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Radio Progreso
Hector Flores

Hector Flores

Pooeta y gestor cultural

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Miércoles, 21 Febrero 2018 09:02

Otro Pozo para Honduras

La historia del Aguán se cuenta de llegadas. La llegada de los primeros pobladores, la de la transnacional bananera, la de la reforma agraria. La de los centros regionales de adiestramiento militar contra insurgente, la del crimen organizado, la de los narcotraficantes, la del lavado de activos y ahora la del soborno político. Es decir, al Aguán llegamos todos y todas con intenciones distintas. Y lo curioso es que mientras en otras latitudes la gente migra, al Aguán siguen llegando. Hoy llegan campesinos y campesinas en busca de tierra, obreros en busca de empleo, saqueadores internacionales en busca de los bienes naturales y, por su puesto, narcos para hacer sus rutas y operaciones militares con su estela de sangre. Recientemente nos informan la llegada de un Pozo (cárcel de máxima) con las que se impone el miedo a los opositores al gobierno.

Solo a las mentes perversas en el gobierno se les puede ocurrir una cárcel como solución a una crisis de injusticia social como la que hay en el Aguán. Porque, en el fondo, y lo debe saber el mundo entero, no es la cárcel la que a ellos les importa, sino el terror que infunde y la impunidad que les permite la presencia de esos monumentos a la tortura para actuar contra los defensores de derechos humanos, opositores de su forma de gobierno, comunicadores sociales alternativos que se oponen a su pacificación violenta y corrupción desmedida. 

Son tan bestias que prefieren llevarle una cárcel a mi pueblo en vez de la universidad que siempre hemos exigido. Por años las jóvenes y los jóvenes abandonamos el hogar, pagamos alquiler, vivimos entre extraños, por que el Estado no ha querido cumplir con su obligación de ponernos una universidad en Tocoa. Muchos jóvenes se quedan sin estudios superiores, terminan como mano de obra barata aún con el potencial para ser profesionales exitosos o trabajando entre palmeras, y en el peor de os casos enfilándose en el crimen organizado por que sus esperanzas educativas no permiten otras opciones de superación. Pero para el energúmeno gobierno una cárcel de máxima impunidad - en la Tocoa de mis amores - sigue siendo más importante que la oportunidad de estudiar para los jóvenes de mi pueblo.

De fondo la propuesta de construcción de la cárcel en Tocoa responde a tener una excusa para negársela a los campesinos, un grupo que desde hace unos meses intentan reclamarla para procesos de reforma agraria. Esos mismos, que, en los últimos días, han sido parte permanente de la resistencia pacífica del Aguán en contra del continuismo que Juan Orlando impone. De manera que al saberlo sus opositores prefieren una cárcel de máxima impunidad para someterlos, a una tierra libre para trabajar y vivir con dignidad.

La responsabilidad de todos y todas en el Aguán - y de Tocoa en particular - es defender el territorio y no permitir la construcción de esa cárcel. Todos y todas debemos saber que esa cárcel destruirá la poca esperanza que nos queda. El partido Nacional es un asco cuando tiene el poder y esto debería ser suficiente elemento para convencer a los que todavía apoyan las acciones de ese partido que tienen que abandonarlo. Algunos se están quedando en evidencia, porque diciendo que aman a Tocoa hoy han salido en defensa de esta atrocidad que nos quieren imponer. Sin duda lo peor que le puede pasar a Honduras en su afán democrático es la existencia de este partido y ante la posibilidad de una sociedad civilizada y garante de derechos un nacionalista con poder es la peor amenaza a la humanidad. 

El amor a Tocoa y al Valle del Aguán nos exige coherencia. Se hace menester poner resistencia y defenderlo de esta vergüenza que se nos impone con el nombre de El Pozo III. Esa tierra de Zamora que ayer exponía el poder del narcotráfico y la muerte como una forma de gobierno debe, de ahora en adelante, ser la puerta a la sabiduría, la ciencia y el desarrollo humano que permite la educación de calidad con una universidad pública y competente y no, como quiere Juan Orlando, una cárcel de máxima impunidad en donde reina la muerte y se socava la esperanza.

El título es apología a un fragmento del discurso de Juan Orlando Hernández, el día que se instaló de facto como presidente de Honduras. Pero dentro de la estructura y la forma de proceder del Partido Nacional, decires como ese no deben ser entendidos como una ligereza, como una reacción nerviosa, como un dicho aislado. De forma frecuente el Partido Nacional instala, a partir del discurso, sus proyectos malévolos, que muchas veces no escuchamos a tiempo por hacer changoneta de lo que públicamente expresan y que son sus ambiciones internas. Por eso cuando vi por muchas veces el video de la entrevista al señor Marcial Solís – Ministro de Educación – y sus comentarios me he preocupado por la ligereza de las reacciones ante esas palabras y por la simpleza con la que él las expone.

“Hay de cifras a cifras”, respondió y con ello se fue por la tangente ante el señalamiento de falta de pupitres, que puede ser también precaria infraestructura e inexistencia de establecimientos educativos en muchas zonas del territorio nacional. El asunto de fondo detrás de esa frase es lapidario. Es restar importancia a la educación y poner énfasis en los pozos (cárceles de máxima seguridad) – por ejemplo – en donde las cifras sí cuentan. Es confirmar la desproporcional distribución del presupuesto nacional en donde la Secretaria de Seguridad recibe más que las de bienestar social, sin que los resultados en materia de seguridad sean efectivos. De manera que para el gobierno es más importante una cárcel que un lugar para que los jóvenes aprendan el buen vivir y eviten la comisión de delito. 

Tiene razón el señor Solís cuando expresa que en países donde el modelo educativo es avanzado los niños y niñas se sientan donde quieren, pues ese modelo experimenta distintas facetas pedagógicas para el aprendizaje. Pero no la tiene cuando hace esa comparación con Honduras. Acá los niños se sientan en el suelo por que no tienen donde, reciben clases en galeras – cuando pueden - porque no hay escuelas y cuando se acuestan boca arriba es por hambre, por que desmayan o por que buscan engañar al estómago, no porque tengan un iPad para aprender.

Efectivamente el modelo educativo tiene que ser flexible y necesitamos romper con muchos paradigmas que hay en el concepto y praxis educativa. Romper con la idea privatizadora que expone el gobierno nacionalista y que amenaza con dejar sin educación a la inmensa mayoría pobre de Honduras. Con la falacia de la educación por competencia vendida como calidad, que solo sustenta la mano de obra barata y limita el pensamiento y la formación del sujeto de derecho, capaz de decidir su destino. El modelo educativo debe despolitizarse, dejar de ser una plataforma para pagar favores políticos y, sobre todo, garantizar la formación docente y las condiciones pedagógicas, para que el proceso de enseñanza-aprendizaje sea pertinente, eficaz y adecuado a las condiciones de dignidad que demandamos los hondureños y las hondureñas: los que estamos en Honduras y no con el ministro de educación y el Partido Nacional.

Yo creo como usted, señor Ministro, que en este nuevo paradigma educativo efectivamente tenemos que ser creativos e innovadores. Tenemos que serlo en la capacidad expedita de encontrar la forma de elegir funcionarios, en los despachos educativos, que se asuman desde su condición de hondureños por Honduras y no de políticos por su partido. Creativos en la readecuación del currículo para que ponga las bases de un proyecto de país y no de empresas que buscan lucro con la educación. Creativos en la generación de espacios pedagógicos en donde el Estado pone los recursos y el docente las habilidades, pero la respuesta es en función de la dignidad soberana y no de antojo de un proyecto desencarnado e inhumano. 

Efectivamente debemos innovar y una acción primera - concreta - es frenar esa campaña violenta de pacificación por la vía militar que con su gobierno - señor ministro – nos imponen. Pacificación cuya intencionalidad es obligarnos a aceptar un fraude y un modelo de sociedad corrupto y voraz, que valiéndose de la educación destruye nuestro estado de bienestar social, socaba nuestros derechos ciudadanos y cercena la verdadera idea de independencia, desde la propia experiencia de aula con los niños y jóvenes. 

Si realmente a usted le interesara que Honduras ostentara un modelo educativo como el de Finlandia, usted señor ministro, sería el primero en oponerse a la carrera armamentista y violenta que promueve su presidente. Sería el primero en denunciar la criminalización de la juventud, las muertes arbitrarias de estudiantes ejecutados después de hacer señalamientos contra el gobierno. Sería usted el abanderado en la demanda por un mejor, mayor y efectivo presupuesto para la educacion nacional y el primero en condenar el excesivo presupuesto a la seguridad que, en Honduras, solo sirve para reprimir al propio pueblo que demanda responsabilidad en quienes se presumen sus representantes.

Cuando usted señor ministro se decida a asumirse en la tarea de defender a la gran mayoría en vez del proyecto político de este Partido Nacional, usted tendrá mi compañía, mis esfuerzos y desde luego toda la creatividad que me sea posible al servicio del proceso emprendido. Por ahora solo me resta decirle que espero recapacite y cambie la versión de su discurso, eso que dijo fue tan bajo e indigno, como cuando su presidente se atrevió a comparar su versión de Honduras con Disney o la primera dama aseguró que sus hijos jamás se irían mojados. Con su permiso.

Jueves, 08 Febrero 2018 15:59

Hipocresía global

Ya nadie puede entender una sociedad sino es desde su carácter global. En esa mirada el modelo capitalista actual se presenta como la plataforma inalienable del modernismo, modernismo que se mide desde esa cultura de lo global ante puesto de forma violenta a lo local. Todo, desde luego, con un claro enfoque de estigmatización en la que lo humano se reduce a mercancía y lo local a subdesarrollo. Sin embargo, cuando se globaliza la hipocresía los daños son peores e irreversibles para los pueblos, y los pueblos, sometidos a regímenes y relaciones hipócritas terminan revolcándose en su propia desgracia detrás de una oferta global de que saldrán de ahí tarde o temprano, aunque en la actualidad sea realmente nunca y no temprano, ni tarde.

En el caso hondureño la hipocresía global se expresa en los decires de la comunidad internacional y las respuestas o acciones que desde ésta se asuman para con la política continuista, represiva y asesina que impone a Juan Orlando Hernández como presidente de Honduras. Desde 1992 con el gobierno de Callejas y la llegada oficial del neoliberalismo como política de gobierno, al golpe de Estado del 2009 como respuesta a un discurso ideológico y el fraude continuista del 2017 que mantiene el régimen actual, el discurso de la comunidad internacional no ha cambiado, su doble moral, su hipocresía global no ha cambiado.

Del discurso internacional nos llega el llamado a la paz, pero también las armas para la guerra. Las armas que le arrancan la vida a las personas en las manifestaciones son negociadas, compradas y algunas veces donadas por esos gobiernos que internacionalmente discursan para la paz y nos invitan a buscar esa paz como salida al conflicto bélico que como pueblo nos sacude. Es decir, mientras para la señora Fulton (encargada de negocios de la embajada de los EEUU) nuestro país es importante para su gobierno, Donald Trump (en su condición de presidente de ese país) nos recuerda – recientemente – que nosotros, es decir este pequeño país no somos sus amigos y tampoco somos importantes. Es decir, en el mismo discurso de un país, para poner un ejemplo, la hipocresía global habla para favorecer la vorágine extractivista y por la otra ese mismo gobierno se desmarca de la responsabilidad política que tiene para con el deterioro de las sociedades en las que intervienen.

De lejos las sociedades modernas nos llaman a defender los recursos naturales, pero se niegan a admitir nuestra propuesta de asumirlos como bienes comunes innegociables. Cuidar el planeta - nos dicen - pero al mismo tiempo promueven las empresas extractivistas de saqueo sobre los territorios, criminalización de la defensa social y la cultura e identidad de los pueblos. Condenan la muerte de Berta – por poner un ejemplo – pero igual siguen financiando las empresas mineras, las hidroeléctricas y silenciándose ante la financiación que los bancos del mundo hacen a favor de estos proyectos.

La hipocresía es tan grande que mientras se habla de hacer mundo en la práctica cotidiana se reduce ese mismo mundo. América Latina no es noticia si esa noticia no es Venezuela o narcotráfico. Lo global en realidad nos invisibiliza y nos despoja. Así, por ejemplo, mientras se hace eco de las crisis en oriente medio se ocultan las agresiones que los mismos pacificadores en aquella región imponen con violencia en América, el triángulo norte por decir algo.

En fin los más de 30 muertos en la represión de las luchas, los más de mil perseguidos, encarcelados y enjuiciados de conciencia y los desaparecidos no son responsabilidad única del ignorante y descerebrado militar (hijo de pobres) que disparó el rifle sino - también - de los oficiales que ordenaron, de los empresarios y su empresas que la financiaron, del gobierno que los institucionaliza y de la comunidad internacional que los invisibiliza y se acomoda en la práctica con las acciones represivas que hemos y seguiremos viviendo. Siguiendo esa lógica de los ejemplos acá podemos citar el tema de la ley que regula los contenidos de las redes sociales. Mientras las corporaciones internacionales comunicativas se jactan de ser la voz del mundo en Honduras, este pequeño pedazo de suelo que habito, la palabra se arrebata y al que se resiste se le mata.

Por eso en estos tiempos de desesperanza y violencia es menester pensar de nuevo el camino que hemos de seguir. Lo es por que, en el escenario actual, cuando todo parece perdido, debemos entre nosotros darnos la fe y la confianza de que lo ganado hasta ahora, como es el caso de poner en evidencia la corrupción que sacude al Estado, es mucho más importante que todo lo que se pudo haber perdido por la incapacidad de anteponer intereses colectivos ante algunos muy particulares. Lejos está el problema de resolverse y más lejos la posibilidad del pueblo de rendirse. Hoy son otros tiempos y ante la hipocresía global que se nos vende emergen las pequeñas acciones dignas con las que los pueblos, desde su misma realidad de pueblos, reclaman como suyas para la reconstrucción de la nueva sociedad.

Miércoles, 18 Octubre 2017 13:07

Una cuota más del cinismo electoral

Seguramente usted es uno de los que saludó efusivamente el mediático acto de Juan Orlando Hernández y el centro penal de San Pedro Sula. Y no se preocupe, no fue el único o la única. Muchos caímos justamente en la red que ellos lanzaron, olimos la carnada y mordimos el anzuelo. Hoy creemos que es una gran acción, que el gobierno corrupto que dirige Juan Orlando es una buena opción y que merece la pena considerarlo en las elecciones. Ellos son unos encantadores de serpientes y usted qué tipo de serpiente es.

Sacar el presidio de la ciudad pudo ser un buen acto, de hecho, hasta pienso que era necesario. Pero hacerlo ahora, con el cinismo electoral por razón, por la ambición al poder, sin importar las y los otros es realmente indignante. Juan Orlando y su caravana de medios de comunicación montaron este show no por usted, ni por su seguridad. No por San Pedro Sula y su derecho a la paz, sino por el padrón electoral, por los votos, por seguir en el poder. Los nacionalistas demostraron - con este acto de aprovechamiento del subconsciente colectivo – que están en la escala más baja del cinismo, la hipocresía y la escoria de las instituciones político/partidistas de la modernidad. 

El problema de la seguridad no se atacó solo lo cambiaron de lugar. Cuando Juan Orlando trasladó los privados de libertad con ellos envió el problema de San Pedro Sula a las demás ciudades o pueblos aledaños, a donde fueron transferidos. Acaso los demás pueblos tienen menos derechos que San Pedro Sula, acaso la seguridad de las ciudades pequeñas es menos importante que la de San Pedro Sula. Acaso el gobierno no le apuesta a la solución del problema y no solo a maquillarlo y disfrazarlo para que no se vea. Como mucha otras veces Juan Orlando y sus medios de comunicación nos quieren ver la cara de estúpidos y algunos, ingenuamente, se los hemos permitido.

Igualmente, los traslados son puras conveniencias según el nombre y el peso político del implicado. Por ejemplo, cuanta información importante sobre el crimen organizado y los criminales vinculados se va a confundir con los escombros de esa demolición. Va pues, sin tapujos, que ocultan tras esos traslados y a quienes beneficia ese acto – para muchos heroico – de cerrar la casa del crimen sin más investigación que la ridiculez de las armas nuevas presentadas en los medios, que hasta se parecen a las mismas incautadas en otros centros. Por qué hay condenados - en esos traslados - que deberían estar en El Pozo, pero como pertenecieron al partido Nacional y financiaron al partido nacional los dejaron en los centros penales cercanos a sus territorios de influencia. Pero los hijos de los pobres, los violentos hijos de los barrios violentos que parió esta miseria violenta que el violento partido Nacional siembra van lejos, por que ellos dignos hijos de la miseria, serán miserables hasta el último día de su vida, excepto cuando el partido Nacional los ocupe para la reelección. 

Cambiar el problema de lugar no hace - sino – que mi enferma mente haga memoria y forme especulaciones terribles, como las masacres en las cárceles que en gobiernos nacionalistas fueron ejecutadas y siguen impunes. Para entonces lo que hicieron fue mover los privados de libertad, juntarlos y meterles fuego. Pero la comunidad internacional se les vino encima y fue muy escandaloso. Entonces hoy encontraron una vía más fácil, en ves de quemar privados de libertad incendian pueblos y lo hacen lentamente. Y por ende como normal. Si ayer - ante la barbarie del calcinamiento de los privados de libertad - muchos nos llamamos al silencio, ellos saben que ahora, con la violencia trasladada en las rejas, no diremos nada, sino que les celebraremos como bueno el daño que nos hacen. Y si no me cree mírese y pregúntese cuanto usted celebró ese acto vulgar de vendernos gatos por liebre con el centro penal sampedrano.

Chaco de la Pitoreta.

Miércoles, 27 Septiembre 2017 13:45

Cortar el mal de raíz

Siempre supuse que jamás eran de fiar, que son el peor gasto de un país y que su existencia es el inicio de un fracaso estatal. Gobierno que invierte en militares está condenado a la guerra, sociedad que sustenta su desarrollo en la disciplina militar termina siendo esclava de quien la debió liberar. Los militares no constituyeron – hasta ahora – ninguna esperanza para los pueblos, al contrario, son la suma de muchas desgracias que pesan sobre la historia social como huellas de dolor y de muerte. De esto habla, por ejemplo, la historia pasada y reciente de Honduras. Sin embargo, no aprendemos, dice un refrán popular que el ser humano es la única criatura que mete la pata en el mismo agujero una, dos y muchas veces. Y nosotros los hondureños y hondureñas, con el asunto de los militares, la hemos metido muchas veces. 

Han sido los militares a lo largo de la historia hondureña los que dieron los golpes de Estado. Los que montaron la más larga dictadura (la de Carias) y los que sembraron el terror y la muerte en las décadas 60,70, y 80. Fueron los militares - con sus uniformes y armas pagadas por el pueblo - quienes asesinaron el cuerpo buscando silenciar la palabra. Los que mataron la posibilidad de una sociedad mejor y justa, los que se vendieron a los grandes conglomerados internacionales y finalmente los que se prestaron para la guerra sucia contra quienes soñaron que Honduras podía ser mejor.

Los que debieron dar estabilidad política fueron los que la rompieron, los que debieron proteger la integridad soberana la dividieron y cuando les tocó proteger la Constitución de la República, la pisotearon. Los que debieron defender el Estado de Derecho son los que doblegaron la democracia. La guerra fría de los ochentas y sus desaparecidos, los que se fueron al exilio, los que mandaron al cementerio y los aniquilados por escuadrones de la muerte en los inicios de los noventa son una muestra del horror que causa el militarismo en las sociedades. Fueron los militares quienes pintaron de sangre la historia, llenan de muerte el presente y para colmo, el señor presidente, los quiere de profesores en las escuelas donde se construye el futuro de mi gente. 

Todos celebramos la valentía del ex presidente Reina cuando les quitó el fuero y los degradó al mando civil, aquel glorioso 95, pero no fue suficiente. Debió abolirse de plano, borrarlos de la historia nacional, pues los militares han demostrado ser como las plagas invasoras que hoy se controlan, pero pronto emergen con otras fuerzas y más poder. Un ejemplo de esto es el golpe de Estado de 2009, treinta años después de autorizada la democracia y cuando todo mundo creía que eso era historia pasada. Los militares jamás, pero jamás, serán una institución de fiar y de esperanza para nuestro pueblo, ni siquiera en época de guerra.

En los últimos años los militares han vuelto con fuerza. Los enrabiaron de nuevo y los mandan a morder al pueblo, a ese pueblo que no ha dejado de soñar con una Honduras mejor. En el Valle del Aguan tienen la misión de sembrar el terror y cuidar los intereses del dinero. La gente, la que se constituye como su razón fundamental de ser, y para la que deben salvaguardar la soberanía ha sido relegada por el dinero y el poder. Y como ahí, en ese Aguan que me duele, los militares cumplen esa tarea en todo el territorio nacional donde los campesinos y campesinas quieren construir una esperanza.

Actualmente los militares, fieles a su práctica del terror y con aval del presidente de Honduras, están en todos los espacios públicos, frente a las instituciones de -Estado encargadas de algún servicio social y donde el presidente los necesita para asegurar su proyecto continuista, cuyo sustento es el miedo del pueblo. Pero su discurso es el mismo “estamos para protegerle a usted y salvaguardar a la patria”. Pero ese usted no es el pueblo es el poder económico, político, religioso, oculto y criminal que en muchos casos acá, en Honduras, suele ser lo mismo. Y se hacen el silencio ante un hecho que en el 2009 usaron como excusa para el golpe de Estado, el continuismo en el poder, la amenaza ante la posibilidad de violentar la alternancia en el poder.

La situación de Honduras con Juan Orlando Hernández es de dos vías que se hacen posibles desde una fidelidad a la doctrina militar en la que ha sido formado y por ende asume como suya. La primera va en la dirección del establecimiento de un modelo de manejo del poder autoritario y legítimamente establecido y la otra la devolución del poder a los militares que, paulatinamente lo han venido tomando, no solo desde el manejo y control de las armas y el territorio, sino desde una legislación a su favor impulsada por los tres poderes del Estado. Sin embargo, lo que realmente preocupa es que se les está dando tanto o más poder del que ostentaron en la década de los ochenta. Se está volviendo a imponer su presencia desde los medios de comunicación en donde se les inventa guerras que justifican su existencia y se criminaliza a la población para que ellos, en su corta capacidad de pensamiento, los asuman como los malos, los enemigos en su guerra inventada.

Los militares, me parece a mí, no solo son uno de los principales problemas de Honduras, sino el más importante. En ellos descansa el terror que se infunde en la sociedad y con ellos se promueve el continuismo de Juan Orlando Hernández. Enfrentamos un problema de odio generado por el bajón de rango que se les dio aquel 95 y por ende su actitud jamás será con el pueblo, por que entonces aquel presidente dijo que lo hacía por el bien del pueblo. Tanto dinero, tantos recursos, tantas ventajas sobre otras instituciones son solo la prueba del control del poder que tienen y del que seguramente ni el mismo Juan Orlando Hernández está dimensionando. 

Sin embargo, el pueblo sigue siendo el soberano. Los hondureños y hondureñas hemos de volver, enfrentar y contrarrestar ese poder. Tarde o temprano, ojalá más temprano, cuando un gobierno diferente tome las riendas del Estado, si quiere asegurar su éxito debe reafirmar, de una vez por todas, la desaparición definitiva e impostergable de las Fuerzas Armadas que no son, sino, los principales enemigos del Estado de Derecho en Honduras.

Chaco de la Pitoreta

Sábado, 23 Septiembre 2017 09:43

La tierra no se riega con sangre

La sangre derramada nunca podrá recogerse, pero se recoge la memoria, la vida y la lucha de los que mueren para rehacer la esperanza. Esperanza que en mi Honduras no es tan esperanzadora, no se ve posible, esta más lejos que la utopía. La sangre duele cuando sale del cuerpo y duele más cuando la vemos brotar de cuerpos que conocemos, pero lo realmente doloroso es la impunidad con la que esa sangre es derramada. Inicié este texto con esas palabras para hacer alusión directa al compañero José Alfredo Rodríguez, de la Panamá. Para hacer alusión a ese Valle del Aguan cuyo legado de sangre martirial, en los últimos años, es de los más grandes del país. ¿Qué hace que tanta sangre se derrame en Honduras? ¿Cuál es el origen?

Sin más preámbulos el origen de los cauces de sangre que hoy recorren Honduras está en la desigualdad social. En la histórica deuda social que tienen los Estados con las poblaciones que habitan sus territorios y en la impunidad que se impone como elemento de promoción al desarrollo. Es esa desigualdad cada vez más expresa la que hace que personas como José Alfredo y antes que él padre Lupe, Margarita Murillo, Chungo Guerra, Blanca J. Kawas, Vicente Matute, y otros y otras muchas, tengan que asumirse hasta la muerte por conseguir la posibilidad de un poco de dignidad para su vida. 

José Alfredo era un hombre de fe, lo sé yo que lo conocí en diferentes procesos de formación política que compartimos y en donde dejó siempre claro que las armas jamás serían la solución a los problemas de Honduras, pero, paradójicamente, fueron esas armas de Honduras las que le quitaron la vida. creía en la humanidad, en la presencia viva de Dios, el mismo que no estaba ese día que le dispararon. En la posibilidad de un mundo mejor para todos y todas y en una Honduras paraíso expresión del proyecto del Reino de los Cielos. Pero no bastó, no le alcanzó tanta fe para proteger su vida. De tanta fe que no solo sembraba y cosechaba el maíz – justamente lo que hacía cuando fue asesinado - sino que dejaba tiempo, de su tiempo, para sembrar el amor a Dios en los corazones y cultivar desde esa visión de mundo una sociedad más humana y digna, y lo sabe mejor mi amigo y compañero Juan López que lo conoció haciéndose en estos procesos. Cuando la sangre que llena los cauces de los criques entre las palmeras de la Panamá sale de cuerpos como el del compa José Alfredo, uno muere dos veces. Primero con la pena de la muerte que siempre duele y deja vacíos inusitados y luego con los de la impotencia que genera convulsiones emocionales capaces de inmovilizar el alma.

Es la más reciente víctima de la violencia oficial en el ya vulnerado Valle del Aguán, pero no necesariamente la última. Mientras siga la presencia militar en el valle con las asesinas armas de la operación Xatruch en todas sus expresiones y generaciones de relevo, mientras los narco-terratenientes tengan dinero y poder y los politiqueros se confabulen con ellos para repartirse las ganancias de su práctica de terror y nos llamemos al silencio los que ahora temblamos por una ley que nos vuelve terroristas, más hijos e hijas dignas de esta tierra seguirán muriendo. Mientras el Estado está coludido con la corrupción, con la impunidad y con el dinero como fin último de su misión “constitucional” menos posibilidad de hacer patria tendremos y más hondureños y hondureñas seguirán muriendo.

Mientras el monocultivo, individualista y desnaturalizado que impone la moda agraria siga imperando. Mientras la sombra y el legado de Facussé (monstruo Dinant) y su caravana de impunidad siga haciéndose ruta por esas calles de la otrora tierra de la reforma agraria. Mientras el Estado sea parte del problema y no la solución al mismo, mientras no se investigue, persiga y castigue a los responsables de tanta muerte Honduras no tendrá desarrollo, no será la nación libre, soberana e independiente que aspira ser.

Y, sin embargo, pareciera que no basta, que no es suficiente, que la sangre seguirá derramándose y la patria seguirá muriendo lento y sistemáticamente sin que nada pueda detenerlo. Hoy recogemos la memoria de José Alfredo y con ella la de los tantos y tantas que se le adelantaron en la búsqueda de un mundo mejor. La recogemos con dolor, con mucho dolor de muerte y de impotencia. Con dolor de libertad, de tierra para la cosecha, de Honduras herida y drogada. Recogemos su legado y gritamos al mundo, al indiferente mundo que sigue haciendo eco de las idioteces de los medios de comunicación, de las mentiras de Juan Orlando Hernández, de la farsa seguridad de las fuerzas militares de inseguridad. De la absurda paz que en Honduras es guerra y de la ilegalidad que acá es legal, a ese mundo indiferente le gritamos, le pedimos, le suplicamos, que miren para este lado, que acá en pleno siglo XXI la gente es asesinada, criminalizada y perseguida por pensar y luchar para vivir en condiciones mínimas de dignidad.

Chaco de la Pitoreta

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