo que garantice que las carreteras seguirán siendo bienes públicos no privatizados.

El Progreso tiene tradición de lucha. En esta ciudad, hoy con más de 300 mil habitantes, inició en 1954 la huelga bananera más importante de la historia del país, ganándose desde entonces los progreseños el calificativo de “revolucionarios” para unos y de “revoltosos” para otros.

Después de cuatro horas de ser impedida de avanzar, la caravana decidió regresarse y los antimotines disolvieron la muralla, aunque a la altura de las casetas de peaje en Zambrano detuvieron a varios participantes. Dos de las mujeres detenidas terminaron en la cárcel en la capital y fueron liberadas gracias a una decidida presión popular que se apostó en las instalaciones policiales. ¿Acusación? Desobediencia a la autoridad. Y así era: la caravana fue una expresión de desobediencia civil a una ley anticonstitucional que atenta contra los bienes públicos.

EL ROJO Y EL VERDE

La respuesta represiva a esta protesta pacífica cumplió lo que dice el dicho, que “por las vísperas se conoce la fiesta”. Si una medida como ésta la decide en 2016 un gobierno que busca reelegirse en 2017 ya sabemos que el segundo mandato de ese gobierno, con una mayor concentración de poder, recrudecerá la represión.

Sí, en el año 2017 nos espera mayor conflictividad. También nos espera un movimiento social que seguirá en ebullición, alimentado por los crecientes malestares populares. No faltarán ni el rojo de la sangre ni el verde de la esperanza. 

Honduras ha entrado en la campaña electoral del Partido Demócrata en momentos en que avanza el proyecto reeleccionista de Juan Orlando Hernández. La campaña en Estados Unidos de la fórmula presidencial Hillary Clinton – Tim Kaine tiene vasos comunicantes directos con la reelección de Juan Orlando Hernández. Porque Kaine tiene “un amor” en Honduras y porque JOH cuenta con el apoyo de Estados Unidos para seguir gobernando.

Pero sobre todo porque la inestabilidad, violencia y corrupción han carcomido a la institucionalidad hondureña que al gobierno de los Estados Unidos no le va quedando otro camino que tomar en “adopción” una democracia que luego de carca de cuatro décadas de procesos electorales continuos ya no solo dejó de crecer, sino que se quedó raquítica que ya no puede sobrevivir sin la inyección externa que le suministra el gobierno de los Estados Unidos.

El hombre que durante seis meses de 2015 fue masivamente rechazado por decenas de miles de personas con la consigna ¡Fuera JOH! tiene ya todo atado y bien atado para reelegirse como Presidente de la República en las elecciones de 2017. Mientras su poder se consolida y la campaña electoral que se avecina anuncia violencia, Honduras, un país insignificante en la política internacional, entró de lleno en la campaña del Partido Demócrata, que aspira dentro de pocas semanas a llevar a Hillary Clinton a la Casa Blanca.

Cuando la candidata Hillary Clinton anunció el 22 de julio a Tim Kaine como su compañero de fórmula para la Vicepresidencia, el nombre de Honduras ocupó espacios en las primeras planas de medios nacionales e internacionales. Justo cuando el país se hunde en el mayor de sus deterioros, y cuando todas las decisiones fundamentales se vinculan con hilos extraños a la identidad e intereses de la sociedad hondureña, más cerca se encuentra Honduras de los Estados Unidos. Cuando se avizora la campaña electoral más polarizada y destructiva en Honduras, más hilos la vinculan a la política de los Estados Unidos. 

Kaine, senador por Virginia y uno de los responsables de política internacional en el Senado estadounidense, declaró que su compromiso político sería impensable sin su experiencia de trabajo con sectores pobres a comienzos de los años 80 en este remoto y macóndico rincón de la costa norte hondureña que es El Progreso. “Esa experiencia me marcó -dijo Kaine en varias entrevistas-. Hay dos amores que dan fuerza a mi vida: el amor de mi familia y el amor a El Progreso, donde trabajé con los pobres y con los jesuitas”. Periodistas nacionales e internacionales se aparecieron inmediatamente por esta caliente y polvorienta ciudad de El Progreso buscando declaraciones de los jesuitas.

Días después de su selección para la Vicepresidencia, el 13 de agosto, “The New York Times” publicó un reportaje realizado por la periodista Sonia Nazario, Premio Pulitzer, en el que quiere asentar la idea de que Honduras dejó de ser el país más peligroso del mundo para ser el más seguro gracias a la política desarrollada aquí por el gobierno de Estados Unidos. La crónica de la periodista se enfoca en la “Rivera Hernández”, una zona al noreste de San Pedro Sula, el sector más violento de la ciudad más violenta del país y del mundo.

Nazario, quien un par de años atrás escribió un libro sobre el drama de los migrantes de Centroamérica en ruta hacia el Norte, destaca en su texto los magníficos resultados que han tenido las políticas estadounidenses para reducir la violencia en la turbulenta zona de la “Rivera Hernández”. “Hace tres años -así comienza su escrito- Honduras tenía la tasa de homicidios más alta del mundo, San Pedro Sula tenía la más alta del país y el vecindario “Rivera Hernández”, donde 194 personas fueron asesinadas o apuñaladas hasta la muerte en 2013, tenía la tasa de homicidios más alta de la ciudad. Decenas de miles de jóvenes hondureños viajaron a Estados Unidos para pedir asilo y alejarse así de la violencia de las pandillas y de los narcotraficantes”.

“Este verano -continúa- regresé a la “Rivera Hernández” para encontrarme con una reducción significativa de la violencia, en gran parte gracias a los programas desarrollados por Estados Unidos, que han ayudado a que los líderes de las comunidades combatan el crimen. Al tratar la violencia como una enfermedad contagiosa y transformar el ambiente donde se propaga, Estados Unidos no sólo ha ayudado a hacer que estos lugares sean más seguros, también ha reducido los problemas que padecían”.

Este reportaje en un diario de tanta influencia en Estados Unidos tiene la clara intención de abonar a la campaña de Hillary Clinton, destacando los éxitos de la política de seguridad de Estados Unidos en nuestro país. Y de paso, apoya también la campaña de Juan Orlando Hernández, pues la periodista no deja de referirse a la estrecha alianza de Washington con el gobierno hondureño, dedicado hoy a asentar su reelección en el imaginario nacional como el mejor camino para proseguir con la “Vida Mejor”, uno de los ejes de su propaganda.

Es así como la campaña demócrata Clinton-Kaine y la campaña reeleccionista de JOH aparecen vinculadas, usando ambas a los más pobres, particularmente a los jóvenes y niños víctimas de la violencia o en situación de riesgo social.  Mientras JOH usa a la gente miserable como fuerza proselitista a través de decenas de programas asistencialistas, políticos de Estados Unidos usan al país más miserable y violento del continente para probar que pueden gobernar “pacificando” a los violentos.

“Vamos por más cambios” dice uno de los eslóganes de Juan Orlando Hernández, copiándose del “Vamos por más victorias” uno de los de Daniel Ortega y su esposa en la vecina Nicaragua, de donde la pareja presidencial hondureña copia el ejemplo para avanzar hacia la concentración de poderes y decisiones personalistas.

“Honduras ya dejó de ser el país más violento del mundo. Ya no es ni el primero ni el segundo ni el tercero ni el quinto. Hay países vecinos que nos han quitado el puesto”, suele decir el Presidente, refiriéndose a la violencia que se ha apoderado de El Salvador con la intensificación del conflicto entre maras. Y ese logro --así lo cuenta a sus lectores Nazario--, es fruto del apoyo de las políticas de seguridad que Estados Unidos desarrolla en nuestro país.

En el marco de esas políticas uno de los programas es el de “Prevención de Violencia”, que se viene impulsando a lo largo y ancho de todo el territorio nacional. Entre sus componentes están los llamados “barrios modelo” y “colonias modelo”, lugares conflictivos en donde elementos del gobierno de Estados Unidos establecen alianzas con gobiernos locales y con instancias del Ministerio de Seguridad y de otros ministerios con el propósito de intervenir en esos espacios construyendo parques y lugares de recreación, mejorando la infraestructura pública y las instalaciones de salud y educación e instalando postas policiales con sus respectivas unidades motorizadas de patrullaje.

Las alianzas no las hacen sólo con los gobiernos locales, también con otros sectores de la sociedad civil, con patronatos e iglesias. A nivel nacional el programa ha establecido una buena relación de cooperación con la Alianza por una Sociedad más Justa (ASJ), instancia desde la que Estados Unidos impulsa otros programas relacionados con investigaciones, derechos humanos, incidencia y fomento de la democracia.

El programa “Prevención de Violencia” parece tener una línea específica vinculada a algunas iglesias evangélicas para diseminar mensajes religiosos que incidan en la población. Quien recorra Honduras con ojos avispados observará que son muchos los muros y paredes de todas las ciudades del país que tienen escritos mensajes religiosos. Algunos son citas textuales de la Biblia, otros son citas que se atribuyen a textos bíblicos, pero que han sido glosados con redacciones más atractivas. Son centenares, quizás miles, los mensajes pintados por doquier.

Tienen un mismo formato, un mismo estilo, un mismo tamaño de letra, los mismos colores y todos llevan los créditos de la iglesia evangélica “Iglesia Renacer”, lo que indicaría que esa iglesia tiene una notable capacidad para desarrollar una publicidad masiva… o tal vez se trata de una “iglesia de maletín” que está dando cobertura a la estrategia de la política de seguridad del gobierno de los Estados Unidos bajo el programa “Prevención de violencia”.

La periodista Nazario conoce perfectamente que Estados Unidos está metido hasta el tuétano en la política hondureña y que es el principal respaldo con el que cuenta el gobierno de Juan Orlando Hernández. Sabe también que Washington dejó de confiar en sus aliados tradicionales en Honduras, lo que incluye al gobierno de Hernández, al que trata con desconfianza, pero al que sigue apoyando al no tener otros sectores a quienes respaldar.

Honduras se ha convertido hoy para Estados Unidos en un territorio en emergencia por razones de seguridad. El masivo fenómeno de niños migrantes no acompañados ejerció una gran presión en Estados Unidos para que la política de seguridad que ya se venía desarrollando con fuerza en nuestro territorio adquiriera tintes de emergencia.

La avalancha humana rumbo al Norte se considera una “crisis humanitaria” y eso requiere de políticas de seguridad, que se están implementando actualmente, tanto en Honduras como en la ruta que recorren los migrantes. Crear barreras de contención políticas, legales, sociales, policiales, militares y sicológicas para detener el masivo éxodo de hondureños y de centroamericanos hacia Estados Unidos es uno de los objetivos de Washington, que ha sumado a la contención otras estrategias, entre ellas la captura y extradición de capos hondureños del crimen organizado y del narcotráfico, la prevención de violencia en barrios y colonias del país y el apoyo a nuevas generaciones de políticos que releven a los viejos aliados tradicionales, tan salpicados de corrupción y de vínculos con la delincuencia.

¿Es tan cierta la “pacificación” de la “Rivera Hernández” en San Pedro Sula de la que habla Nazario? Sus habitantes lo dudan. Siguen caminando por esas calles, trabajando en ese lugar y durmiendo en sus mismas casas con un miedo idéntico al que tenían hace tres años. Conocen los mismos datos de muertes macabras que hace tres años. Y sienten las mismas amenazas de las bandas juveniles y de la policía que sentían hace tres años.

Al menos en una de las fotografías que ilustra el texto de Nazario aparecen niños de padres asesinados en ese vecindario, de cuyas muertes el gobierno no ha dado ninguna cuenta, manteniéndolos en la más absoluta impunidad porque existe la fundada sospecha de que esos crímenes los cometieron personas o grupos directamente vinculados a autoridades policiales. Mostrar las fotos de esos niños, hijos de esos padres, como prueba de la “pacificación” es una grave falta de ética.

El texto de Nazario es propaganda electoral para Hillary Clinton, quien en 2009, cuando era Secretaria de Estado, no condenó el golpe contra el Presidente Manuel Zelaya, sino que dio a los golpistas ventajas sobre la delegación que representaba al gobierno defenestrado en las rondas de diálogo que se desarrollaron en aquella dramática coyuntura.

El carácter apologético de ese texto coincide también con el proceso de implementación de la Alianza para la Prosperidad aprobada por el gobierno de Estados Unidos para Honduras, El Salvador y Guatemala, un proyecto que ha despertado críticas y cuestionamientos, tanto en Centroamérica como en Estados Unidos. En la coyuntura electoral estadounidense el Plan encaja con el interés del Partido Demócrata de mostrar su compromiso con una política pro-migrantes, para distanciarse de la xenofobia del candidato republicano Donald Trump.

Pero, ¿es la Alianza para la Prosperidad un proyecto pro-migrantes? El discurso que acompaña esa Alianza insiste en que para detener la migración es necesario impulsar procesos de transformación en los países de origen, reduciendo la violencia con programas de educación y creación de empleos, calculando que eso no sólo detendrá la migración, sino que llevará a las sociedades centroamericanas del Triángulo Norte a respaldar la presencia interventora de Estados Unidos en la región.

750 millones de dólares son los recursos que destina la Alianza para los tres países centroamericanos, cantidad ridícula cuando se compara con las remesas que los migrantes hondureños enviaron a Honduras en 2015: casi 3 mil millones de dólares. Contrastar ambas cifras deja al descubierto la falacia de un proyecto que se publicita como un enorme apoyo para el desarrollo de Honduras, cuando sabemos que el trabajo de los más pobres es en verdad la “alianza para la prosperidad” de las familias más pobres de Honduras. Lo que necesita nuestro país, entre otros, son programas que promuevan que los fondos millonarios de las remesas no acaben engrosando las cuentas de la reducida élite empresarial del país.

Otra información que no encontramos en el texto de Nazario es que la educación en los centros escolares de la “Rivera Hernández”, de acuerdo a las informaciones recabadas en esa misma zona periférica sampedrana, la están impartiendo policías identificados por muchas personas de ese lugar como responsables de asesinatos y desapariciones de jóvenes. Es mucha la gente de ese lugar y de otros muchos lugares de Honduras que conoce de los vínculos de la institución policial con redes criminales. ¿Cómo hablar de “pacificación” si se entrega la educación a quienes son responsables de la “limpieza social” que tanto horror ha causado en ese barrio?

En Honduras persisten las señales de que la “limpieza social” -asesinatos que quedan impunes de jóvenes a los que, sin ninguna prueba, se les supone delincuentes-sigue vigente en barrios y colonias populares de las principales ciudades del país. Sabemos también que el 58% de los fondos destinados a Honduras en la Alianza para la Prosperidad serán destinados a programas de seguridad, entre ellos “pacificar” por vías militares y policiales y adoctrinar a niños y jóvenes. Será, pues, una “pacificación” sostenida en la fuerza y el miedo.

Hablemos un poco más de Tim Kaine, el candidato demócrata a la Vicepresidencia de Estados Unidos. Es, efectivamente, amigo de los jesuitas, y cuando habla de su experiencia en Honduras en 1980 y 1981, cuando colaboró con las obras sociales de los jesuitas de El Progreso, trasluce franqueza y honestidad.

En febrero de 2015 Kaine visitó de nuevo El Progreso. Actuó con mucha espontaneidad al encontrarse con los jesuitas y expresó su convicción de que la inversión en la educación de la juventud pobre y sin oportunidades es condición indispensable para el desarrollo integral de toda sociedad. En esta visita de Kaine se evidenció nuevamente como una persona buena y moralmente responsable. Pero en el engranaje institucional al que pertenece, el que sostiene el poderío de ese imperio que es Estados Unidos, se diluye su bondad personal.

Lo comprobamos cuando nos visitó en 2015. La visita fue concertada en noviembre de 2014 entre el senador y un sacerdote jesuita que lo visitó en su oficina en Washington. Unas semanas antes, su oficina envió la agenda que seguiría el senador, en la que destacaba un encuentro con los jesuitas y con sus obras sociales, por expreso deseo de Kaine. Sin embargo, sólo unos días después la agenda fue redefinida por otra oficina, vinculada al Departamento de Estado y a la embajada de Estados Unidos en Honduras. En esta nueva agenda las prioridades eran encuentros formales con las autoridades, imponiéndose así los intereses del gobierno más poderoso del planeta sobre los planes y deseos personales de Tim Kaine.

Por eso, aunque Tim Kaine conoce muy bien que el Presidente Juan Orlando Hernández usó fondos del Seguro Social para financiar su campaña política, un auténtico crimen en un país con un sistema de salud tan precario, y sabe también de los vínculos con el crimen organizado de oficiales de la Policía, del Ejército y de funcionarios muy cercanos al Presidente de la República, no pudo dejar de saludar amablemente al mandatario hondureño en Tegucigalpa y de recibirlo cordialmente en Washington.

Como senador, Tim Kaine ha realizado muchas obras buenas en su país y ha vivido su carrera política con probada honradez. Y cuando hace referencia a los años que vivió en Honduras siendo muy joven, siempre hace referencia a las lecciones de humanismo que recibió aquí de la gente más pobre.

Quisiéramos haberlo escuchado en alguna ocasión referirse al negativo papel que jugó en nuestro país el gobierno de Estados Unidos en los oscuros años 80, cuando Washington, bajo el gobierno de Reagan y en nombre de la doctrina de la seguridad nacional, convirtió nuestro territorio en plataforma desde la que hacer la guerra contra la revolución nicaragüense y las guerrillas de El Salvador y Guatemala.

Ni siquiera le hemos escuchado referirse a la desaparición en septiembre de 1983 de su compatriota, el sacerdote estadounidense Guadalupe Carney, víctima de un operativo combinado entre militares hondureños y estadounidenses. No ha acompañado tampoco a los familiares de Carney, también compatriotas suyos, que durante muchos años han realizado infructuosamente esfuerzos para conseguir del gobierno de Estados Unidos alguna información sobre el lugar donde quedaron sus restos.

¿Cuál será el comportamiento de Tim Kaine si llega a ser Vicepresidente de Estados Unidos? Con lo que ya sabemos del senador y del país que representa podemos especular que buscará hacer cosas buenas en beneficio de la población más pobre de Honduras, de Centroamérica y en general de los países empobrecidos del planeta. Por eso, probablemente influirá para que aumente el presupuesto de organismos como la AID, enfocados en programas de asistencia en educación, ayuda humanitaria, desarrollo local y beneficios a pequeños y microproductores y empresarios.

Seguramente, Kaine apoyará iniciativas orientadas a beneficiar a miles de migrantes latinos que ya estén en territorio estadounidense y propondrá leyes que dignifiquen a esa población, tan discriminada por su origen y por su estatus de “ilegales”. Velará también por la ampliación de las libertades públicas y los derechos sociales de todos quienes integran la sociedad de Estados Unidos.

A la vez, Kaine guardará prudencial silencio ante las políticas militares de la Casa Blanca y mantendrá una estrecha relación con el Comando Sur, especialmente en sus proyectos para México y Centroamérica, aunque cuidando que se respeten los derechos humanos. Mantendrá buenas relaciones con los gobiernos de América Latina, especialmente con los centroamericanos, respaldando políticas de ayuda bilateral que fomenten el desarrollo social y económico y fomenten a las medianas, pequeñas y microempresas, enfatizando que la ayuda de Estados Unidos incorpore mecanismos de fiscalización y transparencia en el uso de los recursos. Seguramente será firme en combatir la corrupción y en fortalecer las instituciones de justicia para erradicar la impunidad y tendrá como prioridades el respeto a los derechos humanos, el Estado de Derecho y la celebración de procesos electorales legitimados por la transparencia y la observación internacional.

Y, aunque se interesará porque surjan nuevas generaciones de políticos que sean auténticos servidores públicos, trasparentes en el uso de los recursos públicos, seguirá manteniendo las mejores relaciones con las élites empresariales y políticas de la región latinoamericana, particularmente con las de Centroamérica y México. Honduras no será la excepción en ese mundo de “las mejores relaciones”, aunque Kaine se esmere en beneficiar a los sectores hondureños empobrecidos con los que han trabajado los jesuitas y que tanto contribuyeron a moldear su compromiso social.

¿Será así, se comportará así Tim Kaine? Sea lo que fuere, no hay duda de que Honduras, un país empobrecido por políticas definidas siempre afuera, sin contar con la inmensa mayoría y, con frecuencia, en contra de esa inmensa mayoría, ha entrado en la agenda electoral del Partido Demócrata en el momento en que se fortalece la reelección de Juan Orlando Hernández.

En marzo de 2017 se elegirán los candidatos de los partidos políticos que competirán en las elecciones generales de noviembre de 2017 y los “éxitos” de la “pacificación” que lleva a cabo el gobierno de Estados Unidos son uno de los activos de la campaña reeleccionista de Juan Orlando Hernández. Él lo sabe y por eso hace jugadas tan contradictorias como eficaces. Se compromete en Ginebra a retirar al Ejército de las calles, a donde lo envió a garantizar la seguridad ciudadana. Agudiza el cuestionamiento a los altos jefes policiales para dejar puertas abiertas para que la Comisión de Depuración creada al calor de sus intereses vaya debilitando la institucionalidad policial y envíe al desempleo a centenares de policías. Pero en los últimos días de agosto crea dos nuevos batallones de la Policía Militar del Orden Público, mejor conocida como la Policía Militar a la Orden del Presidente.

Todos estos movimientos los realiza Juan Orlando Hernández mientras va recubriendo de legalidad su reelección. En la tarea de controlar todas las instituciones nacionales y en la de retorcer leyes para darle legitimidad, lo alienta la experticia de Daniel Ortega, que ha hecho igual en Nicaragua. En él ve Hernández que, cuando se logra tener en las manos todos los hilos de un país, se logra no sólo, reelección tras reelección, sino también un régimen familiar.

El equipo de Juan Orlando Hernández boicoteó la iniciativa de la sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, que indicó que debía realizarse un plebiscito para que la población decidiera si quería o no la reelección. Y en agosto, con artimañas, el Presidente logró que la Corte pusiera fin al debate con esta formulación “El asunto de la reelección es cosa juzgada”.

La reelección del Presidente se ha convertido en motivo de inestabilidad y de confrontación. En las campañas que se avecinan confluirán las polarizaciones, amenazas, violencias y agresividades acumuladas en la sociedad hondureña en las últimas décadas. Se prevé una campaña violenta y peligrosa, en la que la reelección será detonante de muchos conflictos.

Las redes sociales ya lo anticipan. En los últimos días de agosto, a raíz del lanzamiento de Xiomara Castro, esposa de Mel Zelaya, como pre-candidata por el partido LIBRE, las amenazas de muerte contra dirigentes de ese partido proliferan en Twitter y Facebook, donde aparecen rostros de personas reales esgrimiendo armas pesadas también reales. Se amenaza también a través de mensajes y llamadas telefónicas. ¿Qué pasará cuando inicien las campañas?

Las vísperas, ya violentas, están indicando que la fiesta electoral será una guerra entre el sector de la extrema derecha hondureña, liderado por el Presidente y una oposición sin más vertebración que la frágil coincidencia en el rechazo de su reelección. Con un proyecto tan extremista como el del sector reeleccionista podría esperarse que los diversos sectores sociales opositores estarían firmemente unidos en un proyecto común. Pero no es así. Ni siquiera dentro del partido LIBRE existen líneas articuladoras sólidas. Tampoco las hay entre LIBRE y los otros partidos de oposición.

Es de esperar que ante la ausencia de una oposición política partidaria vertebrada, crezca la conciencia organizativa y movilizadora de los diversos sectores no partidarios que, desde las luchas territoriales y por temáticas específicas, articulen un esfuerzo nacional en contra del proyecto autoritario de Juan Orlando Hernández, ya que un esfuerzo centrado únicamente en el tradicional proselitismo electoral redundará inevitablemente en dar legitimidad a la reelección presidencial.

Articular los esfuerzos contra el extremismo neoliberal, expresado en el extractivismo, la privatización de los bienes comunes y los bienes públicos y las alianzas público-privadas que imponen las corporaciones transnacionales, es lo único que podrá enfrentar en mejores condiciones esta nueva coyuntura electoral, conduciendo a visiones de mediano plazo y a los cambios profundos que Honduras necesita.

 

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