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  Miércoles, 07 octubre 2020    

Cuando las víctimas hacen suyo el discurso racista de quien los oprime


Trump y sus racismos parece haber ganado la batalla. Su discurso xenófobo ha impactado en la mente y corazón de mucha gente: “Los migrantes son delincuentes, vienen a provocar caos y destrucción, aquí ya tenemos muchos problemas, no tenemos por qué cargar con los de ellos, vienen a quitarnos el trabajo, traen enfermedades, son vagos”. Así denigra Trump  a nuestra gente. Y mucha gente se traga ese discurso.

Que los gobiernos de México y Centroamérica asuman posiciones de servilismo, no nos sorprende, lo que sí nos resulta preocupante y peligroso es que ese discurso anti migrante y de desprecio, sea asumido por los habitantes de nuestros países en contra de personas que al igual que ellos, son víctimas de un modelo político y económico que ha negado los derechos más elementales y desprecia la cultura popular.

Es muy doloroso ver y escuchar a pobres agrediendo a otros pobres, manipulados por la ideología de la gente adinera, poderosa y corrupta. Es un fracaso que la gente sencilla repita el discurso de quienes convierten en migrantes a la población, de quienes utilizan sus medios de comunicación para hacerle creer a la gente, que esos hombres, mujeres niños y niñas cansados y hambrientos, con quienes comparten rasgos físicos, culturales históricos y religiosos, vienen a robar su seguridad y estabilidad, esa misma que por cierto, nunca han tenido.

Los poderosos no sólo han logrado imponer su discurso de odio y rechazo a los pobres, sino que han logrado que lo asuman como propio. Y una vez que la gente asume el pensamiento de sus opresores, la solidaridad se pierde, y a lo sumo se convierte en asistencialismo. Esa es la fuerza de la ideología, hace pensar a la gente oprimida como sus opresores, y en lugar de organizarse para defender sus derechos, se organizan para atacar a dirigentes y luchadores que defienden sus derechos.. En lugar de dar tortillas y agua a sus hermanos, les tiran piedras, y los insultan como si fueran sus enemigos.

La tarea fundamental para la gente es construirse como pueblo, entendido como la capacidad de alcanzar conciencia de oprimidos, de identificar a quienes los oprimen, y poner en marcha procesos liberadores para toda la sociedad. Así la gente humilde descubrirá que no existen fronteras, sino opresiones compartidas, y descubrirá la necesidad de tender puentes entre los empobrecidos, así como lo hizo la parroquia San Antonio de Padua, en Guatemala, que en lugar de piedras e insultos, ofreció a la gente catracha migrante techo, alimento y agua. Y entonces nos dejó esa sensación humana y ética de que no todo está perdido. Que todo está por hacerse.

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