Miércoles, 10 junio 2020    

La juventud que necesitamos para después de los encierros


La juventud que Honduras necesita para después de estos prolongados encierros es la que se rebele a la normalidad del mercado y el capital, a una normalidad conducida por la tecnología, por reglas y normas que buscan que la sociedad entera se acostumbre a aceptar decisiones aprobadas e impuestas por la sociedad adulta, basada en controles y obediencias ciegas.

La juventud que la Honduras de la pos pandemia necesita es la que no se deja atrapar por el consumismo inducido por el capital y la tecnología, ni tiene puesta su mente y corazón en el modelo de vida que irradia el imperio del norte, con sus brillos y sus modas, pero que ocultan racismo, discriminación y opresión.

La juventud que necesitamos para después de los encierros es la que se abre brecha con sus propias inquietudes aún en contra del modo de pensar y de actuar de la gente adulta. Una juventud que rompa los paradigmas basados en imposiciones, en la política como trampolín para trepar y como ocasión para enriquecimiento ilícito.

La pandemia nos ha llenado de incertidumbres y ha puesto en cuestión todas las certezas, incluso las que se han parapetado sobre paradigmas religiosos y sagrados. La juventud que necesitamos que irrumpa tras la pandemia es la que cuestione con todos los modelos establecidos, y que con el Covid19 han dejado al desnudo sus injusticias y dinamismos violentos y corruptos.

La juventud que necesitamos que irrumpa tras los encierros es la que se abre paso con sus propias propuestas, y con sus iniciativas, las impulsa y defiende aunque incomoden a quienes sostienen el modelo basado en las costumbres y criterios de la gente adulta. Esta juventud que necesitamos que irrumpa tras los encierros, es la que se lanza a la sociedad con sus propias inquietudes y valores, y en lugar de arrasar con el pasado, busca establecer puentes con las generaciones mayores para encontrar caminos de entendimiento y complementariedad.

La juventud que Honduras necesita para después de los encierros es la que se decide por romper con los modelos que hoy están todos en crisis, y en su lugar propone e impulsa las nuevas relaciones de convivencia humanizadoras. Una convivencia en donde no sea la imposición de la norma la que gobierne a la sociedad, sino las relaciones horizontales. Este modelo de convivencia, basado ya no en el individualismo sino en la comunidad, solo puede emerger de la fuerza creadora y rebelde de nuestra juventud.

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