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Radio Progreso
Melissa Cardoza

Melissa Cardoza

Escritora feminista hondureña.

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Viernes, 29 Diciembre 2017 14:40

Dictadura nunca más

Karla lara, cantora feminista.

Lo que está pasando es una insurrección popular, un alzamiento que supera las instrucciones de las dirigencias, es el rezago acumulado, la pobreza, el descontento por tanta corrupción y cinismo. Junto a esto una respuesta terrible de represión con cambios que sugieren que lo que viene será peor, como los nuevos jefes de las fuerzas armadas que son de inteligencia militar, del batallón 316 ligados a los desaparecidos de los ochenta, pero creo que la gente no va a parar y seguirá su lucha.

Hay una campaña muy fuerte por crear terror, como por ejemplo ofrecer recompensa a quien denuncie las dirigencias en los territorios, cuando digo territorios hablo también en las ciudades donde ha habido alzamiento. Estamos en un punto en que la gente ya tomó la decisión de que así va a ser por este medio de enfrentamiento a la represión, los desalojan y vuelven. Estamos mirando en la ciudad de El Progreso, entendiendo el punto de paso de la economía por ahí y eso es lo que les preocupa, la increíble militarización de este día en esa ciudad que ha hecho un papel increíble, ellos van a desalojar, pero la gente vuelve. Estamos en ese punto.

Los otros elementos que no podemos dejar de considerar es que vivimos en un país donde hay una cultura que naturaliza la violencia y donde hay muchas armas legales, creo que van a empezar a usarlas, y el hecho que una vive en la ciudad hace difícil valorar todo lo que pasa y como en todas partes, a mí me cuesta pensar en una guerra, además porque aquí estamos hablando de un ejército armado, un pueblo con piedras, y si hay gente contra JOH que puede tener armas, también hay maras armadas, carteles del narco. Muy peligrosa la situación. Pero la gente común que está enfrentando la dictadura tiene piedras y valentía, es muy desigual y por eso no se puede decir que es una guerra. Lo que impresiona es la determinación de las personas en lucha, de cipotes y cipotas que llegan a asustar a los uniformados.

¿Qué más pasa aquí en la capital?

Aquí mucha gente se enoja por los atrasos, por el tráfico, las tomas, y hay manifestaciones de agresión, pero en mucha gente observo calma, apoyo de personas en los carros, se expresan solidaridades como la gente que hace comida y agua para llevar a la toma, colaborando de la forma que puede. Las artistas y los artistas nos hemos organizado de manera muy particular, estamos haciendo música en los barrios jugando con las palabras, desafiando el toque de queda hicimos una actividad y le pusimos Toquetón, para burlarnos del teletón. Hemos hecho otros que se llaman Toque y se queda, también se transmiten por las redes sociales. Ahora hacemos otras que se llaman Queda de toque. Tenemos un espacio para comunicarnos donde hay músicos, artistas plásticos, clowns, teatristas, y se va extendiendo la convocatoria. Mañana vamos a una colonia de aquí y tenemos otras colonias en la agenda. Vamos moviéndonos y creamos un pequeño colectivo que se llama Creando en las calles que está haciendo otras cosas. Hemos hablado con gente de San Pedro y pensamos que se puede extender. El arte juega un papel muy movilizador y de mucha convocatoria.

¿La llamada para quienes nos lean?

 

A informarse, mantenerse informadas, que sepan que no estamos llamando a la OEA ni a ningún diálogo con el dictador, la gente aquí estamos alzados para que se vaya JOH. Las dirigencias deben entender la claridad de ese grito. Dictadura nunca más es muy fuerte, y como afuera es fácil que se pierda la visión por que en los medios quedan los discursos del poder, pero les decimos que mientras no escuchen que JOH se ha ido, este pueblo estará insurreccionado y esa tiene que ser la medida.

Martes, 05 Diciembre 2017 12:28

Cura de cacerolas

Nos dejaron malheridas con la primera noche del toque de queda. De nuevo de luto por gente asesinada que no conocemos y es parte de nuestras ilusiones, nos acostamos atemorizadas, insomnes, enojadas. 

Así no dura el día, no calienta el sol y la comida sabe a paste para lavar ollas. Corriendo la gente hasta para comprar una libra de queso o tomar un bus por el puro terror que provoca esta situación tan típica de los fascismos. El poder de su pólvora es difícil de evitar, sus malditas palabras repetidas en todos los periódicos se van incrustando en la piel de la tarde. Se fue poniendo gris y una llovizna fría caía sobre Tegus acompañando el ánimo.

Presa de la dictadura, una da vueltas en círculo en los espacios de siempre, con la sensación a muerte en el viento se aprieta la mandíbula, la lágrima asoma y ese sabor amargo en la boca no se quita.

La noche de luna llega y con ella la sensación de cárcel y trampa con la que nos intentan contener, aminora un poco.

Así fue la primera noche de toque de queda, tan memoria del golpe del 2009. Esta impunidad sobre los cuerpos de un pueblo tan de por sí agobiado por viejos o nuevos golpes.

Pero he ahí que, del más humilde rincón de una cocina cualquiera, entre los trastos lavados y ordenados que una mujer dejara en su lugar, una tapadera, una olla de frijoles, un sartén para panqueques, un humilde comal tortillero vinieron a salvarnos del naufragio al que nos avienta con intención una dictadura que aprieta la emoción antigua de la derrota hasta intentar devastarnos.

Trastes diarios vinieron con sus ruidos a soplar este rescoldo que tenemos en estos territorios llamados Honduras, donde la brasita de la esperanza no se apaga, aunque la machaque la bota militar.

El cacerolazo, tímido al comienzo, fiestero y alegrísimo a medida que pasaba el tiempo convocado. Hermoso ruido que rompe el mandato del tirano, que llena la ciudad donde sólo la noche anterior estallaba en sangre, con las balas de un fusil oficial, sobre el cuerpo de una joven de barrio popular llamada Kimberly, como se llaman ahora muchas hondureñas. Una entre los muchos muertos de esta dictadura que suma a los que ha venido acumulando con el neoliberalismo feroz de estos años.

Un cacerolazo necesario y sanador para decirnos que estamos compartiendo estas horas de encierro, pero no en silencio, repensándonos, curándonos del mal neoliberal, reorganizándonos para arreciar la lucha.

Hacer pública la política poniendo la ruidosa voz de los trastos como respuesta a la brutalidad patriarcal es una fabulosa estrategia que reanima porque tiene mucho de la intima sabiduría doméstica que valoramos y que sabe del orden comunitario, pues es su voluntad y lo alimenta.

Melissa Cardoza, diciembre de 2017.

Jueves, 02 Noviembre 2017 15:22

El voto feminista

¿Y las feministas por quién van a votar? La pregunta me cayó así de sopetón, mientras admiraba la habilidad de una rata por escabullirse de la lluvia que le había despojado de su escondite entre los escombros donde había algunos afiches electorales, en el patio del hospital público. Giré para mirar de donde venía la pregunta y me encontré con un compañero de espacios compartidos de quien no recordaba su nombre. Me sonrió y decidí responderle. De ahí nace, en buena parte, el deseo de hacer este texto.

Soy feminista desde hace mucho, y aunque entiendo que es un movimiento con varias décadas, puedo decir que lo conozco bastante y tengo mi propia lectura desde donde sigo llamándome a mí misma, autónoma. Alguien que hace una pregunta cómo esta supone que un acuerdo tendremos las feministas para este noviembre, y eso es porque durante muchos años hemos usado esta colectividad para acuerparnos, para protegernos, para hacer más volumen en el espacio restringido de nuestras actuaciones políticas. Y ese decirnos movimiento feminista no ha dejado ver desde fuera las enormes diferencias en el pensar y en el hacer de quienes encontramos rutas bajo ese nombre común. 

Pero cambian los tiempos, los movimientos, las maneras de nombrarse. No somos más el movimiento feminista, y nunca lo fuimos realmente, así en singular, aunque un feminismo sigue siendo el hegemónico y publicitado. Somos diversos feminismos, distintos movimientos y proyectos diferentes, (hablo de ideas y no de cooperación) y poder separarnos en posturas expresa un símbolo de madurez necesario, aunque tal vez tardío. 

El deseo de escribir este texto, al igual que el responder a la pregunta de este compañero es precisar que muchas andamos en este país viviendo una política feminista de distintos modos y el momento electoral merece decirlo. Personalmente No voto, porque no encuentro en el modelo de democracia patriarcal nada que pueda contribuir a la emancipación de las mujeres, nacidas o vividas como tales, y por tanto no me interesa, y muy al contrario lo rechazo activistamente. Considero que sigue siendo un ejercicio profundamente masculino en el que se cambian de lugar los mismos argumentos y hasta los mismos nombres y apellidos por siglos, ofertas e ilusiones que no tocan las estructuras que producen esta desesperanza en la que sobrevivimos. 

No voto porque no encuentro en ninguna de las propuestas un razonamiento ni búsqueda de un proyecto que, bien dice Breny Mendoza, rompa con la lógica colonial que nos atora en esta vorágine de miseria, tristezas y violencias, y muy al contrario lo electorero le permite “blanquearse” o reciclarse. Es decir que todos los proyectos políticos en contienda siguen siendo esencialmente racistas, sexistas y por supuesto llenos de ideas atávicas contra la libertad de las personas, mujeres de manera especial. En ese sentido toca ponerse a usar el tiempo y la inteligencia para generar o fortalecer nuestros proyectos realmente emancipadores en vez de engordar otros caldos. 

No voto porque veo con claridad el cúmulo de mentiras, cinismo y dinero que usan los políticos a su favor, legitimados por las y los votantes, que les genera privilegios muy por encima de la mayoría de la gente de este país, y pienso que los privilegios sostienen la injusticia. Los de clase como los de géneros y sexualidades. 

No voto porque me insultan las migas que ofrecen y lo poco que valoran nuestra inteligencia, y especialmente porque necesitamos conocer y usar nuestra propia fuerza para pensar y gobernarnos a nosotras mismas insistiendo en crear comunidad y materialidad, arte y espiritualidades, relacionamientos sanos, afectos y respeto, antes que confiar en representantes asalariados de cuatro en cuatro años. 

No voto

No digo a nadie si debe o no hacerlo, pero sí les pregunto y se los pregunto en serio. Me siento heredera de un feminismo cuestionador que gira la tuerca más allá de lo supuesto, y sospecha hasta del más sonriente de los y las políticos, porque ciertamente no acepto que debemos apoyar a mujeres sólo por serlo. 

Pregunto a las mujeres, feministas y lesbianas por qué votar ante el vacío de propuestas para nosotras y ausencia de ética que de sólo mirar- o más bien no mirar- las componendas y pactos salta a la vista. Pregunto a mis coterráneas por qué lo hacen, y si sólo desfallecen ante el barato chantaje de que por culpa de las no votantes tendremos más dictadura. ¿Acaso la dictadura patriarcal no está bien expresada en todos los líderes de los partidos? Por qué tendríamos que votar por hombres, que, sin distinción, cuando dicen mujeres citan a su santa madrecita o a su abnegada esposa, si no es que algún versículo de la biblia, quienes nos siguen llamando población vulnerable, pues no se les cruza por la cabeza que podemos ser sujetas políticas, desconociendo con derroche de ignorancia lo que hemos construido mujeres y feministas en este país.

Por qué votar si el candidato de la oposición, supuestamente el mejor, ilustra su ideal de mujeres con las piernas de las miss honduras, sus modelos para adornar, y los botines de futbol de los jugadores de equipos organizados por asesinos de nuestra hermana Berta, y no sólo lo hace por un empleo, sino porque son sus convicciones sobre el mundo tal como lucen sus variopintos discursos.

Escribo este texto para dejar claro que, aunque circula una agenda que dice representar a las mujeres y feministas, yo siendo feminista no estoy incluida en ella, no me interesa y me deslindo de ese espacio, pues no tengo nada que negociar con partidos, ni con maridos que representan precisamente lo opuesto a los deseos de cambio que me habitan.

Pienso que en este tiempo delicado en el que vivimos es necesario estar expresadas con nuestras ideas políticas, posicionarnos con transparencia y dejar de jugar a que somos de todos los espacios porque ahí están todas las mujeres, discurso que me parece oportunista. Cierto, las mujeres están en todas partes, pero pienso que cuando las feministas hablamos, lo hacemos desde el pensamiento crítico transgresor y no para alentamos a repetir la fallida política patriarcal experta en farsa y recicle, sea en la calle, en la casa o en la cama. Llenar de ilusiones a personas que son capaces de construir opciones dignas para ellas mismas, no es mi hacer ni lo comparto.

Muchos feminismos han ido nombrándose en estos años de lucha política, sin duda que entre mujeres de partido algunas tendrán morales intenciones, pero no juegan en su espacio ni con sus reglas y, sin embargo, aun así, lo aceptan a un costo que están dispuestas a pagar, sin bargo, deben cuidarse de no negociar en nombre de todas, porque no todas estamos ahí. Personalmente doy gracias por que se vayan nombrando otras que encuentran en el feminismo no un espacio de relacionarse con lo que muy tradicionalmente se considera el poder, sus ámbitos, sus protocolos y salarios, sino que van oteando otros horizontes y paisajes. Aun cuando en estos otros feminismos hay también repeticiones, fracasos, tropiezos y dudas.

Me junto, una vez más, a las feministas desde la raíz, que más allá de los calendarios electoreros, piensan, crean, inventan, confían en que sigue siendo urgente espolear la rebeldía, que están en este país para desinstalar discursos de poder en donde se los encuentren, y para darle contenido a nuevos pensamientos y ejercicios de la transformación de la vida. Feministas, mujeres y lesbianas con cuerpos apasionados y memorias vivas que se saben sin certezas, pero desean aventuras, y que sólo reciclan la basura de su casa.

Melissa Cardoza.

Martes, 19 Septiembre 2017 14:09

Desalojos a granel

Para mari y julio 

La luna luce hermosa paseándose sobre el cielo de Tegucigalpa, que pese a los azules policías que intervienen la mirada al cruzar la calle frente al CORE 7, no se opaca. Es la luna de este septiembre en el que las autoridades policiales, judiciales y rectorales salieron a inaugurar el mes de la patria con lacrimógenas.

Ojalá que las cipotas que esta noche duermen en una celda, la que primero limpiaron con detergente y olores florales, pudieran ver esta luna, dedicarse a una vida más dulce y divertida, enamorarse, sufrir de amores, volver a enamorarse, bailar, crear y caminar sobre esta tierra de ellas sin persecuciones, sin temores.

Pero ésta es Honduras, señoras y señores, Honduras, donde los ríos y bosques se destazan y se venden libreadas al mejor postor por quienes se enriquecen abriendo y cerrando el destazadero, donde ser ladrón para el pragmatismo común es ser vivo, humillarse es un acto de inteligencia, hacer política es un comercio como vender ropa usada y luchar es vagancia como gritan los obispos de la mentira en la tv.

Aquí, Honduras, donde en medio de la más grande pobreza y la más asquerosa riqueza, jóvenes necias luchan y sueñan sin lamentos.

Habrá acaso lugar del mundo más increíble, una abre la llave y no sale agua, paga energía eléctrica y está cortada, paga impuestos altísimos a cambio de nada, mafias y narcos gobiernan con desenfado y fanfarrias, una trata de criar niñas y las persiguen con gas y leyes, y ellas nos vienen a enseñar que dentro de una bartolina se pueden inventar canciones.

Aquí, en medio de la ignominia, donde la dictadura ofrece gas y policías, en una celda recién limpia por sus manos, que nunca limpian sus propias habitaciones, duermen cuatro hermosas guardianas de nuestras esperanzas y afuera sus hermanas y madres las esperan, llenas de miedo y luz, recordando que hace nada empezaron a balbucear y ahora dicen palabras enormes como justicia, libertad, solidaridad; ellas que apenas empezaron a dar pasitos con el miedo de las madres a los golpecitos que son nada ante lo que ahora enfrentan.

Que se acerquen los familiares dicen las abogadas, y todas las muchachas y muchachos se acercan diciendo que ahí todos son familia.

Acaso necesitamos más que decir, habrá más que podamos proponer frente al despliegue de brutalidad de uniformados contra estudiantes y defensoras de derechos humanos, o será que están esperando que nuestra rabia impaciente les permita estrenar sus armas nuevecitas.

Nos preguntamos qué hacer frente al insoportable rumor de la represión y la muerte que crece con los días, la sonrisa malvada del dictador ante su inminente fraude, los rostros de odio del círculo de ignominia que rodea a políticos, a la rectora, a uniformados, y en una celda cuatro jóvenes duermen a pierna suelta, acostumbradas a más que eso, juntándose en la desgracia, llenas de dignidad y razón histórica.

Afuera de la bartolina estudiantil, los jueces, fiscales y otros malos bichos fraguan sus destinos inmediatos, pero eso ya lo saben. Saben que vendrán las medidas sustitutivas, las expulsiones y acaso la cárcel, eso ya se sabe, la fórmula está probándose para que el resto veamos los ejemplos y sepamos bien, por si alguna se hace la loca y piensa que se puede desmontar la casa del amo con las herramientas del amo.

Los ejemplos son ellas, que han venido afilando sus prácticas, son pensadoras, debaten en asambleas, actúan, son necias y vitales, saben de hacer comunidad y de hablar en primera persona, no se doblegan, como no lo hacen las mujeres en los territorios en disputa a empresas, maridos agresores y alcaldes. Ahí está la lección, los modos, los caminos. Saben que el estado no cuida, que persigue; y se cuidan entre sí. No confunden la harina con el afrecho, dice la canción. Saben que hoy en esta tierra la democracia es un calculado negocio de patrones, seres trepadores, algún ingenuo extraviado, y bastantes patronas que rematan vidas, ríos, azules pinos.

Frente a ellas en la noche lunar, jóvenes vestidos de azul, hombres y mujeres, les vigilan, ajustan sus gases pimienta y toletes, controlan sus llamadas y sus piernas. La policía que en el último mes se ha ganado su salario a punta de desalojos y gases, en el norte, centro y occidente de este país en llamas, en medio de huracanes, van llenando las calles de Tegus, cerquita de la autónoma con aumentada presencia de patrullas en los que se lee: Servir y Proteger. El terrible sentido del humor del tirano. Ay esta es Honduras, llena de gente burlista por demás a quien el lema policial no nos provoca risa, sólo nos inflama la indignación.

Y las jóvenes presas, bueno… son la sal de nuestras tortillas.

Melissa Cardoza.

Martes, 01 Agosto 2017 13:31

Melo y la práctica de dialogar

Si una viviera en otro país, que no éste, donde la sangre se estanca en las memorias de todas las familias, los torturadores dan cátedras de seguridad y la paja se hace liderazgo a la derecha o a la izquierda con una facilidad pasmosa; una tendría que sentarse a reír a carcajadas cuando alguien afirma que Melo promueve la anarquía, el desorden, el conflicto. Pero una vive en este país, que ha dejado de reír y casi solo llora y maldice, de donde dan ganas de irse a la mierda o matarse; y entiende que si alguien dice lo que dice no lo hace desde la inocencia ni por un arrebato de rabia, sino para señalar y acusar, para poner a este hombre en la mirilla de quiénes tienen el gatillo fácil y la misma facilidad para infligir dolor y miedo.

No sólo dijo eso en sus desafortunadas declaraciones, Julieta Castellanos, además afirma que tienen los números de las placas de carros que han estado en apoyo al movimiento, sabe lo que comen, y a qué hora, es decir maneja un lenguaje más cercano a la inteligencia militar que a una decente señora académica, aún rectora, pero, en fin, las pasiones ocultas terminan por aparecer cuando menos se espera.

Pero, volviendo a Melo debo decir que en estos múltiples apoyos a su persona y a su equipo, dichos en expresiones, rezos, abrazos, llamadas quiero unir el mío. Fui invitada a escribir una columna en la plataforma de Radio Progreso, invitación en la que Melo estuvo involucrado, y respondí como acostumbro, a la defensiva, dije que era feminista radical y que a la menor censura de cualquiera de mis argumentos lésbicos, a favor del aborto, por la autonomía plena de las mujeres, contra la heteronormatividad o estas cosas que tanto incomodan a la institución eclesial (y al resto de instituciones) me iba al carajo. Nunca ha pasado tal cosa, he discutido con Melo algunas veces, menos de las que quisiera, temas difíciles, escabrosos, y sin llegar a acuerdos, o más bien en franco desacuerdo debo decir que me ha sido pedagógica la sensación de disentir con un hombre por demás sacerdote, fórmula que poco se acerca a mis planteamientos y cotidianos. Y me parece que lo aprendido tiene que ver con eso de tratar de entender algo de la otra posición, y saber que el otro también hará un intento similar, un honesto intento.

Dialogar, hacer consensos, escuchar, no son prácticas políticas por ningún lado en este país, yo debo reconocer que poco las practico, también. Acá rige la zancadilla, el chisme, el cálculo, las incondicionalidades lejanas al pensamiento crítico, las sectas, la amenaza expresa o mal disimulada y más etcéteras. No es raro, vivimos a la orilla del abismo de la muerte, en la precariedad del horror y el pragmatismo más aberrante y todo nos toca de un modo tan brutal que así respondemos, vivimos como desolladas, tanto que hasta un desacuerdo con alguien a quien queremos parece horadarnos la vida, y formarnos en la fila de las infieles.

Aún con todo esta cultura que nos ha deformado, yo he puesto en la columna de la colectividad de la Progreso, de su equipo de reflexión, mis ideas y sentimientos sin ningún tapujo, con la certeza de que si no son compartidos al menos son respetados, por eso me siento parte de su colectividad, en el lado quienes creemos en diosas diferentes.

Ese respeto al disenso está lejano a las costumbres de Julieta Castellanos que no ha logrado ni con todo su flamante staff de pensadores y pensadoras ex progres, encontrar al menos una mínima decencia en su salida de la universidad. Ella, como bien se ve no sabe quién es Melo, o sí lo sabe, y por eso dice lo que dice, todo eso hay que pensar en este ambiente de cadalso que tanto le gusta a los poderes como el de ella, y que va creciendo cuanto más se asoma noviembre.

Yo sé quién es Melo, lo suficiente para escribir estas palabras, conozco su evangelio del dios de la vida, su pasión por América libre, su voz cortada en llanto anunciando el asesinato de Berta, lo he visto en movilizaciones, en micrófonos, en actos de múltiples tipos, lo escucho tartamudear cuando llama a la negociación, a buscar puntos en común, a la comunidad de la esperanza. Lo respeto por esa escasa virtud de tener un solo fondo, de decir lo que piensa, y estar donde dice que quiere y pertenece, pese a que esos sitios no me sean afines. Conozco su compromiso con gente diversa y la manera en que se pasa por el cuerpo tantos dolores que de seguro por eso ahora le duele el suyo.

A Melo sobra quien lo proteja y defienda, tanto como quien lo quiera ver muerto o preso, grupo a quien se une la voz de Julieta Castellanos para pavimentar las avenidas del crimen en un contexto de criminales. A Melo no sólo lo protege su institución antigua y colonial, sino ese gentillal de gente con quien reza sus buenos días le dé dios, y quienes lo acompañan en sus caminos apostólicos y reflexivos.

Entiendo que su vida está en manos de una fuerza más poderosa que los casquillos llenos o vacíos de quienes apuntan a la cabeza de estudiantes rebeldes, su fuerza está en la inquebrantable fe en la palabra y en la confianza que la justicia es alcanzable intentando que no se vaya la vida del pueblo hondureño, siempre sacrificado, en ello. De esos propósitos y prácticas poco queda en este rústico país donde la burla, el suicidio y el recelo triunfan casi a diario sobre la belleza, y Melo está absolutamente enamorado de esa belleza que llamamos vida, digna vida. Eso sí que lo sé bien. De ahí mis palabras afiladas, paganas y amorosas para él y para quienes le custodiamos.

Martes, 20 Junio 2017 13:28

Summa Cum Laude para Marta Silva

Al intentar pronunciar correctamente esta expresión y sobre todo al descifrarla resulta que no estamos hablando de una mención honorífica, sino de una categoría en el excelso mundo de la academia que en su traducción significa: grandes alabanzas, o grandes honores y se refiere a excelencia, precisamente, en resultados académicos. Conceptos que estas instituciones educativas crean para quien sabe cuánta cosa. Una quisiera pensar que las reconocidas recibirán becas, trabajos, estímulos merecidos.

Dicho reconocimiento fue obtenido por nuestra compañera Marta Silva, historiadora recién graduada, hija de Marta a quien conocemos harto por su inclaudicable lucha popular. Como la madre, como su hermana Valentina, como sus compañeras de movimiento estudiantil, Marta es rebelde, organizada y actuante con sus ideas. Y al mismo tiempo, pese a las opiniones de las autoridades, que como quien echa sal a una babosa se retuercen de pura mala leche, Marta con otras de las vilipendiadas líderes estudiantiles no son las vagas, vándalas, haraganas, usurpadoras, acarreadas de otros, como insisten en sus también retorcidos medios de comunicación.

A Marta Silva se le negó esta distinción pública, expresando en este acto la increíble capacidad de venganza y saña con la que las repugnantes autoridades universitarias usan de manera desesperada su poder ante la espléndida y probada, según sus propios cánones, inteligencia calificada de una mujer como Marta. Quiénes son entonces las resentidas, quiénes resultan más notorias por su pequeñez y mediocridad.

Sin duda el discurso de la presidencia de la rectoría argumentará problemas disciplinarios, desobediencia, insolencia y esas deben ser sólo algunas de las hermosas características de nuestra compita Marta, a la cual podríamos agregar muchas más. Para encarrilar estos comportamientos intolerables, además de los gases lacrimógenos, los comandos cobras, la cárcel, los juicios y las agresiones variadas, agregan la negación de su bien ganado reconocimiento estudiantil. La rectoría debería escribir manuales para resolver conflictos y dar cátedra en los batallones, seguro tendrían mucho éxito y no faltará quien se los financie.

No sé cuánto le importa a Marta este reconocimiento, y no es por entrar en sus balanzas meritocráticas, pero se lo ganó y se lo deben, ¡Entonces no jodan, y dénselo ¡ Sin duda no será la licenciada Castellanos quien lo haga. Y al no hacerlo, un gran favor le hace y nos hace a todas, mostrar una vez más lo que piensa, y a quiénes le otorgan y niegan honores en esa universidad que es esta sociedad.

El imparable movimiento estudiantil marca rutas claras, poderosas, festivas, insumisas: no negocia por dinero o estatus, no se vende, no se entrega, no abandona a sus compas, no se echa para atrás y crece con la represión en vez de llorar o esconderse, ahora no sólo avanza por reformas y participación estudiantil sino por la expulsión de la rectora, que se tambalea. El movimiento continúa con fuerza, no pide clemencia. Buena escuela para los tiempos que corren y los dictadores que miran.

Desde esta columna le hacemos honores a la historiadora Marta Silva, y su movimiento, no sólo por su esfuerzo de estudiante, no sólo porque otra historia va a contar cuando lo haga, sino por la historia que protagoniza con sus contemporáneas.

Desde aquí, esperanzadas, deseamos que por ella y nosotras su espíritu rebelde no sea cooptado por las burocracias estatales, oenegeras, cooperantes internacionales o académicas que tienen el elixir de la putrefacción asalariada. Que no se convierta en personajes como los que hoy le persiguen y un día fueron líderes hasta honrosos, que su excelencia sobre los libros y la práctica política se fortalezca y nos continúe enseñando cómo nos toca en este tiempo, y no nos dé tregua para hacer como que no entendimos, que no supimos o que nos confundimos en el andar.

Gracias, Marta.

Gracias estudiantado universitario en lucha.

Melissa Cardoza, junio 2017, a ocho años del golpe de Estado.

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