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  Miércoles, 20 Octubre 2021    

Cooperación internacional y oenegeísmo

La cooperación y las Ongs tomaron fuerza como fenómeno social, organizativo y económico a partir de la última década del pasado siglo, creció al grado de ser factor decisivo como solución de salarios y de ayudas humanitarias para miles de personas, desde muy diversas temáticas, casi todas definidas por los organismos donantes.

La inmensa mayoría de organizaciones beneficiarias responden primordialmente a las orientaciones y sugerencias de los organismos donantes a extremo de que los únicos encuentros de varias de estas organizaciones ocurren cuando quien convoca es el organismo donante. Los organismos donantes acabaron llenando el vacío que dejaron las izquierdas y dirigencias sindicales, populares y políticas que fueron definidoras de la lucha política anti imperial y anti oligárquica del siglo veinte.

Una mayoría de organizaciones sociales, comunitarias, populares, ecologistas, ambientales, de derechos humanos, étnicas, feministas, juveniles, de comunicación y eclesiales hemos sucumbido al síndrome del archipiélago. Somos muchas, desparramadas por todo el país, con mínimas posibilidades de crecer. Cada una va impulsando su agenda de trabajo o de lucha, segura de bastarse a sí misma, casi siempre negando que es Ong y calificando despectivamente a las demás de ser efectivamente una Ong. 

La mayoría de estas organizaciones han establecido relaciones verticales con un organismo donante, del cual reciben apoyo y de donde emanan no pocas de las temáticas que conforman sus agendas de trabajo o de lucha, y a quienes dan cuenta de lo que hacen, de lo que quieren hacer y de lo que han dejado de hacer. Sin necesariamente tener conciencia de ello, las líneas verticales están muy bien definidas y se basan en la obediencia y la sumisión hacia el organismo donante extranjero.

Así como cada organización suele obedecer “hacia arriba” a quienes definen las temáticas y aportan los dineros, cada organización suele establecer también relaciones verticales con los destinatarios finales de sus agendas. Todas las líneas verticales están muy bien marcadas, mientras que las líneas horizontales son difusas o inexistentes. Y gran parte del dinero donando se va quedando entre los intermediarios, especialmente entre consultorías y términos de referencia.

Las organizaciones han acabado en la lógica del encierro, y a ser factor de desmovilización, enredadas en un palabrerío elitista y políticamente inservible, hasta convertir la propia lucha social y a la organización en una válvula de escape. Retomar la identidad del movimiento social y recuperar la autonomía y las relaciones de horizontalidad tanto con la cooperación como entre ellas mismas, son desafíos que al enfrentarlos contribuirá a fortalecer la movilización y luchas sociales hondureñas.

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