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Jueves, 02 abril 2020

Y los invisibles se hicieron visibles


De pronto todo cambió, los grandes ejecutivos en sus jets privados pasaron al encierro, los grandes futbolistas pasaron a enviar mensajes de solidaridad para poder salir en las portadas, las clases medias abandonaron sus lujosos carros y pasaron al encierro, y poco a poco los invisible comenzaron a ser visibles, sus acciones se fueron reconociendo y a muchos hasta le aplaudieron.

Las grandes estrellas de los deportes pasaron a un tercer plano, los camarógrafos movieron sus lentes hacia los que de verdad hacían milagros con sus pies y manos salvando vidas y ahí estaban las de siempre, las enfermeras, los médicos y el personal de limpieza quienes están arriesgando sus propias vidas para salvar otras.

De pronto los cielos de las grandes urbes se fueron limpiando, las aguas de los ríos se fueron aclarando y descontaminando, y animales silvestres bajaron y llegaron a muchas ciudades, el canto de los pájaros en las ciudades sustituyó el ruido de los motores, la vida vuelve a tener sabor a cotidianidad y todos nos estamos preguntando qué viene después de la pandemia.

Se toma conciencia que hay miles de personas para quienes no hay “toque de queda”, no hay “quédate en casa”, porque ellos no tienen casa, siempre vivieron en la calle y la emergencia los hizo visibles cuando el mercado, gobiernos y Estados los ocultaron, los negaron y con mucha frecuencia los asesinaron.

En medio del encierro la vida rural es extrañada y valorada por todo mundo, nos dimos cuenta que tranquilamente vivimos sin estar en centros comerciales y sin comer las comidas rápidas, pero que no podemos vivir sin los frijoles, el maíz, las verduras, la frutas que brotas la tierra labradas por manos campesinas. Nos dimos cuenta que el mercado popular, es más cierto que los grandes supermercados en tiempos inciertos.

De pronto tienen razón todas aquellas voces que luchaban por la no privatización de los servicios públicos, quienes defienden los ríos y las montañas con sus propias vidas, y de pronto millones de voces claman porque se fortalezca las instituciones públicas, que la sanidad pública no es un gasto es una inversión estratégica para los pueblos.

Decían nuestros abuelos que “no hay mal que bien no venga”, esta emergencia tal vez será la principal oportunidad que tenemos para que en esta década que comenzamos avancemos con paso firme en la recuperación de las instituciones públicas, que el hambre y los muertos de esta pandemia nos pinche la memoria y corazón hasta lograr sacar las manos de los criminales que hoy conduce nuestras instituciones públicas. Qué comience la cuenta regresiva.

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