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  Miércoles, 21 julio, 2021    

Política partidaria y movimiento social, un debate permanente

En esto del debate político en tiempos electorales conviene ante todo dejar claro lo siguiente: todas las personas tenemos pleno derecho a simpatizar y participar en el terreno político electoral. Nadie puede negar a nadie este derecho a participar en las elecciones, sea como activista, simpatizante o como candidato a un cargo de elección popular. Sin embargo, es importante no meter en un mismo costal la lucha política electoral y la lucha política social, porque aunque existan coincidencias, cada una tiene su propia identidad.

La lucha política del movimiento social ha de tener su autonomía e independencia ante cualquier filiación política partidista. Las banderas de los partidos políticos, de cualquier color que sea,  no se pueden mezclar del todo con las banderas políticas del movimiento social y popular. Un partido político propugna y debe propugnar por la toma del poder político, mientras los objetivos del movimiento social están plenamente vinculados con la lucha porque el Estado y los partidos políticos respondan a sus demandas sociales, gremiales, étnicas, comunitarias y territoriales.

Un partido político puede estar hoy en la oposición, pero mañana podría estar conduciendo el poder del Estado. Y esto está muy bien, puesto que la lucha por el acceso al poder del Estado es parte esencial de un partido político. Un movimiento social tendrá siempre su identidad en empujar sus demandas desde abajo, desde sus intereses, y exigir al Estado y a los partidos políticos respuestas a dichas demandas.  

Un movimiento social tiene todo el derecho de establecer alianzas políticos con un partido político, pero ha de asegurarse que en esta alianza no se desnaturalice su identidad y sus demandas. Abundan historias y experiencias de alianzas en las cuales el movimiento social ha acabado casi siempre como una mera correa de transmisión del partido político. El ejemplo más patético es el de los patronatos comunales. Todo mundo sabe que en lugar de ser una instancia comunitaria, representa los intereses del partido político oficial en la comunidad. En una alianza, el movimiento social ha de tener mucho cuidado de no acabar como propiedad de un partido político.

En las luchas populares que impulsan los movimientos sociales han de tener cabida todas las personas, incluyendo, activistas y dirigentes de partidos políticos, pastores o religiosos. Pero sin sacar ventajas para proselitismos, sean estos partidarios o religiosos. Las organizaciones comunitarias y populares han de cuidarse para no quedar atrapadas en el ambiente electoralista.

Un tiempo político electoral es oportunidad para que las organizaciones sociales, comunitarias y populares se fortalezcan en sus demandas y luchas gremiales y territoriales, y para convocarse con madurez, visión crítica y sin protagonismos. Es una oportunidad para que en caso de establecer una relación con alguno de los partidos políticos, se establezca desde alianzas maduras y sin que esa alianza ponga en precario la identidad y autonomía del movimiento social.

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