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  Miércoles, 30 septiembre 2020    

“Patio trasero” o soberanía


El papa Francisco concluye su Encíclica “Laudato Si”, con las siguientes palabras: “no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan. Son capaces de mirarse a sí mismos con honestidad, de sacar a la luz su propio hastío y de iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad. No hay sistemas que anulen por completo la apertura al bien, a la verdad y a la belleza, ni la capacidad de reacción que Dios sigue alentando desde lo profundo de los corazones humanos. A cada persona de este mundo le pido que no olvide esa dignidad suya que nadie tiene derecho a quitarle.” (Laudato Sí, 205).

Un año escaso nos queda para que se cumplan dos siglos de la firma del Acta de Independencia de Centroamérica de la Corona española. En su artículo introductorio dice que se mande a publicar el Acta “para prevenir las consecuencias, que serían temibles, en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”. Estamos así en las vísperas de los 200 años de una política de “prevención” ordenada por las élites políticas, temerosas de “las consecuencias” si fuera el pueblo el que proclamara algo distinto a los intereses “criollos”.

De este temor nació la “identidad” de las élites centroamericanas, que a lo largo de dos siglos han desconfiado de los sectores populares, y a su vez han sido serviles ante poderes externos. Esta “identidad” de las élites ha sustentado la dominación económica y política, la cual a su vez se sustenta en una triple opresión: clasista, racista y patriarcal.

Asimismo, restan menos de tres años para que se cumplan dos siglos del discurso del presidente estadounidense, James Monroe, en el cual quedó establecido lo que sería el futuro de la relación de Estados Unidos con nuestros países. “América para los americanos” dijo en 1823, formulando así la llamada “Doctrina Monroe”, que establece que si un país del continente amenaza los intereses de ciudadanos o empresas de Estados Unidos, Washington tiene el derecho de intervenir en ese país.

Control y dominación serán las características de una relación bicentenaria entre Estados Unidos y América Latina y el Caribe, variando las modalidades según las coyunturas. Unas veces usarán “el gran garrote”, otras veces la política “de buena vecindad”. Unas veces usarán cañones y bases militares, otras veces “alianzas para el progreso” o “alianzas para la prosperidad”. Unas veces organizarán golpes de Estado, otras veces promoverán una democracia tutelada o una dictadura. Algunas veces un intervencionismo velado, otras veces un intervencionismo descarado.

Estamos en el umbral de 200 años de ausencia de decisiones soberanas en micro Estados manejados por transnacionales y caudillos locales, subordinados a políticas imperiales, que nos tratan como “patio trasero”, es decir, como esa propiedad a la que se puede usar como basurero. ¿Seguiremos reeditando un siglo más de “patio trasero”, o estamos en capacidad para construir nuestra propia propuesta de soberanía e independencia?

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