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Martes, 24 Diciembre 2019

“El pueblo que vivía en tinieblas”

El pueblo que vivía en tinieblas –nos dice el profeta Isaías– vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció (Isaías 9, 1). En este tiempo de Navidades y fin de año la propaganda en los medios nos ofrece la falsa luz de la publicidad que contrasta con el nacimiento del niño Jesús, en medio del desconocimiento y la insolidaridad de su tiempo, y nos muestra a una humilde familia rodeada de pequeños gestos de solidaridad.

Vivimos en un mundo de contraste. Repite las mismas escenas del nacimiento de Jesús en medio de la indiferencia frente a la pobreza y el dolor de muchísima gente que no tiene cabida en la sociedad del consumo. Nuestro país es uno de los países donde los contrastes se acrecientan cada día. Celebramos la Navidad con el dato escalofriante de ser el tercer país más desigual del planeta. Y seguimos siendo un país en donde terminar el día con vida es asunto de heroísmo. La solidaridad propia de la Navidad está totalmente ausente de la dimensión pública de nuestra realidad. La Navidad nos invita a verla y a cambiarla.

La fiesta de Navidad no podemos celebrarla de espalda ante la realidad de los asesinados privados de libertad, y ante tantas madres que lloran a sus hijos asesinados prematuramente, o ante la obligada migración de tantas familias que deciden huir del país por la desesperación que les rodea. La Navidad deberíamos vivirla con generosidad solidaria. Y celebrar esta fiesta desde un modo de ser y pensar que tenga siempre en cuenta que las únicas fiestas verdaderas son las que incluyen, no las que excluyen o marginan a los demás.

Alegrémonos con los gestos pequeños que van brotando en estos días y que no tienen precio en el mercado. Y esforcémonos por promover gestos que se transformen en ejemplo para otros. Abrir nuestras vidas a personas a quienes la sociedad les ha negado la posada, es un gesto que no puede comprarse ni venderse. Es un gesto de navidad.

Comprometer nuestras vidas y lo mejor que tenemos al servicio de la defensa de los derechos de los pobres, es un gesto de navidad que al promoverlo no hay manera para que los acapare el comercio. Si como comunidades nos decidimos a acompañar a la población más vulnerable en sus sufrimientos y en sus pequeñas esperanzas, estamos poniendo un gesto de navidad.  Reuniones en pequeños grupos para hablar de nuestros sueños y problemas y buscar luz en la Palabra de Dios, para buscar soluciones comunitarias y defender con la fuerza grupal nuestros derechos, son siempre gestos de Navidad.

Desde nuestro equipo del ERIC y Radio Progreso seguimos soñando con lo imposible, con el triunfo de los que nadan contra la corriente, hasta alcanzar la fiesta de los abrazos solidarios, fiesta repleta de ternura, bondades y solidaridad con quienes cargan con un dolor en su vida. Soñamos con la perpetua fiesta de los tamales y el pan compartidos desde nuestras pobrezas, y soñamos con una fiesta de Navidad que celebra el nacimiento del Niño Dios, que nace para iluminar las tinieblas, y que no admite, por siempre y para siempre, ningún regalo con precio en el marcado. Una fiesta en donde todas las personas y comunidades podamos pronunciar con risa, canto y lágrimas, las palabras que el poeta pone tiernamente en nuestros labios: “veo lo que viene y lo que nace, las pobres esperanzas de mi pueblo, los niños en las escuelas y con zapatos, el pan y la justicia repartiéndose, como el sol se reparte en el verano”.

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