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  Sábado, 31 octubre 2020    

Una fundación desde donde brilla la dignidad de las víctimas

Inspirada en un devoto, trabajador y entregado santo jesuita, la Fundación San Alonso Rodríguez tiene su base de servicio apostólico en la zona del Valle del Aguán, y este 31 de octubre cumple 21 años de trabajo intenso, generoso y solidario.

Nació en los agitados ambientes de la emergencia desencadenada tras el terrible paso del huracán Mitch a finales de octubre de 1998, y nadie pudo imaginar que el FSAR, como se le conoce, habría de cruzar el siglo y surcar por estas dos primeras décadas para ser fuente de aliento, esperanza y de defensa de los derechos y aspiraciones de las comunidades más empobrecidas del valle y de las montañas de la zona del Aguán.

El FSAR cuenta con el mayor de los reconocimientos por parte de donantes de iglesias europeas y de comunidades civiles y religiosas de los Estados Unidos, y cuenta con el respaldo de muchas comunidades eclesiales, de derechos humanos, indígenas, feministas, ambientalistas y de promoción y defensa de la dignidad humana a lo largo del continente y especialmente dentro de nuestro territorio hondureño.

En una sociedad polarizada y atrapada en los conflictos como la nuestra, un organismo como el FSAR no es ninguna monedita de oro. Es muy querida y reconocida en gratitud por muchas comunidades y organizaciones hondureñas e internacionales, y es piedra de tropiezo y de incomodidad para personas y estructuras que se sustentan en buscar lucros y ganancias a cualquier costo, pero sobre todo aplastando la dignidad y los derechos de la gente más empobrecida.

En algunas de las pláticas escuchamos de uno de sus miembros lo siguiente: “Como FSAR, no buscamos crear conflictos ni discriminados a nadie, pero nos situamos dentro de los conflictos del Aguán desde la opción inconfundible en favor de las víctimas, y en una sociedad polarizada, buscamos la armonía social desde la gente más humilde, oprimida y discriminada”.

El equipo del ERIC y Radio Progreso saluda con mucha gratitud a cada uno de los miembros de la FSAR, y la confesamos como nuestra Hermana en el Aguán, y cuando escuchamos que las amenazas hacia su trabajo provienen de los heraldos de la muerte de Inversiones Los Pinares o de militares y políticos corruptos, sentimos un profundo sentimiento de orgullo del sano, por sentirnos parte en un mismo caminar con la FSAR, esa generosa fundación desde donde brillan las tiernas dignidades de las víctimas.


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