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Radio Progreso
Rossel Montes

Rossel Montes

Historiador hondureño.

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El autoritarismo es un fenómeno que campea en todos los sectores de la vida nacional, tanto así que desde el golpe de Estado de 2009 y la ruptura del orden constitucional, la ilegalidad y todo tipo de violación al moribundo Estado de derecho es la cuestión más normal en nuestra cotidianidad. El bonapartismo, para usar un término marxiano (Marx) ha disuelto los tentáculos de la violencia partidocrática, vernácula, corrupta y de toda la maquinaria opresora del Estado; y no hay movimiento popular que se le oponga. La pregunta es ¿cómo es posible que no hayamos aprendido de la historia? ¿Cómo es posible que se destruya un Estado de derecho de forma autoritaria como se solía hacer en los tiempos del militarismo? Cuestión que ha estudiado mucho la socióloga Leticia Salomón, ahora defensora del autoritarismo de la rectoría universitaria. 

Desde los inicios de la Reforma universitaria y el Grito de Córdoba, la lucha por la construcción de una educación superior incluyente y que acuerpe a la mayoría de los sectores de la población, ha sido una lucha permanente de los sectores democratizadores y de los movimientos sociales en América latina. Hay que recordar que la Reforma universitaria de 1918 se opuso a una concepción clerical y a una concepción medieval-colonial de la enseñanza universitaria. Para estos años estaba en vigencia ya el modelo primario-exportador y las reformas liberales ya habían introducido las ideas de la ciudadanía y positivismo como forma de organización societal, aunque esto de forma tímida, ya que el liberalismo político desde su orígenes, tiene elementos radicales en sus fundamentos ontológicos y sociológicos de cómo se debe organizar la vida social y las relaciones intersubjetivas, pero que no pueden ser concretizados. La reforma universitaria irá en sintonía con el evolucionismo imperante a lo Herbert Spencer y las teorías antropológicas de finales del XIX e inicios del XX. 

Una nueva amenaza apareció para la vida social y el Estado, y la universidad, a saber: el neoliberalismo. El neoliberalismo pregona la privatización de todos los espacios de la vida social, achicar el sector público para así maximizar las ganancias y “liberalizar” el mercado. En este sentido tiene toda la razón Atilio Borón, el mercado le ha ganado la partida a la democracia, convirtiendo a la lucha democratizador en una mercancía más, y los procesos universitarios no han escapado al neoliberalismo salvaje. El caso de nuestra universidad “autónoma” UNAH no ha sido la excepción. La universidad está siendo objeto de un proceso de mercantilización, tecnocratización y burocratización exacerbada sin precedentes. Según la sociológica Leticia Salomón, la actual rectora Julieta Castellanos, ha coadyuvado a la construcción de la “Universidad del siglo XXI, a lo que yo llamo “La concreción de la totalidad” o una especie de demiurgo de la razón burocrática y autoritaria. Se neutralizó al sindicato, se neutralizó a los docentes, solamente no se ha neutralizado al movimiento estudiantil, al que sin embargo se le ha criminalizado y estigmatizado de forma brutal. El MEU, y la lucha por la democratización de la universidad es un movimiento legítimo si se ve desde un punto de vista de la teoría de la democracia, un movimiento que tiene como argumentos la recuperación del espacio universitario y de enseñanza como un bien público, un espacio donde se creen la condiciones para la creación expedita de la filosofía y la ciencia. El neoliberalismo y la burocracia rectora de la universidad solo ponen en evidencia la incapacidad de poder dirigir y solventar la actual crisis universitaria y de llevar a cabo un verdadera Reforma universitaria y no a la obsolescencia de la educación como diría Manuel Castells. El MEU tiene claras las cosas, que si se sigue cosificando y mercantilizando el proceso educativo superior en unos cuantos años no quedará universidad y educación gratuita, laica y pública; y se estaría negando hasta los mismos postulados del viejo liberalismo cuando estos países se conformaron como Estados-nación. Así como lo fue Kronstadt en la revolución rusa el último bastión de democratizar la revolución, el espacio universitario es el campo de lucha que le está dando lecciones de cómo se lucha por la democratización, inclusión y la pluralidad. La lucha por el sector público y contra el neoliberalismo es una lucha de vida o muerte, es de todos lo que deseamos una sociedad más juta e incluyente. 

La estupidez insiste

Albert Camus

No se necesita ser un gran ilustrado, un teórico, un sociólogo o un fenomenólogo (Husserl) para poder entender algunos aspectos de las causas principales del porqué nuestro querido país “Honduras” se encuentra en el escenario histórico-social actual. Cualquier ciudadano, ya sea obrero, campesino, lector promedio con una mínima conciencia sabe que la corrupción institucionalizada y su familiar cercano: la impunidad, son los factores principales que detienen el avance sistémico-económico del país. Para los historiadores es nuestra herencia colonial como dirían Stein S.J. y B.H. Stein en su libro   “La Herencia Colonial de América Latina”. Los males que causan los corruptos, pérfidos, léperos, deshonestos, ladrones, idiotas, retrógrados, imbéciles, vende patrias y faltos de conciencia y amor por nuestro país se notan de forma directa en los imaginarios concretos de la vida cotidiana de nuestra sociedad.

La destreza para robar es impresionante, los grandes malabares de una corrupción institucionalizada como forma de vida, profundiza los eternos males de una burocracia con raíces profundas que son la causa directa de que tengamos un deteriorado sistema de salud, un deteriorado sistema de educación, una pírrica inversión social, un capitalismo y un burguesía de las más atrasadas de la región sin un plan de desarrollo de acumulación de capital al estilo clásico, en pocas palabras, nuestra burguesía es algo peor que una lumpen-burguesía en palabras del sociólogo y economista André Gunder Frank. 

Las palabras del parlamentario Jari Dixon de que Honduras es una sociedad podrida es acertada, tan acertada y tan cierto que hasta llego a sentir escalofríos mientras pienso en los altos niveles de pudrición y corrupción del sistema actual, que su único motor de subsistencia es la misma corrupción, alejándonos de los grande valores como : la ética, la moral, el amor patrio, la fe en el progreso, la solidaridad, y el amor al prójimo, es decir la Otredad como lo decía Emmanuel Levinas ( Filósofo Francés) La realización de mi Yo está ontológicamente relacionado a la realización el otro, entonces entramos en la dimensión de lo ético. La vuelta a la ética y la moral, son las cosas a las cuales debemos volver, no sólo para filosofar, no sólo para teorizar, sino, para volver a la ruta de la humanización, autonomía y  la construcción de ciudadanía y del hombre nuevo: el hondureño nuevo.

La corrupción institucionalizada inhibe la posibilidad de construir una cultura democrática (Isonomía) , una cultura de la solidaridad y la otredad, mina cualquier posibilidad de despegue socio-económico; interrumpiendo los proce sos históricos a los cuales hace mucho tiempo, desde los tiempo de la confederación y la reforma liberal deberíamos estar encaminados a saber: al desarrollo, el progreso, humanismo y la búsqueda permanente de una sociedad integral.

Es cierto que hay un nuevo escenario político: la llamada Oposición política, la coalición entre varios partidos, que a mi parecer son lo más cercano que existe en el sistema político para democratizar el sistema de partidos y frenar los viejo vicios de los partidos vernáculos y retrógrados: EL bipartidismo.

Se dice que el bipartidismo ha muerto, eso no es cierto del todo, la forma del bipartidismo a muerto, pero existe de forma potencial, ha mutado en el bonapartismo y autoritarismo del peor cuño, no visto desde los tiempo de la dictadura caristia y las dictaduras militares de los 60s y 70s. 

La oposición ha demostrado ser un buen dolor de cabeza para la derecha recalcitrante pero no basta hacer cambios desde el parlamentarismo. El movimiento social está agotado, el movimiento de las Antorchas parece agotado y se ha evaporado y no se ve otras formas de protesta social. El FNRP parece totalmente inhibido y controlado, las viejas fuerzas del movimiento popular de hace una década han desaparecido y no se ve otro ente democratizador que el parlamentario.

¿Qué hacer? Se preguntó Lenin en 1903 ante una sociedad Rusa sin un movimiento obrero politizado e ideologizado. Para los que saben de historia, sabemos que esto cambió, el movimiento obrero se organizó y tumbó a una de las monarquías más antiguas del viejo mundo. 

Mientras los corruptos saquean Honduras, los indicadores de la violencia se disparan, la violación de los derechos humanos, los escuadrones de la muerte se mantienen latentes, la educación se privatiza y se deteriora. El País se hunde en la peor pudrición  cancerina de todos los tiempos.

Tal vez una revolución esté a la vuelta de la esquina como lo ha aseverado Salvador Nasralla, alguien que no es un radical, y eso hace curioso tal aseveración. Se siente niveles de indignación altos, potenciales, no praxiológicos aun, pero en cualquier momento, pueden devenir en explosión. Los grandes países han surgido de las grandes crisis, Honduras no será la excepción, si, habrán bajas, pérdidas y dolor. Pero así es la historia. Así es el combate por la historia, donde se define lo social-histórico, la existencia y la ética.

Jueves, 09 Febrero 2017 09:17

Oposición política y democratización

El contexto político, socio-económico y constitucional se ha vuelto oscuro, sombrío y cavernario. Un ambiente político de violación sistemática de los derechos humanos, ataques contra la prensa, asesinatos selectivos contra luchadores del medio ambiente y persecución política. Esto sin mencionar los elevados índices de criminalidad alcanzados en los dos últimos gobiernos, aunque es un proceso, es algo que definitivamente y objetivamente se ha agudizado recientemente.   Honduras se ha convertido en un tipo de experimento de todo tipo; la experimentación es a todos los niveles: un escenario económico que ahuyenta la inversión, pero que deja que el modelo neoliberal y el anaco-capitalismo se afiancen, lo que ha ocasionado una pauperización de las clases trabajadoras y las clases medias. 

Hemos visto que el gobierno autoritario  de Juan Orlando ha avanzado de forma aplastante y abrumadora como una gigante aplanadora que ha diluido todo un sistema y Estado de derecho, y todo esto sin oposición, porque en un país con una oposición y un movimiento social activado, definitivamente el Juanorlandismo no sería la maquinaria anti-democrática y bestial que es.  Sus objetivos son claros: perpetuarse en el poder sin el más mínimo pudor y de la forma que sea. ¿Su visión de país?: destruir Honduras, sangrarlo y drenar las arcas del Estado. Ya sabemos los bestiales e inhumanos casos del Seguro social, y no hay maquinaria que pueda juzgar a los verdaderos culpables. Honduras es como un feudo, un circo. Lamentablemente.

Ante los vaivenes del reformismo que “trata de luchar” contra el sistema desde su mismo terreno, cosa que no ha dado tanto resultado como quisiéramos, se ha creado la llamada “Oposición política” LIBRE, PAC,PINU y algunos Liberales conscientes han creado, lo que yo llamaría, la última posibilidad, o bastión de democratizar los senderos de este país. Así como lo fue la rebelión de Kronstadt en Rusia, la cual fue aplastada por los mismos Bolcheviques, la oposición política tiene en sus manos el destino del país. 

Las oposiciones políticas representan unos de los grandes aciertos de madurez política a la cual un sistema partidario o conjunto de partidos podría llegar.

La oposición tendrá el papel de crear los grandes debates teórico-prácticos, debates que deberían darse en el Congreso Nacional, pero el autoritarismo es el que manda en las agendas ahí.  Definitivamente que a las grandes decisiones solamente se llega por deliberación, y esa es una de las virtudes de la democracia, incluso de la democracia burguesa, que a pesar de ser partidocracia, es producto de procesos revolucionarios y en esencia la democracia es emancipadora y no esclavizadora.

La oposición política y el contexto político actual son idóneos para que ésta le demuestre al gobierno que hay otra forma de crear política,  más allá del clientelismo y las viejas formas de hacer política, sí, la vieja política vernácula y gastada que aun en pleno siglo XXI se ve, tanto en viejos como jóvenes aspirantes a cargos públicos. Enseñarle a la ciudadanía que el gobierno y oposición  son parte de dos extremos, una dialéctica de un solo mandante y soberano a saber: la sociedad civil y como diría Rousseau, Bobbio, Sartori y el mismo Marx, AL PUEBLO SOBERANO.

Demostrarle al pueblo que los partidos políticos no solo son formas de alcanzar el poder para enriquecerse y destruir el mismo sistema político, sino que son canales de para construir ciudadanía, solidaridad, justicia y una democracia más sana. La verdadera democracia que nos merecemos.

Estamos ante el dilema al cual Lenin se vio envuelto en la revolución Rusa de 1905 ¿Qué hacer?  Ellos hicieron una revolución, fallida. Sí, pero de ahí surgieron los Soviets, órganos de autogestión obrera. Democracia pura. Nosotros estamos ante el dilema de ¿Qué hacer? Nosotros no haremos una revolución, más bien solo podríamos hacer iniciar una ola de reformas que llevaran a la instauración de una Asamblea Nacional constituyente, que ya sería un gran logro, en nuestro contexto, casi revolucionario.

 El valor de la oposición está en su capacidad de saber nuclear en su seno a todas las manifestaciones de descontento y las conciencias políticas e históricas que se han logrado con la maduración de la ciudadanía para entender los asuntos de su propia vida cotidiana y política. Ante las enbestidas del gobierno y el sistema la oposición deberá luchar por erradicar o minimizar la corrupción y democratizar el sistema político.  Ante el despotismo de la reelección presidencial, se debe consultar al pueblo si está de acuerdo o no, sobre la instauración de una asamblea constituyente y así hacer las debidas reformas legislativas y políticas.

La oposición no haría su trabajo si no demuestra en la práctica que existe otro camino, el camino del debate serio, científico, teórico, abierto y democrático. La oposición será el canal de democratización porque nucleará la opinión pública y será la posibilidad de crear una verdadera cultura democrática. 

 

Tegucigalpa 4 de febrero de 2017

Lunes, 09 Enero 2017 13:58

La lucha electoral y la lucha de masas

Desde el surgimiento del movimiento obrero y su lucha por arrancarles prerrogativas al capitalismo salvaje del siglo XIX,  la lucha de masas y la lucha electoral y legislativa estuvieron juntas, solo hay que recordar al movimiento británico de los Cartistas de los cuales habló Engels en su texto sobre el movimiento obrero británico.  Marx elogiaba el espíritu del capitalismo y de la burguesía al mismo tiempo que denunciaba las contradicciones ineluctables del sistema, contradicciones que llevarían a la estructura a su autodestrucción. Sigue sin ocurrir tal destrucción, al contrario, el capitalismo se ha adaptado y ha mutado a formas jamás pensadas por el barbudo y genio de Tréveris. 

Las revoluciones burguesas del siglo XIX sentaron las bases para el parlamentarismo y el surgimiento de los modernos partidos políticos tal como lo estudiara Robert Michel y Maurice Duverger en el siglo XX.  Marx nunca vio con buenos ojos al liberalismo del que escribía maravillas Stuart Mills, dicho liberalismo que ya se preocupaba por la incorporación de la mujer en la dinámica de la ciudadanía, al menos en Europa y de forma formal. Ya sabemos que el feminismo liberal era tan recortado y tímido que tuvo que ser suplantado por el feminismo de la segunda Ola y el socialismo ruso (Rosa Luxemburgo, Alexandra Kolontay).

Para los clásicos del socialismo la lucha electoral debía ir acompañada de la lucha de masas, tal fue el caso del apoyo de Marx a la Comuna de Paris, primer experimento de democracia directa que tuvo un infructuoso desenlace. De ahí Marx teoriza sobre la posibilidad de la creación de un gobierno de los trabajadores, de una democracia directa. Aunque en Marx hay un planteamiento confuso, por una parte plantea una democracia directa o gobierno de autogestión y desarrolla la oscura teoría de la Dictadura del proletariado; teoría que era contrapartida al liberalismo y sus formalidades representativas y gubernamentales.  A pesar de lo que diga Atilio Borón, en polémica con Norberto Bobbio, sobre la creación en Marx de una filosofía política, la discípula de Lukács,  Agnes Heller nos confirma que realmente y en sintonía con Bobbio, el barbudo de Tréveris nunca desarrolló una teoría política explicita sobre el poder, y la sociedad o forma de gobierno que suplantara a la democracia formal burguesa.

Para Marx la lucha electoral solamente era una metafísica mística, un malabar para engañar a los obreros, cuestión que Lenin aceptaba totalmente.

Rosa Luxemburgo nos dice en su texto Huelga de masas, Partido y sindicatos: Quienes se pronuncian a favor del método de la reforma legislativa en lugar de la conquista del poder político y la revolución social y en oposición a estas, en realidad no optan por una vía más tranquila, calma y lenta hacia el mismo objetivo, sino por un objetivo diferente. En lugar de tomar partido por la instauración de una nueva sociedad, lo hacen por la modificación superficial de la vieja sociedad.

La luchadora y teórica del partido socialdemócrata alemán, sabía de la importancia de la lucha legislativa y la lucha de masas,  se vivía en la sociedad burguesa, pero no se podría claudicar totalmente al sistema, de ser así la revolución de 1917 liderada por los Bolcheviques jamás se hubiese dado, y la fallida revolución alemana de 1919 donde Rosa fue asesinada; y  ninguna de las revoluciones ulteriores.  Estamos ante un dilema radical de las izquierdas, una izquierda reformista que hace mucho renunció a cambiar el sistema y que su única ideología es la sumisión al sistema y adoptar una forma parasitaria pro capitalista y, por otro lado una izquierda revolucionaria pero que se encuentra anquilosada en sus postulados del siglo XIX, una izquierda radical transformadora pero que es talmúdica y cuasi religiosa en sus formas de aprehender la fenomenología y la ontología del movimiento histórico.

El viejo reformismo parece ante el nuevo reformismo como una radical concepción de la política, que no se ve otra cosa que el electorerismo y las Urnas como un fin en sí mismo, y el reformismo vergonzoso varía de país a país. En America Latina el reformismo da avances y retrocesos, parece golpear a la derecha pero parece que desmoviliza a las masas de forma abrumadora. Entonces, estamos en esa disyuntiva, de no ser tan sectarios y apoyar de forma relativa a los movimientos electoreros y  también aceptar y criticar la cruza realidad que estos movimientos han desmovilizado de forma monstruosa a los trabajadores. Caso emblemático es la Revolución bolivariana, un experimento muy llamativo de la posibilidad de cambiar la vieja democracia formal plutocrática por una democracia más representativa y participativa, llegando a radicalizar la democracia en sectores que antes la vieja democracia no había llegado, a saber, la economía.  Que los trabajadores sean los directores de las empresas y así crear una economía de autogestión. A lo más que ha llegado la Revolución Bolivariana ha sido a aplicar un tímido desarrollismo y políticamente una aplanadora bonapartista suigéneris.

El viejo reformismo era un apéndice del sistema y de la burguesía, y de alguna forma terminó traicionando al movimiento obrero, pero aun así era mucho más combativo que el reformismo actual.

El caso de Honduras es crónico y muy ejemplar. La algarabía electoral parece que no solo emociona a la derecha y a muchos jóvenes, sino a personas con alguna conciencia social desarrollada y una mediana o alta formación política.  El silencio en el movimiento político de la izquierda reformista, en este caso Melista, es horrorosa; ya no se habla de forma misteriosa del Frente de resistencia nacional, de paro cívico y de lucha de masas. El golpe de Estado desencadenó una lucha contra el Golpe que su fuerza solo se equiparaba a la de la Huelga del 54. Pero una vez más el movimiento fue traicionado. Los pactos entre élites, pueden llegar a detener el avance y los cambios.

No estamos en contra de la lucha electoral, pero los métodos y la idea del electorerismo como fin en sí mismo, es una idea tan aberrada que es nauseabunda y deprimente para un país que está sumido en el caos y en un gobierno represivo, violento, narco, y violador de todos los derechos humanos.

Como dice Zizek, no tendremos la gran revolución,  no habrá los grandes cambios, pero a pesar de eso, se pueden señalar los límites del sistema.  Realmente es una opinión desalentadora, pensar que no habrá revolución, estas siempre vienen cuando el sistema está caducando, cuando la estructura sobrepasa a la superestructura y no corresponde no más a su forma tal como decía Marx en su prologo a la Contribución a la crítica de la economía política.   Necesitamos una izquierda que se rearme teóricamente y piense de forma dialéctica ( Marx)  de forma lógico-imaginativa ( Castoriadis) y analéctica ( Dussel).

¿Será mucho pedir?  Repensar la dialéctica lucha electoral-lucha de masas es un imperativo categórico en la actual coyuntura histórica. No podremos sobrepasar los límites del caduco sistema solamente usando las herramientas que el sistema ofrece, por cierto herramientas que están monopolizadas de forma casi totalitaria. Entonces ¿Qué hacer? ¿Seguir en lo mismo? ¿Ir al mega fraude?

Cada uno debe luchar desde su trinchera, el militante revolucionario radical, desde su partido de cuadros, el aspirante a una diputación, la luchadora feminista, el clérigo comprometido con el evangelio concreto e histórico y todo ciudadano que desee una sociedad superior y mejor que la actual. La lucha electoral es una vía, pero el camino de mayo es la meta.

Viernes, 11 Noviembre 2016 09:54

La reelección y el contexto político actual

América latina se está debatiendo en en las actuales coyunturas políticas sobre los procesos constitucionales sobre las posibilidades de apertura en las muchas veces caducas constituciones las reformas para la reelecciones políticas, en algunos países ya se ha creado las condiciones para la reelección como los son Venezuela, Colombia, Ecuador. El argumento tradicional que gira en torno al tema, es que es un derecho humano y político y que debe reflejarse en la modernización del derecho constitucional liberal. En américa Latina a finales del siglo pasado estuvo plagado de dictaduras militares, lo que dio inicio a decir de Samuel Huntington y Guillermo Odonnel, la “Tercera Ola” en America Latina. Lo que fueron los procesos de democratización en la zona, dejando atrás las férreas dictaduras militares y así darle cabida a la democracia representativa de partidos según los postulados del liberalismo clásico y el neoliberalismo que ocupaba las famosas libertades elementales para desarrollar la explosión de los mercados, que no era otra cosa que los programas de ajuste estructural, globalización de  los procesos productivos, destrucción del sector público y privatización exacerbada.

En ese sentido las constituciones liberales sellaron la posibilidad de cualquiera intento de perpetuación del poder político. No fue distinta la historia de nuestra constitución de 1982, creada para no permitir la perpetuación en el poder y el continuismo; se crearon los artículos Pétreos los cuales dejan muy en claro que todo aquel que intente perpetuarse en el poder entra en la categoría de traidor a la patria y mecánicamente debe ser hecho preso por tal acto.

Antes del Golpe de Estado perpetuado contra el gobierno de Manuel Zelaya en 2009 este desde el ejecutivo se propuso la creación de una cuarta urna, en la que el pueblo soberano y la ciudadanía, por vez primera iba a decidir sobre el rumbo de los acontecimientos político-constitucionales de la nación.

EL proyecto de la cuarta urna propuesta por Manuel Zelaya fue obstaculizado de forma abrupta por un clásico golpe de Estado, el cual dejó sumamente dividido al país. La crisis política dejó severas pérdidas económicas y una polarización social e ideológica muy marcada. El golpe de Estado para algunos analistas y sociólogos como Eugenio Sosa, fue un parte aguas que inicio un nuevo comienzo en los movimientos sociales en Honduras, los cuales estaban digamos, algo dormidos, los viejos movimientos sociales que habían surgido en la Huelga bananera, luego los que agrupaban a la Coordinadora nacional  y El Bloque popular, fueron sustituidos por un nuevo movimiento social mucho más amplio y heterogéneo a saber: la resistencia contra el golpe de Estado y luego simplemente la resistencia y su brazo electoral El partido Libre.

Los debates sobre la reelección se han intensificado en la actualidad debido a  que el partido nacional y su “caudillo” más representativo, el señor del ejecutivo, Juan Orlando Hernández, lo trajera a la palestra pública y se iniciara una guerra por justificar la creación de toda una maquinaria política y jurídica para implantar de forma totalitaria y bonapartista la reelección presidencial. El partido nacional, que históricamente ha sido una institución política de carácter férreo, con medidas autoritarias desde su surgimiento como fracción del partido liberal a inicios del siglo XX.  Ha deteriorado severamente la institucionalidad, socavando lo poco que queda de la democracia republicana y sistema de partidos.

Las consecuencias de la reelección presidencial en el contexto actual.

En tan solo dos periodos presenciales el partido Nacional ha devenido en un bonapartismo suigéneris para usar un término usado primero por Marx y ahora por los Trotskistas (George Novack, Democracia y revolución) , es decir, es un gobierno que aun no ha caído en la dictadura abierta, pero que se caracteriza por usar elemento de autoritarismo, dicho fenómeno fue analizado por Herbert Marcuse para la segunda guerra mundial y el ascenso del fascismo. El Bonapartismo suigéneris no destruye el parlamento pero lo mantiene neutralizado y es el hombre a caballo decía Marx el que manda, en nuestro caso, es el “Hombre de Lempira” el que tiene controlado todos los poderes del Estado, tanto así que en tan poco tiempo quedan pocos vestigios de institucionalidad en el país. Las leyes practicamente son adornos en la vida social, los derechos humanos son una entelequia y quedan evaporados en la telaraña de esta trágica novela, que es la realidad Hondureña

La alternabilidad en el poder aseveran constitucionalistas, politólogos y teóricos de lo social,  podría ser una ventaja en el desarrollo de nuestras frágiles democracias formales. El poder político se ejerce de forma totalmente vertical y en países donde existe una débil institucionalidad, los procesos de reelección solo coadyuvan a crear sistemas políticos monolíticos, partidocracias y poliarquía ( Robert Dahl) .

El país parase secuestrado por una banda de delincuentes que están vinculados a los más vil crímenes: narcotráfico, tráfico de influencias, saqueo de instituciones, malversación de fondos, privatización exacerbada y la aplicación del más monstruoso neoliberalismo que hasta Milton Freedman quedaría absorto ante tanta medida y trancazo contra  la vida económica y social de la mayoría de hondureños que están pasando por un proceso de pauperización económica.

Los procesos reeleccionistas al parecer ya son vistos con normalidad en el panorama político de América latina, pero estos funcionan relativamente bien, ahí donde existe una fuerte institucionalidad y los índices de corrupción política no son estratosféricos y casi cósmicos. Donde los niveles de impunidad son bajos y se respeta el Estado de derecho. La reelección propuesta actualmente sólo es el capricho de la podrida oligarquía que actualmente nos gobierna. Que nos ha sumergido en la peor crisis institucional, socio-económica  de nuestra historia reciente.

La democracia hondureña se fortalecerá cuando otro tipo de poder político resurja y otro tipo de cultura democrática se ejecute, y la irrupción de otra ciudadanía que proclame la libertad y autonomía.  La actual alienación, enajenación y heteronomía usando un término de Cornelius Castoriadis, sólo serán superados con el cambio social.

 

Por: Rossel Montes

La corrupción es un tema candente, que quema en las llamadas democracias representativas, en Europa, en América latina, en EEUU. Es un mal endémico que corroe las instituciones desde adentro y debilita el buen funcionamiento de los aparatos del Estado.  Es bien sabido que ninguna sociedad ha podido eliminar de una sola vez la corrupción institucional, solamente se ha llegado a delimitar su margen de maniobra, creando instituciones fuertes, que puedan contrarrestar el cáncer de la corrupción.

Honduras es un tremendo caso, tal es el asunto que hasta en universidades de EEUU son objeto de estudios nuestros “ilustres” y “doctos” políticos, expertos en evadir la justicia y salir siempre librados, darse el lujo de llevar una vida como de millonario a costa del erario público, tomar café en algún Mall y sentirse un ciudadano totalmente honesto, que hasta parece que compran la dignidad. Y así, Honduras es un país tan corrupto que los ladrones de cuello blanco compran la justicia y caminan como reyes intocables.

La corrupción ha llegado a niveles nauseabundos en términos casi sartreanos. La náusea de soportar una ciudadanía apática, un Estado paquidérmico, ineficiente, obsoleto, saqueado, una clase política limpen-oligárquica parafraseando a André Gunder Frank en su tremendo libro Lumpen burguesía, lumpen desarrollo, donde el sociólogo y economista argumentaba que el desarrollo socio económico era proporcional a la clase de dirigente que dicho país tuviera. 

Honduras es la de nunca acabar, parece que el horizonte y los derroteros es el no cambio social, otros son más optimistas, otros más pesimistas, mientras esperamos la justicia interna, la inoperancia de los contralores de justicia. Honduras está indignada, ahora algo congelada, una indignación potencial, que no se torna en una verdadera fuerza social, un movimiento social que no es capaz de hacer retroceder las políticas nefastas neoliberales, asesinas y saqueadoras del actual gobierno. Mientras Honduras se desangra de masacre en masacre, el partido Nacional parece que no tiene oponente que lo pare, que le haga la contraparte, ni siquiera en el Parlamento, donde ellos son los que mandan a través del fraude y la oposición simplemente no puede hacer casi nada. 

Salimos de escándalo a escándalo, el escándalo del saqueo del Seguro de Seguridad Social de 300.000 millones en el claro ejemplo de que el Estado de derecho y los órganos de impartir la justicia hace mucho tiempo dejaron de tener su razón. Honduras ya ni siquiera es una democracia representativa y ha devenido en una plutocracia de las más enfermas, enfermando consigo a una sociedad entera. 

Un alto grado de deformación moral y ética que corroe por todos los caminos de la sociedad hondureña, sin dar indicios de que poder enderezar dicho mal. Sin duda la clase política hondureña hace mucho perdió toda forma de ética mínima, de hecho casi nunca la han tenido, tal vez hubo momentos en los cuales algunos políticos aislados llegaron a tener algún tipo de moral o amor por su patria. 

La evaporación del Estado de derecho y la instalación de la impunidad exacerbada como una forma de ser del Estado de Honduras solo será superada con un parte aguas, primero con la instalación de la CICIH (Comisión internacional contra la impunidad en Honduras) , luego con la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente, proyecto planteado por el partido LIBRE, luego que se rompiera el orden constitucional en el golpe de Estado en 2009. Hay que aceptar que la propuesta de la asamblea constituyente es el proyecto más ambicioso y radical y a mi parecer el más apropiado y correcto, sobre todo si se desea refundar el Estado fallido de Honduras desde sus cimientos. Como dice el profesor Víctor Meza; Honduras es un país de una excesiva normativa, cuestión que ya la aseveraban los ilustrados revolucionarios franceses. País con leyes, pero no de leyes. 

Honduras es un país potencialmente rico, con una riqueza natural y humana como ningún otro. Como decía el profesor Castoriadis: lo imaginario instituyente termina haciendo su trabajo y destruye las viejas instituciones obsoletas que son un obstáculo para el surgimiento de un nuevo orden social. Lo imaginario de lo histórico-social termina imponiéndose.

 

 

Por: Rossel Montes

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