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 Jueves, 01 abril 2021  

Valor de la Semana Santa para la fe cristiana

En Semana Santa celebramos la memoria de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, y lo confesamos como Hijo de Dios que nació pobre, creció en edad, sabiduría y en gracia de Dios, predicó el Reino de Dios, fue capturado y condenado a muerte de cruz por los romanos confabulados con las autoridades políticas y religiosas, murió con terribles gritos de dolor y de desesperación, fue enterrado, pero Dios lo resucitó de entre los muertos.

Esta confesión es la que celebramos en la liturgia de Semana Santa. Hacemos memoria de este misterio salvífico, no para quedarnos ni en el pasado ni en los ritos vacíos, sino para que nos ayuden a ser fieles al Evangelio en la realidad presente. La Semana Santa actualiza en la liturgia el camino de cruz que padece nuestro pueblo, y la crucifixión impuesta a profetas tan insignes como Monseñor Romero, Rutilio Grande, Margarita Murillo, Berta Cáceres y Juan Carlos Claros.

No hay fe en la resurrección sin el paso por la cruz. Y más allá de la liturgia, la cruz es sin duda la experiencia más amarga de los pobres de nuestro país. La cruz de Jesús fue una experiencia real y físicamente dolorosa, así como real y dolorosa es la cruz que carga el pueblo pobre en su vida cotidiana, y como real y dolorosa fue la vida amenazada y cruentamente eliminada de nuestros mártires hondureños. Cruz es la que cargan las mujeres en la cultura dominada por el patriarcado; cruz es la que cargan en sus maltrechas vidas las familias campesinas sin tierra y abandonadas por el Estado. Cruz es la que en sus espaldas llevan los jóvenes que por centenares salen del país buscando en el Norte una dignidad que el país les negó. Cruz es esa carga politiquera que el pueblo lleva en sus espaldas, y esas leyes que condenan a muchas comunidades a arriesgar su presente y futuro ante la explotación y extracción de los bienes por parte de compañías extractivas.

No hay experiencia de resurrección sin identificar nuestras propias cruces. Puede ser que carguemos cruces sin saber la carga que llevamos. Los partidos políticos son pesadas cruces, pero la gente no siempre las sabe identificar como cruces. La migración es una cruz pesada, pero mucha gente en lugar de carga la suele identificar como oportunidad. Tenemos necesidad de resurrección. Semana Santa es una oportunidad para la Iglesia toda. El papa Francisco nos deja al menos tres claves para comprender su servicio.

Primera clave: una Iglesia que predica en pobreza y que deja los privilegios para abajarse hacia los oprimidos y los descartables; segunda clave: una Iglesia que defiende la casa común con el mismo ímpetu como defiende la causa de los empobrecidos; tercera clave: una Iglesia que promueve la paz en el mundo a partir de la solidaridad con la lucha de los movimientos populares por trabajo, tierra y techo. Si estas tres claves las seguimos, sin duda estaremos en el camino de Jesús quien, hundiéndose en las tinieblas oscuras de la crucifixión y la muerte, emergió con toda su alegría para compartir su nueva Vida con los pueblos crucificados de esta tierra merecedora de una oportunidad para convertir sus cruces y pasiones en una nueva Vida repleta de alegría y dignidad. 

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