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  Miércoles, 31 marzo 2021    

Dos alas

La más grande de las tareas es entrarle al país desde sus raíces. Y esto nos coloca ante una encrucijada: o convertimos la pandemia y todas las angustias acumuladas e impuestas en oportunidad para rehacernos como sociedad, sembrando e impulsado algo así como una auténtica revolución hondureña, o la pandemia, el miedo y las angustias nos hunden en estado de deterioro infinito. No existen términos medios, nos encontramos en un estado terminal.

En la actualidad todas las energías buscan conducirlos a la negatividad, y conducen a que la encrucijada se decante hacia ese deterioro infinito. Para establecer una tendencia distinta, positiva, hacia la oportunidad de rehacernos revolucionariamente, es necesario el concurso, el encuentro de los diversos sectores que ya están hartos de tanta miseria y abusos. Y es condición que todos los miembros de los diversos sectores reconozcamos que no solo los demás son culpables de la debacle, que cada quien tiene que asumir su cuota de responsabilidad.

Un punto de partida es reconocernos y confesarnos como un pueblo deprimido, y que aceptar el deterioro es abandonarnos a vivir hundidos en permanente depresión, y un estado así siempre es mal consejero. Romper con el dilema desde la perspectiva de la oportunidad, es asunto hondureño de vida o muerte. En este servicio tienen un lugar todos los sectores y grupos humanos con sus diversas capacidades y especializaciones.

Tan valiosa, importante y necesaria es la lucha en contra de la corrupción, la impunidad, las desigualdades y en contra de los proyectos extractivos en el marco de la construcción de propuestas públicas alternativas al neoliberalismo, como lo son las luchas humanas, psicológicas y espirituales de atención a las mujeres, los jóvenes, la niñez, a la población adulta amenazada frontalmente por el virus de la discriminación.

El ala de la construcción de institucionalidad que ataque objetivamente la corrupción, la impunidad y la violación a los derechos humanos, ha de complementarse con el ala de la atención psicológica, la atención humana y espiritual. Las dos alas, como el ave, se necesitan mutuamente para alzar el vuelo. Con una sola de las alas, el vuelo no solo será limitado, sino será de muy baja altura y condenado a un fracaso al poco tiempo del despegue.

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