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Miércoles,  10 febrero 2021

Romper burbujas y distancias

De acuerdo a los sondeos realizado por el ERIC, la población desconfía en muy alto grado de todos los partidos políticos, aunque todos cuenten con su cuota de seguidores, por el nivel de necesidad estomacal que mueve montañas. También los sondeos recogen una enorme distancia entre la vida cotidiana de la gente y las dirigencias de los sectores populares y las organizaciones no gubernamentales, de izquierda, o de sociedad civil, como gusta llamarlas la cooperación internacional.

Esta distancia es muy peligrosa. Pero más peligrosa es la reducidísima consciencia que de esa distancia tienen las dirigencias populares. Por el solo hecho de sentirse de izquierda, los dirigentes creen que lo que dicen y analizan es lo que la gente común piensa y siente. Y eso no es así. Tomar consciencia entre la distancia brutal de lo que hacen, dicen y proponen las dirigencias populares y la realidad cotidiana de la gente, es un paso necesario para crecer como oposición.

A veces parece que las dirigencias populares y de izquierda se afanan más por estar cerca de quienes están más arriba en las cúpulas que por estar al lado de la gente común y de a pie. Y estar con y entre la gente no es cuando le ven cara y forma de voto, sino cuando conocen sus angustias y se deciden a defender sus derechos.

Las dirigencias populares y políticas de izquierda, así como la inmensa mayoría de organizaciones de sociedad civil, están encerradas y protegidas en una burbuja que las protege de esa abismal distancia de la vida cotidiana de la gente. Esta burbuja ofrece muchas seguridades, incluso económicas, pero sobre todo impide reconocer el error de estar política, ideológica, humana y hasta espiritualmente distantes de la cotidianidad de la gente de los barrios, colonias y aldeas.

Y es aquí cuando nos topamos con el meollo del tema de la oposición desde la perspectiva popular y de izquierda de Honduras. El nivel de conciencia social y política de la mayoría de la sociedad hondureña es tan bajo y precario que al final de cuentas lo más importante no es quién está gobernando y quiénes están en la oposición, sino quién o quiénes le dan de comer y le ofrecen chamba, aunque sea indignante. La expresión óptima de las consecuencias de los bajos nivele de conciencia de nuestro pueblo es que estamos sometidos a una dictadura saqueadora y corrupta, y la gente no se revuelve ni se levanta.

Mientras tanto, las dirigencias populares y de izquierda continúan en su burbuja, muy dueñas de sus ideas y análisis anti neoliberales, pero muy lejos del estómago y el sentir de la gente. Pero es que ni siquiera se dan cuenta. Salir de esta burbuja y romper la distancia que existe con lo que siente, piensa, sueña y sufre la gente en su cotidianidad, es condición para que las organizaciones populares y la izquierda sean la oposición que se erija como alternativa a todos los modelos a través de los cuales busca perpetuarse el proyecto antinacional y autoritario que actualmente lidera la extrema derecha, encabezada por el exclusivo círculo de Juan Orlando Hernández.

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