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“He despertado de una pesadilla”. Jhony Andrés Salgado Fuentes, uno de los 21 presos, en el marco de la crisis post electoral; la crisis que ha impactado de diversas formas la vida de las familias de las personas privadas de libertad. Varios de ellos, podrían defenderse en libertad, sin embargo, los operadores de justicia no ven más de allá de lo establecido en el Código Penal y Código Procesal Penal, esto los lleva a abusar de la imposición de la medida de prisión preventiva.

En días recientes, una de estas familias escuchó las palabras que a todas les gustaría escuchar: “la juez no motiva los presupuestos que la hace suponer que el imputado puede darse a la fuga y obstruir las investigaciones en el presente proceso. Por lo tanto, no se puede mantener una medida coercitiva tan grave como la prisión preventiva”, así motivó su resolución el presidente de la terna que conoció el caso de Jhony.

Además, la Corte de Apelaciones de lo Penal de la ciudad de San Pedro Sula que conoció el recurso de apelación presentado por la defensa de Jhony, motivó y citó la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, específicamente el caso López Alvares Vs. Honduras, pues consideró que la medida impuesta es grave. Esto debería ser una práctica de los togados.

Adeline Neau, investigadora para Centroamérica de Amnistía Internacional, indicó que celebra la decisión de la Corte de Apelaciones de ordenar la sustitución de medida de prisión preventiva impuesta a Jhony por otra medida que le permita defenderse en libertad. Además, nos recuerda que, de acuerdo a los estándares internacionales sobre el uso de la detención preventiva, se debe privilegiar la libertad de las personas en espera de juicio, salvo que exista un riesgo considerable de huida, perjuicio a otras personas o injerencia en las pruebas o en la investigación. Privar a alguien de su libertad debe ser una medida excepcional, que no debe superar los límites estrictamente necesarios para garantizar que la persona no obstaculiza la investigación ni elude la acción de la justicia.

Para el Tribunal de Alzada, los agravios presentados por la defensa eran parcialmente aceptables, por lo tanto, y por unanimidad de votos dictó su resolución: primero; Confirma el auto de formal procesamiento -el proceso continua-, segundo; Revocar la medida de prisión preventiva, ordenando se proceda a sustituirla por la medida de presentarse ante el juzgado a firmar dos veces al mes y la prohibición de salir del país.

“Aruñando” la justicia hondureña.

Dicen que para alcanzar las metas debemos tomar conciencia de la importancia de pequeños logros en el camino, esos pocos hacen mucho. Lograr que Jhony se defienda en libertad impulsa a seguir trabajando hasta lograr su libertad absoluta, demostrando su inocencia. Al mismo tiempo genera esperanzas en el resto de familias que están en constante lucha exigiendo la libertad de sus familiares. Aunque el recurso fue parcialmente modificado, el logro obtenido es importante para la vida e integridad de Jhony, es evitar la angustia de él y su familia al estar en prisión, asegura Merlín Bonilla –abogado y defensor de Jhony-.

Bonilla considera que el abuso de los jueces sobre la prisión preventiva es condenable; y piensa que algunos no toman la decisión de medidas alternas a la prisión para no verse involucrados, principalmente cuando se trata de delitos que son calificados como políticos –no en el Código Penal-.

El amor y la exigencia de libertad.

Jhony viene de un hogar unido, estable y solidario. Es el tercero de los 7 hijos que trajo al mundo doña Julia Fuentes. Padre de dos hijos de 20 y 16 años de edad. Trabaja en el rubro de la construcción, esta ocupación lo ha vinculado a los sacerdotes jesuitas en la ciudad de El Progreso, Departamento de Yoro, al norte de Honduras. Reside en una de las zonas progreseñas donde la oposición contra el fraude electoral se ha mantuvo con firmeza.

Cada vez que habla de su hijo, Doña Julia no puede evitar llorar. “Siempre ha sido pegado conmigo. Todas las tardes pasaba por mi casa visitándome, esas visitas las espero como agua de mayo”. Al recordar la infancia de su hijo, dice que no fue difícil, fue un niño bien portado, le evitó problemas con los vecinos. Al consultarle si creció con su padre, responde que sí, fue él padre quien le enseñó a trabajar, desde chiquito Jhony fue ayudante de su papá en la producción de mosaicos, así fue como aprendió a trabajar en la construcción. Como toda madre orgullosa de su hijo, Doña Julia comenta: “la primera casa que construyó fue la mía, yo lo admiro tanto porque sin saber leer y escribir él elabora los planos de las casas que construye, no sé cómo lo hace”.

El padre de Jhony no puede estar de pie por mucho tiempo. Tiene un daño irreversible en la columna, según doña Julia es la herencia que le dejó el trabajo de la producción de mosaico, “levantaba tanto peso que se le desgarró la columna”. Asegura que el proceso que están enfrentando es duro, porque en las condiciones que se encuentra su esposo no puede trabajar.

Doña Julia y Nena -compañera de hogar de Jhony- han tenido una relación muy buena, sororal. Esta situación por la que están pasando las ha unido más. A toda reunión y acción por la liberación de Jhony no dejan de estar presentes. El amor y exigencia de libertad las abraza. Acompañarlas en su lucha de amor y libertad es una oportunidad que la vida y el ERIC-sj me han regalado.

Para nadie es fácil abrir el corazón y compartir su historia de dolor, de amor, de vida, doña Julia y Nena abrieron el suyo. Cuando preguntaba sobre los años que llevan juntos Jhony y Nena, doña Julia fue la primera en responder 18 años. Con pena, pero con una sonrisa picaresca, dice Nena: “yo me lo robé, me lo traje a vivir conmigo”. Recuerda que conoció a Jhony porque este llegó a su hogar como ayudante de albañil. Sí, le dice doña Julia, usted me lo robó cuando tenía apenas 20 años, imagínese ahora Jhony se ha metido a rollos, dice que al salir de la cárcel se casará.

Nena asegura que su vida junto a Jhony ha sido tranquila, han tenido problemas como todas las parejas, pero nunca ha existido violencia, por eso la gente del barrio les admira y respeta. Es tan buen padre que por proteger a sus hijos decidió abrir la puerta de la casa, aquel 21 de diciembre, cuando violentamente la Policía invadió nuestro hogar”. Doña Julia afirma que su hijo es calidad de gente, Nena interrumpe y dice, “soy más dura yo, él se puede quedar sin comer por ayudar a los demás”.

La camisa roja.

El 21 de diciembre de 2017 todo cambió para Jhony y su familia. Ese día el gobierno de Juan Orlando Hernández movió a más de 500 elementos de las fuerzas de seguridad, bajo la dirección de un coronel apellido Flores, él lo dijo en declaraciones para Radio Progreso: “esta operación está integrada por elementos, entre Policía Militar de Orden Público, Policía Nacional Preventiva, Fuerzas Armadas y agentes de la Dirección Policial de Investigaciones”. La operación tenía un solo propósito, desalojar a la ciudadanía que protestaba a la altura de Quebrada Seca. En el desalojo hubo gas, toletes, disparos a bala viva, heridos y detenciones arbitrarias de las personas que estaban en la protesta y de las que no estaban, Jhony se sumó a la última lista.

Para Doña Julia el impacto psicológico ha sido fuerte, las camisas de color rojo son motivo de tristeza y dolor. “He quedado tan mal que cuando veo pasar a un hombre con camisa roja el corazón se me acelera, ya le dije a Jhony que no lo quiero ver con esa camisa roja. El día de la captura, Jhony vestía una camisa roja”, continúa diciendo que cuando no encontraba de donde sacar dinero para llevarle a Jhony al centro penal le daba ansiedad, lo único que hacía era ponerse a llorar.

Allanamiento de morada.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Honduras (OACNUDH) detalla en su informe que recibió “denuncias múltiples y creíbles de malos tratos en el momento de la detención o durante la detención; también denuncias de allanamientos ilegales de viviendas llevados a cabo por miembros de las fuerzas de seguridad”.

El día de su captura Jhony se encontraba en su casa de habitación. Desde el solar observó la persecución de policías contra jóvenes protestantes, ante dicha acción se encerró en su casa de habitación con sus dos hijos y Nena. Minutos después, miembros de la Policía Nacional Preventiva ingresaron golpeando con los pies la puerta de su casa, ante este actuar él acudió a abrir la puerta, en ese momento todos estaban agachados, él gritó: “ella es mi señora y mis hijos, aquí no hay nadie”, luego, dos policías se metieron hasta un dormitorio para revisar, sin decomisar ningún objeto del hogar.

Al salir, tomaron a Jhony por los brazos, lo empujaron y aventaron a la paila de una patrulla policial, esto no bastó, dos de los policías se quedaron y colocaron bombas frente a la puerta de la vivienda sin importar que adentro de la misma se encontraban tres personas, como resultado uno de los hijos quedó en muy mal estado provocado por la inhalación del gas lacrimógeno.

Existen pruebas –fotografías, vídeos, testimonios- creíbles y confiables que a Jhony lo capturaron en su casa de habitación por elementos de la Policía Nacional Preventiva. Sin embargo, el Ministerio Público se empeña y asegura que agentes de la Dirección Policial de Investigaciones (DPI) le dieron persecución y lo capturaron en la calle, además que al momento del registro llevaba una escopeta y escudo policial. ¿Se imagina usted huyendo de la Policía con una escopeta y un escudo de los que usan los agentes?, ¿no le parece ilógico que una persona no se deshaga “del cuerpo de un delito”, cuando la autoridad le da persecución?

Construcción de pruebas.

Después de la captura Jhony fue trasladado a la Posta Policial de la ciudad, luego remitido a la Dirección Policial de Investigaciones, hasta ese momento él no sabía el motivo de su detención, fue hasta que lo ubicaron frente a una escopeta y un escudo de la Policía con una leyenda que decía “Fuera JOH”, para tomarle fotografías. Sin saber que le estaban implantando evidencia para poder presentarlo ante el Juzgado, le hicieron firmar un documento (Acta de decomiso), puesto que no sabe leer ni escribir -lo único que escribe es su nombre-, “no me quedó otra opción que firmar, me amenazaron con golpearme si no firmaba la hoja”, recuerda Jhony. Estos hechos ocurrieron entre 7 y 8 de la mañana del día 22 de diciembre de 2017.

El acta de decomiso que firmó Jhony fue utilizada como medio de prueba por parte del Ministerio Público en Audiencia Inicial el día 27 de diciembre de 2017. En dicha audiencia la Juez emitió Auto de formal Procesamiento contra Jhony, por los delitos de PORTACION ILEGAL DE ARMA DE FUEGO COMERCIAL y por USO INDEBIDO DE INDUMENTARIA POLICIAL, imponiéndole la medida cautelar de Detención Judicial, seguidamente fue traslado al centro Penal de El Progreso, Yoro.

Jhony y el penal.

En el 2013, el Comisionado Rodrigo Escobar Gil, en ese momento Relator de Personas Privadas de Libertad de la CIDH, manifestó que “el sistema penitenciario en Honduras es deshumanizado, paupérrimo y corrupto”. Jhony vivió en carne y hueso esas condiciones al ser sometido. Ingresar a prisión no fue fácil, pues se enfrentó a otro mundo que es controlado por privados y policías penitenciarios. Recuerda que la primera noche le tocó dormir en el piso, no tenía 150 Lempiras ($6:40) para dormir en una cama; luego le tocó pagar 800 Lempiras ($34)) para evitar ser hostigado y hasta golpeado. Los siguientes cuatro meses pagaba Lempiras 250 ($10.60) para poder dormir en una cama.

El centro penal de El Progreso tiene capacidad para albergar a 270 privados de libertad, en la actualidad hay 698, convirtiéndose en una bomba de tiempo -alto riesgo-. Por las noches se ven obligados a dormir amontonados y a muchos les toca dormir en los pasillos. Pero no todos están en las mismas condiciones, hay quienes gozan de privilegios; a nadie le sorprende que en dicho centro penal exista un espacio llamado “La Cuadra” -lugar para políticos y personas vinculadas al poder-. A Jhony y al resto de privados les tocó en “El Hoyo”, aquí es donde está “la mugre, la lepra, lo peor de la sociedad”, asegura un privado de libertad.

En el marco de la crisis post electoral, diciembre 2017, un guardia penitenciario entró armado a la sección conocida como “el hoyo”, esta acción irresponsable tuvo como consecuencia que los privados de libertad lo tomaran como rehén, y como resultado final: cuatro muertos y cuatro heridos, entre ellos un guardia penitenciario, este es un ejemplo de lo que ocurre en las cárceles de Honduras. En ese lugar Jhony vivió 124 días, es decir 4 meses con 4 días.

“He despertado de una pesadilla, no olviden a los muchachos que están presos”

El 25 de abril fue día de gracia y regocijo para Jhony, su esposa, sus hijos, sus familiares, sus vecinos y los miembros del Comité Nacional de Presos Políticos de Honduras. A las seis y media de la tarde, el enorme portón del penal de El Progreso se abrió y con una sonrisa al viento salió Jhony a la libertad, para defenderse de las acusaciones que penden contra él desde la libertad de la vida cotidiana.

“Viva la libertad”, fue el grito que Jhony escuchó al salir del penal, y con sus brazos en alto y con el fondo de una luna que tenuemente se abría paso con el anuncio de la noche, abrazó a decenas de personas queridas que lo esperaban para acompañarlo en su retorno a su humilde y digna vivienda en la colonia Renovación, al norte de la ciudad de El Progreso.

En menos de un minuto una comadre de Jhony hizo una improvisada colecta con la cual compró un arroz chino para compartir al momento de la llegada de quien, acostumbrado a cargar herramientas de trabajo para realizar su labor como albañil, fue acusado de cargar armas y atentar contra la seguridad del Estado.

El abogado Merlin Bonilla pidió a los guardias del penal introducir su vehículo para ayudar a Jhony con el traslado de sus pertenencias. Sin embargo, Jhony salió con los brazos en alto y sus manos vacías. Todo lo dejó, todo lo repartió entre sus compañeros de celda. “Con nada nací, con nada regreso. Todo me lo ha dado Dios, todo lo he recibido. Todo lo espero de Dios”, dijo Jhony con su fe puesta en el presente y en el futuro, aunque en su casa carece de tantas cosas materiales, su corazón se llena de solidaridad.

La familia y el vecindario celebraron el retorno de Jhony con lágrimas, abrazos, canciones, una oración comunitaria y un arroz chino compartido. “Les pido que no se olviden de los que quedaron presos”, nos ruega Jhony. “Ellos se quedan sin protección, y no podré estar tranquilo mientras ellos no cuenten con apoyo. He despertado de una pesadilla, no olviden a los muchachos presos”, insiste Jhony, la persona a la que Juan Orlando Hernández señala con el dedo como un peligroso hondureño que pone en riesgo la seguridad del Estado.

Este es Jhony, el humilde albañil que le pegó un aruñón a una justicia que sigue siendo factor de impunidad y de angustia para la gente más pobre de Honduras. Jhony salió de la prisión para defenderse en libertad. La lucha sigue, no se detiene. Libertad para los presos políticos.

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