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  Miércoles, 01 abril 2020    

Algo se derrumba, algo nuevo emerge


La pandemia nos va dejando la sensación de que algo fundamental de la humanidad se derrumba. Todo se mueve, todo se estremece, todo se cuestiona. La vida misma de la humanidad está derrumbándose.

Luego de un impresionante desarrollo tecnológico y militar, con economías poderosas y con abultadas inversiones en entretenimiento, de pronto nos damos cuenta que somos tan poca cosa, que un enemigo invisible nos está uniendo en el miedo y la incertidumbre a los millones de seres humanos que poblamos el planeta.

Todo lo que erigimos desde la soberbia del capital y el poder, se está cayendo de un porrazo. Han bastado unas cuantas semanas para que aquellas guerras del siglo veinte se vayan quedando chiquitas, ante una pandemia-guerra mundial biológica, no se sabe inventada por quiénes, y bajo qué objetivos. Por ahora, solo nos toca ver el derrumbe, y nuestro propio derrumbe.

Crece por igual la sensación de que algo nuevo emerge, todavía no se logra advertir porque estamos sumergidos en una emergencia mundial, pero ya se percibe, como cuando en la madrugada comienzan los primeros asomos de la alborada. Se puede percibir en las muchas y hermosas canciones que se van escuchando en estos días, que invitan a alimentar la ternura, a seguir en un encierro que nos prepara para nuevos abrazos.

En este tiempo ha salido lo más hermoso de los seres humanos. Somos una humanidad cargada de solidaridad, y se nos ve, compartiendo mascarillas, tomando distancia unos de los otros, comprando lo básico para llevar a casa, y para compartirlo con los vecinos. Nunca como en estos aciagos días habíamos tenido más consciencia de que somos una humanidad con inmensas expresiones de solidaridad. Y que podemos convertirnos en humanidad solidaria.

Esas reservas las estamos sacando, paradójicamente, en estos días, cuando estamos en el encierro. Cuando hemos andado por los espacios públicos, hemos acentuado lo negativo, los encierros, los individualismos. Esa ausencia de solidaridad nos condujo progresivamente a un mundo amenazado, y se precipitó con la pandemia.

Queda clara la lección: ni los bancos, ni los multinacionales, ni el poder de los de la derecha ni de los de la izquierda, ni la tecnología, ni el extractivismo, ni el militarismo, ni las drogas, ni el milagrerismo de religiones bulliciosas, nos salvan. Al contrario, nos han conducido a que se precipitara el derrumbe.

Y la lección queda abierta: solo la solidaridad salva, solo la solidaridad nos descubre como humanos y humanas desde la diversidad de culturas, lenguas, mentes y corazones. Solo la solidaridad nos puede reinventar. Esa solidaridad, convertida en propuestas sociales, políticas, económicas, culturales y espirituales, nos espera a la vuelta de la esquina.

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