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  Miércoles, 23 junio 2021    

El tiempo apremia, no lo perdamos

Circula por las redes sociales un mensaje sugestivo y provocador que literalmente dice: “Antes nos preguntábamos si en este país teníamos futuro; hoy nos preguntamos si en el futuro tendremos país”. Es pregunta válida y extrema, como extrema es la realidad a la que hemos llegado, que deja esa pregunta angustiante si todavía tenemos salida. Las respuestas no son nada esperanzadoras. Y si no volvamos la vista a las ZEDEs.

¿Podremos soñar con una institucionalidad sólida que no esté sometida a la ley de los fuertes, de los criminales y vendedores de patria, como está ocurriendo en estos tiempos? ¿Podremos soñar con elecciones cuyos resultados expresen la voluntad soberana de los votantes? ¿Podremos esperar vivir en un país sin narcotraficantes metidos a políticos y a funcionarios públicos, y con control del sistema de justicia?

¿Será posible que la ciudadanía logre algún día tener un empleo digno y bien remunerado que le dé la oportunidad segura de llevar los alimentos para el sustento de sus familias? ¿Podemos soñar con un país de igualdad y equidad, y que deje de existir un puñado de familias súper millonarias como contrapartida a millones de personas que no tienen ni la oportunidad de conseguir sus frijolitos y tortillas?

¿Podrá nuestra juventud soñar con un presente y futuro mejor, cuando es ese conglomerado el que soporta los altos niveles de criminalidad, la tasa más alta de desempleo y que nutre los altos números de migrantes que cotidianamente buscan cruzar la frontera para huir del país?, ¿Podremos las mujeres vivir libre de violencia y pensar en construir nuevas relaciones de poder, cuando seguimos siendo el primer blanco de violencia doméstica y excluidas de las oportunidades, y que nutrimos el número de asesinatos por el simple hecho de ser mujeres?

Podríamos seguir con las preguntas y cuestionamientos sobre la realidad nada alentadora de Honduras. Pero lo que menos nos conviene es quedarnos paralizados, y quedarnos llorando sobre la leche derramada. Honduras es muchísimo más que un puñado de criminales y mafiosos. Honduras tiene todavía una enorme reserva de dignidad.

Como ciudadanía consciente hemos de situarnos en estado de lucha transformadora. Y hemos de dar pasos firmes y organizados para exigir y poner en marcha acciones y propuestas que nos devuelvan la alegría de vivir en un país seguro donde la vida de su gente sea dignificada, Vamos, encontrémonos como pueblo, el tiempo apremia.

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