Jueves, 07 mayo 2020

Una región, una epidemia y diferentes resultados


Los expertos en salud pública afirman que aún no llegamos al pico de la epidemia, pero advierten que las camas asignadas para los pacientes del virus ya están llenas, ya no hay ventiladores especiales para nuevos pacientes en estado crítico, y nos advierten que llegamos al punto de esperar la muerte de un paciente para ingresar otro.

Para hacernos una idea de la precariedad algunos informes sobre la Secretaría de Salud dan cuenta que Honduras tiene diez camas hospitalarias por cada diez mil habitantes, en cuanto al personal hay diez médicos por cada diez mil habitantes. Mientras en el área de enfermería, la cobertura es de dos enfermeras por cada diez mil habitantes y ocho auxiliares de enfermería por cada diez mil habitantes. Un récord de los gobiernos neoliberales.

Los mismos médicos nos advierten que una cosa es lo que se informa en las inútiles cadenas nacionales y otra cosa muy distinta es lo que está ocurriendo en los hospitales. Estamos por cumplir dos meses del primer caso de infección y los hospitales siguen sin equipos ni el medicamento necesario, sigue la improvisación y la conducción de la emergencia por políticos y no por médicos.

Esta precariedad e improvisación se va expresar en que somos unos de los países con la tasa de mortalidad más alta por el Coronavirus en Latinoamérica, y somos el país con menos pruebas realizadas en Centroamérica. O sea, mientras nosotros hemos realizado 5,653 pruebas, los salvadoreños realizaron en el mismo tiempo 33,628 pruebas; mientras que en Costa Rica únicamente hay seis muertos, aquí tenemos 93 personas muertas por Coronavirus.

La pregunta evidente es ¿por qué siendo países de la misma región tenemos resultados tan diferentes ante la pandemia? la respuesta la encontramos en que esta pandemia nos llegó en el momento del mayor fracaso de las recetas neoliberales, dejando como resultado: un grupo políticos corruptos que convirtieron al país en un narco Estado, una brutal concentración de riqueza en pocas manos y un pueblo enfermo y hambriento.

Ante este escenario tenemos la enorme responsabilidad de salvar vidas. Y todos y todas estamos llamadas a dar nuestro aporte. Sumemos todas las voces y ojos posibles para seguir presionando al Gobierno por mayor abastecimiento de medicinas y alimentación para la gente que necesita, y porque no se roben el presupuesto asignado a la emergencia. Tenemos que organizarnos en los barrios y comunidades para cuidarnos y solidarizarnos con quienes más lo necesitan. Así tendremos más posibilidad de que algo bueno surja en medio de esta pandemia.

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