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  Viernes, 05 abril 2021    

Una sociedad necesitada de costurar sus heridas

Somos una sociedad que cargamos el duelo de la muerte en hilachas. Es tanto el dolor, las angustias y miedos que no solo no tenemos tiempo para saber encajar humanamente tantas desgracias, sino que la ausencia de un duelo ante la muerte por causa del Coronavirus ha aumentado la dosis de inhumanidad.

En una sociedad desangrada y abatida por el dolor y la desconfianza, es importante impulsar cambios y transformaciones institucionales y políticas. Pero es de igual importancia la inversión destinada a rehacer los tejidos rotos de los seres humanos que habitamos este territorio hondureño.

 Somos un pueblo herido en el corazón, y esas heridas sangran, y un corazón herido suele responder provocando nuevas heridas en quienes están en el entorno. La sociedad hondureña necesita hacer una ruptura con la institucionalidad productora de violencia, corrupción e impunidad, pero a su vez necesita un largo período de “hospitalización” para esa compleja intervención quirúrgica de sus tejidos rotos, y luego un período quizás todavía más largo de convalecencia, para aprender a ver la vida sin la carga traumática y con los ojos nuevos de seres humanos frágiles pero sanos.

Sin seres humanos sanos y con las cicatrices de las hondas heridas de dolores acumulados, la sociedad hondureña no podrá experimentar nuevos horizontes. A la necesidad objetiva de cambios institucionales, económicos y de justicia, se ha de unir la necesidad de abordar la restitución de un pueblo hondureño, herido y con una carga profunda de dolores que se han venido a incrustar sobre dolores antiguos nunca sanados.

La pandemia vino, no solo a quedarse, sino a desnudar con sus amenazas y dardos mortíferos, los múltiples dolores sufridos sin la dosis de humanidad y solidaridad que requieren. Vino a destapar las heridas que vienen sangrando a lo largo de muchos años, y por querer sanarlas, hemos vivido revolcados en respuestas que han provocado nuevas y más hondas heridas, hasta convertirnos en un pueblo herido en el corazón. Así nos encontró una pandemia que está haciendo su nido justamente en donde encuentra heridas sin sanar, y dejar más angustias y muerte.

La sociedad hondureña necesitamos hacer frente por igual a dos enormes desafíos: el desafío de construir una nueva institucionalidad, y también el desafío de rehacer los tejidos rotos y sanar las heridas incrustadas en el corazón de la sociedad, especialmente de aquellas poblaciones que más han cargado con la marginalidad y las desigualdades.

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