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  Jueves, 30 Septiembre 2021    

Una imagen, mucho dolor y un grito en el desierto

Cuando todos pensábamos que perseguir negros montados en caballo era asunto de museos, libros o historiadores, Estados Unidos reafirma que sus prácticas esclavistas están a flor de piel. Arrinconar y perseguir en caballos a un grupo de haitianos refugiados en la frontera Del Río en Texas, es la expresión más ruin de los policías, pero especialmente de los políticos de ese país.

Los haitianos van huyendo de su país que lleva décadas desangrándose y los tratan como salvajes. Hablamos de más 14 mil personas refugiadas, pidiendo una oportunidad para rehacer sus vidas, personas que han sufrido el deprecio de muchos países en su paso por Suramérica y han sufrido violaciones, hambre, enfermedades por el paso de las montañas del Darién en la frontera entre Colombia y Panamá.

Pero si el sufrimiento del camino les parece poco, les recordamos que huyeron del país más empobrecido de América Latina, golpeado en 2010 por un terremoto que dejó más de 300 mil muertos, tiene un estado casi fallido, que se mostró en el magnicidio del presidente Jovenel Moïse y profundizó sus angustias y calamidades el reciente terremoto de 7,2 grados, por eso nos preguntamos ¿Que más tiene que pasar en Haití para darle una oportunidad a los refugiados?

Es oportuno recodar que los verdugos montados en caballos es la continuidad de los verdugos de cuello blanco. En marzo de 2010, el ex presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, acudió ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, en Washington, para dar cuenta de sus gestiones como enviado especial de la ONU para Haití y, en mitad de su discurso confesó: “Tengo que vivir cada día con las consecuencias de una decisión mía que fue, quizá, buena para algunos de mis granjeros en Arkansas, pero que fue un error porque trajo también como resultado la pérdida de la capacidad de producir arroz de Haití y, consecuentemente, de su capacidad de alimentar a su pueblo. Fue resultado de algo que hice yo. Nadie más”.

La rápida confesión de ex presidente Clinton, es una evidencia del fracaso de sus intervenciones militares, de los tratados de libre comercio y de las recetas de Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que con sus políticas van destruyendo la institucionalidad, los tejidos económicos, al tiempo van dejando reguero de miseria en los pueblos. De los destrozos de Clinton también van huyendo los hermanos haitianos. Dar refugio a los haitianos no debería ser por protocolos humanitarios, es por responsabilidad histórica por la participación directa de Estados Unidos en la destrucción de ese pueblo. Pero no son trámites para refugiados lo que se están haciendo, están gestionando una caravana de aviones para regresarlos a la miseria que ellos provocaron.

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