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“BUSCANDO LAS PALABRAS” son reflexiones cortas de la Comisión de Apostolado Social de la Provincia Centroamericana de la Compañía de Jesús, sobre la realidad actual y el mundo que soñamos y que aspiramos construir en comunidad. Son más preguntas que respuestas, porque en eso estamos, apenas “buscando las palabras”. Confiamos en que estos mensajes contribuyan a pensar nuevas rutas, en las que podamos caminar juntas, juntos y sobre todo esperanzados.


¡Necesitamos una iglesia que deje sus encierros!


¿Queremos regresar a la normalidad de una Iglesia y de una Compañía de Jesús que en sus alturas prioriza la mesura, en lugar de asumir riesgos para defender la vida de los pobres y caminar a su lado ¿Queremos volver a una normalidad de una iglesia que guarda silencio porque está muy ocupada en sus ritos y en sus prudencias? ¿Queremos retornar a la normalidad de una Iglesia para la cual el encierro de esta cuarentena prolongada no le extraña, porque ha vivido por largo tiempo oculta en sus doctrinas y en las comodidades que ofrece la institucionalidad?

¿Queremos retornar a la normalidad de una Iglesia conducida por un clero, que mantiene un discurso de “iglesia comunión y pueblo de Dios”, pero que no está dispuesto a abandonar sus privilegios o a establecer relaciones de horizontalidad con el laicado? ¿Queremos volver a la normalidad de una Iglesia que no se afana en renunciar a la cultura patriarcal, que se resiste a dar pasos en firme para una plena participación de las mujeres en la vida litúrgica y en las decisiones dentro de la estructura eclesiástica?

Como Iglesia no tenemos respuestas para la grave situación actual. Estamos para apoyar a la gente más vulnerable e informar adecuadamente, a partir de la evidencia científica que va surgiendo. Por cientos de años, la Iglesia ha intentado decir qué hacer en todos los ámbitos, incluso en los que no eran su competencia y lo cierto es que ha escuchado muy poco. Es tiempo para dejarnos golpear por la realidad y cambiar internamente. Nos toca estar a
tono con las urgencias y prioridades de estos tiempos. ¡Ese es el llamado hermanos, hermanas!
Como una más entre otras experiencias de Fe que guían la vida espiritual de tantas y tantas personas alrededor del mundo y sirviendo como puente para el ecumenismo y el respeto. Es hora de reflexionar desde la humildad y decidir cuál es la contribución justa que nos toca hacer, para dar un paso adelante con determinación y valentía a la luz del Evangelio que nos inspira.

Derribar paredes que nos permitan reencontrarnos con el Evangelio

En momentos de encierro es cuando la Iglesia y la Compañía de Jesús más necesitan derribar sus paredes mentales, canónicas y doctrinales, para abrirse al encuentro con tantas novedades que deambulan fuera de sus enormes muros. Cuando se divulgó la noticia de una pandemia, como un virus que amenazaba la vida de la humanidad, al clero no se le tuvo que recomendar que se encerrara, porque salvo importantes excepciones, su tendencia innata es al distanciamiento.

Vivir en el encierro es el modo clerical de situarse ante los peligros de una humanidad de la que se sospecha siempre, por su potencial de poner en peligro las verdades eternas, inmutables, permanentes. Necesitamos una iglesia que deje sus espacios seguros, es decir, que se cuestione profundamente, hasta abandonar su concepción clerical -como lo dice el papa Francisco- y se ponga a dialogar con la mundanidad, fuera de sus históricos y doctrinales encierros.

Sólo metidas a fondo en las realidades que hoy nos desafían, la Iglesia y la Compañía de Jesús, se reencontrarán con ellas mismas. Nunca a espaldas de los pueblos que demandan ser escuchados. Nunca más reguardadas y timoratas en los encierros físicos que han levantado. Y menos aún, en esos encierros mentales, ideológicos y doctrinales que nos han separado tan drásticamente de la fuerza evangelizadora que podemos hallar en lo más sencillo, en lo más tierno y por tanto, en lo más humano.

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