Honduras 2025: ¿Democracia vulnerable o dictadura de las minorías?

GERMAN ROSA (SJ)*

¿Cuáles serían las consecuencias de no hacer los cambios y rupturas necesarias para fortalecer la democracia y cambiar las dinámicas de poder de la dictadura de las minorías? La resignación ante la vulnerabilidad democrática llevaría a consolidar el control de grupos de poder fáctico, pues cada vez es más evidente que, además de las cúpulas partidarias, existen otras minorías poderosas.


INTRODUCCIÓN 

Honduras es una república fragmentada en todas sus instancias gubernamentales y estatales, con grandes vulnerabilidades en su democracia y muy dependiente de tomadores de decisiones que, frecuentemente, limitan el goce de la justicia, la libertad, la cultura y el bienestar económico y social de la mayoría de la población. Basta con observar la mora judicial, los indicadores de libertad de expresión, de pensamiento y movilidad; la poca democratización de la educación y los indicadores de pobreza y precariedad de la población afectada por estas realidades.

Honduras tiene tres partidos políticos mayoritarios (Libre, Nacional y Liberal) que, históricamente, han sido controlados por sus respectivas cúpulas económicas y financieras, pequeños grupos familiares y las elites políticas. Estas minorías deciden candidaturas, alianzas políticas y marcan el rumbo del país, en muchos casos a espaldas de las bases político-electorales y la ciudadanía.

Cada vez es más evidente que, además de las cúpulas partidarias, existen otras minorías poderosas, como los grupos empresariales en alianza con los capitales trasnacionales, los militares, medios de comunicación corporativos y el crimen organizado. Todos son protagonistas en la palestra política, pero, muchas veces, no muestran el rostro para ejercer su poder desde el anonimato. Generalmente se les conoce como poderes fácticos. Ninguno ha sido electo formalmente, pero en conjunto ejercen una influencia decisiva sobre la política, la economía y la justicia. A ello se suma el gobierno de los Estados Unidos, con un protagonismo histórico incuestionable en el país.

En este artículo analizamos —al menos en parte—, cómo los grupos fácticos ejercen un poder desproporcionado, exento de verificación pública y, por consiguiente, ilegítimo. El propósito es mostrar cómo estas minorías pueden manipular las instituciones y las normas democráticas para ejercer control y así obtener más beneficios, acumular más riqueza y otros recursos de poder. 

Por esa vía se erosionan las normas democráticas y se distorsiona el significado de una justa contienda política entre los partidos; o se excluyen las expresiones no partidarias que se presentan como alternativas de participación política y representación ciudadana. Como lo expresan Steven Levitsky y Daniel Ziblatt:

Hoy en día lo que aflige a la democracia de nuestro país se acerca más al problema contrario: las mayorías electorales a menudo son incapaces de llegar al poder, y en caso de lograrlo, a menudo no pueden gobernar. Así pues, la amenaza más inminente ahora mismo es el Gobierno de una minoría.

Sin embargo, en nuestro contexto, la amenaza real es el poder fáctico ejercido por distintas minorías, cuyo proceder es semejante a las dictaduras que se imponen a la voluntad popular y la institucionalidad democrática.

Este fenómeno político pone en riesgo la democracia, socava la participación y la voz de la mayoría y conduce a la ingobernabilidad, rompiendo así los principios democráticos. De este modo, las mayorías no pueden gobernar ni los líderes elegidos representan sus expectativas electorales. Dicho brevemente, la gran amenaza es el gobierno de unas minorías que ejercen el poder real de manera contramayoritaria.

1. LA DICTADURA DE LAS MINORÍAS

Una dictadura es un sistema de gobierno que concentra el poder en una persona o un pequeño grupo, que ejerce el mando de forma autoritaria sin respetar los principios democráticos. No respeta la división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) y no representa ni reconoce los derechos del pueblo.  

Lo que observamos en nuestro país es que existen estructuras estatales y gubernamentales formales, pero al par hay una fragmentación del poder repartido entre las élites que han gobernado durante décadas y se imponen en el escenario nacional. 

Un grupo reducido, constituido por miembros de diversos sectores económicos, financieros y políticos, decide el rumbo del país, imponiéndose a la estructura política-jurídica estatal y gubernamental mediante negociaciones entre ellos mismos. Es una fuerza dominante que ejerce el poder real de manera fáctica y no institucional formal. 

Esta modalidad de dominación no ejerce el poder a través de la represión militar o policial —aunque en ocasiones se puede percibir así—, sino que somete la voluntad popular y subordina el bienestar general a los pactos y negociaciones ocultas que nunca conoceremos, aunque sabemos que no pretenden el bien común.

En una dictadura de las minorías, el poder real no reside en las estructuras jurídicas estatales ni gubernamentales, sino en élites económicas, financieras y políticas que negocian y logran acuerdos que superan los obstáculos para la gobernabilidad, instrumentalizando las estructuras estatales y gubernamentales para sus fines e intereses particulares o de grupo.

Estas élites, de distintas ideologías, manipulan las reglas, las instituciones y los poderes del Estado. Esto se puede observar en la judicialización del Consejo Nacional Electoral (CNE) y el silencio del Ministerio Público ante las exigencias de justicia de la ciudadanía; por ejemplo, ¿cuántas demandas se han formalizado ante el Ministerio Público por la crisis en el CNE? 

También se observa en los conflictos en el Congreso Nacional respecto a la instalación de la Comisión Internacional Contra la Corrupción y la Impunidad (CICIH), la aprobación de la ley de justicia tributaria, la extensión del estado de excepción, la denuncia del tratado de extradición con los Estados Unidos, el rol de las Fuerzas Armadas en el escenario político y el letargo del Ministerio Público en el caso de los «checazos» de Sedesol, entre otros hechos que tocan a las puertas de una institucionalidad adormecida y sometida. 

Sin duda, los grupos de poder, real o fáctico, tienen tanta incidencia en la palestra política, que ellos son los que deciden cómo procederán las instancias del Estado, sin descartar los pactos y concesiones recíprocas entre élites.

2. VULNERABILIDADES ESTRUCTURALES DE LA DEMOCRACIA HONDUREÑA

Entre los indicadores que podemos identificar de las vulnerabilidades estructurales de la democracia hondureña están: 

a) El militarismo persistente. Las Fuerzas Armadas (FFAA) es la institución que debe tutelar todo el proceso electoral. Su papel ha sido complejo y ambiguo en la historia política del país. Todos los gobiernos civiles tienen que garantizar el financiamiento y la constante modernización del aparato militar. Y las FFAA tienen, además, el rol de garantizar la gobernabilidad e incluso la impunidad de los cuadros políticos. El espectro del golpe de Estado mantiene esta relación complaciente entre el gobierno y las Fuerzas Armadas. De tal manera que, si hay descontento en las cúpulas militares, las élites políticas tienen que preocuparse porque pueden poner en riesgo su permanencia en el poder.

La confianza ciudadana en las FFAA es limitada. El 18.5% le tiene mucha confianza; el 18.8% algo de desconfianza y el 30% no confía en estas. Además, gran parte de la población piensa que policías y militares protegen más a las élites (36.5%) y a los narcotraficantes (8.7 %), que a la ciudadanía. 

Nuestra sociedad también está bajo un régimen de Estado de excepción prolongado desde diciembre de 2022, con la percepción del 70.6% de la población que considera que no está resolviendo el problema de las extorsiones ni de la violencia. Por otra parte, existe la percepción de que las FFAA están involucradas en prácticas corruptas, lo cual no sólo alimenta la desconfianza pública, sino que pone en tela de duda su rol respecto de la seguridad nacional.

b) La debilidad institucional y la corrupción sistémica

Prevalece la desconfianza en las instituciones públicas. El 42% no confía en el Congreso Nacional lo que se explica, parcialmente, porque los diputados reciben una muy baja evaluación de su precaria labor legislativa, más enfocada en la constante confrontación para imponer la agenda de las élites propietarias de los partidos políticos, que en resolver las necesidades y propiciar el bienestar de la población. Además, la opinión ciudadana considera que la corrupción ha aumentado en el último año del gobierno actual.

Prevalece la desconfianza en el sistema de justicia, estimulada por la constatación de que no se instalará la Comisión Internacional Contra la Corrupción y la Impunidad (CICIH); así lo percibe el 61.4% de la opinión ciudadana. Por otra parte, el 84.6% opina que jueces y magistrados sólo protegen los intereses de los ricos y poderosos.

c) El tripartidismo y la exclusión de nuevas voces o partidos emergentes

El tripartidismo político se ha ido consolidando desde el golpe de Estado de 2009. Según el Sondeo de Opinión Pública del ERIC-SJ, realizado del 17 al 28 de marzo de 2025, entre los tres partidos mayoritarios se definirán las futuras autoridades políticas. Sin duda ha habido cambios en los meses posteriores a su difusión, y hoy estamos ante una guerra de encuestas electorales poco creíbles. La siguiente tabla, que muestra las preferencias y las intenciones de voto hasta marzo de 2025, ilustra cómo se ha ido configurando el tripartidismo político.

AspectoPartido LiberalPartido LIBREPartido NacionalNingún partido
Posibilidades de ganar39.1%25.6%23.2%10.1%
Preferencia de partido17.1%15.9%23.2%43.4%

Fuente: Sondeo de Opinión Pública del ERIC-SJ, año 2025, pp. 17-18.

En el primer trimestre de 2025 el Partido Liberal era visto con más probabilidades de ganar las elecciones, aunque la preferencia real es baja. Libre ocupa el segundo lugar, pero su preferencia electoral es la más baja de los tres. El Partido Nacional presenta una preferencia y una intención de voto equivalentes. 

En síntesis, ninguno de los tres partidos mayoritarios satisface completamente a los votantes. A consideración está también el 57.1% de ciudadanos que no votó en las elecciones primarias de los partidos mayoritarios. En la percepción social, ese porcentaje podría determinar los resultados electorales en noviembre de este año.

d) ¿Qué ha pasado con los partidos minoritarios y las formas de participación no partidarias o alternativas?

El CNE determinó requisitos que han funcionado como barreras infranqueables para los partidos emergentes: un mínimo de 200 nóminas de candidatos a corporaciones municipales, 14 candidaturas a diputaciones al Congreso Nacional, planilla presidencial completa, incluyendo designados presidenciales y candidatos al Parlamento Centroamericano. 

Al final, fueron excluidos cinco de los ocho partidos emergentes, por no cumplir con los requisitos cuantitativos mínimos. Los excluidos son: Alianza Patriótica Hondureña (APH), Partido Salvador de Honduras (PSH), Todos Somos Honduras, Partido Anticorrupción (PAC) y Partido Naranja (PANAH). Y permanecen: Partido Demócrata Cristiano de Honduras (PDCH), Partido de Innovación y Unidad Social Demócrata (PINU-SD) y Partido ORDEN.

Los tres partidos mayoritarios han hecho un pacto de repartición de las instituciones públicas. Un ejemplo es la elección de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Además, en febrero de 2024 anunciaron un acuerdo de repartición tripartita de los cargos en el Tribunal Superior de Cuentas (TSC), el Ministerio Público, la Unidad de Política Limpia (UPL), el Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP) y el Tribunal de Justicia Electoral (TJE). 

Las consecuencias de la exclusión de la mayoría de los partidos emergentes en las elecciones generales de 2025 es que estos no tendrán representación en el Congreso Nacional de 2026-2030; el debilitamiento del contrapeso político a los partidos mayoritarios; la consolidación legislativa del tripartidismo y la reducción del pluralismo parlamentario a la mínima expresión. 

Es importante destacar que los partidos emergentes tienen limitaciones estructurales que facilitan su exclusión; entre otras, la poca institucionalidad organizacional, la falta de democracia interna, organización territorial deficiente y dependencia de liderazgos personalistas. Ante esta realidad, es necesario introducir cambios sustanciales en el sistema electoral para democratizarlo; por ejemplo, flexibilizar los requisitos de inscripción, mejorar el financiamiento público para los partidos emergentes, fortalecer la transparencia en los procesos electorales y promover la democracia interna.

e) Influencia extranjera y
dependencia económica

Honduras tiene una influencia extranjera determinante y una vulnerabilidad socioeconómica estructuralmente dependiente. Gran parte de la economía familiar depende de las remesas de los familiares migrantes, al igual la economía nacional; y la dependencia externa limita la autonomía económica. Se calcula que las remesas representan el 25% del Producto Interno Bruto (PIB). Así, el comportamiento de las economías de Estados Unidos y España repercute directamente en Honduras, puesto que ambos países son los principales destinos de nuestros compatriotas migrantes.

Debido a las constantes crisis políticas, la falta de gobernabilidad y la incertidumbre, la inversión extranjera directa es condicionada y limitada a mínimos históricos. No existen grandes inversiones y los empresarios están esperando el resultado de las elecciones generales del 30 de noviembre para decidirse a invertir en Honduras. Por otra parte, la iniciativa privada prioriza sus intereses particulares y está muy atenta a las ventajas fiscales y la flexibilidad para repatriar sus utilidades.

Las concesiones mineras y los megaproyectos atraen inversiones, pero también provocan graves impactos socioambientales, empleos precarios, evasiones fiscales y beneficios limitados para la economía nacional. Por otra parte, existe dependencia energética y respecto de los insumos para la producción nacional. Dependemos del combustible, la energía y el material que nos expone a la volatilidad de los precios internacionales y las decisiones de proveedores externos.

Dependemos del financiamiento del BID, el BM, el FMI y la cooperación bilateral, organismos que condicionan políticas públicas que no siempre garantizan la soberanía nacional. A escala internacional estamos en el proceso de construir un multilateralismo bajo la influencia determinante de países como EUA, China y la Unión Europea, que buscan incidir en Honduras a través de la cooperación, la inversión y la diplomacia. 

En el contexto global, Honduras tiene una brecha digital enorme. Así, depende de la tecnología, plataformas y servicios extranjeros (telecomunicaciones, software, plataformas financieras), lo que implica una vulnerabilidad por el control externo de los datos y servicios prestados al país. Además, los altos niveles de deuda externa reducen los márgenes para definir políticas públicas. Los capitales están disponibles si no se aprueban políticas redistributivas que podrían afectar a los inversionistas. Un claro ejemplo es la ley de justicia tributaria, que no avanza en el Congreso Nacional. 

Otro de los grandes temas que evidencian la precariedad económica de Honduras son las migraciones masivas al exterior y una clara dependencia de los mercados laborales externos, puesto que el aparato productivo nacional no es capaz de crear una oferta de empleo equivalente a la demanda de la fuerza laboral del país.

3. LA DESIGUALDAD Y LA EXCLUSIÓN SOCIAL: CALDO DE CULTIVO PARA EL AUTORITARISMO

En este escenario de carencias y vacíos, las dinámicas socioeconómicas determinan una democracia vulnerable y vulnerada por las decisiones de las élites políticas y los poderes fácticos que, al apostar sólo por sus beneficios, han creado desigualdad y exclusión social por muchas décadas, como se observa en la siguiente tabla.

Distribución de la riqueza en porcentajes y por sectores sociales

Sector socialPorcentaje estimado de riqueza totalCaracterísticas principales
Pobreza extrema y sector informal3% (aprox.)Mayoría de población con ingresos mínimos, sin acceso a activos ni ahorros.
Sector bajo con empleo formal9.81% (deciles 1-3)Trabajadores con ingresos bajos, acceso limitado a propiedad y servicios básicos.
Clase media baja23.68% (deciles 4-6)Pequeños propietarios, acceso a servicios, inicio en acumulación de activos.
Clase media alta13.86% (deciles 7-8)Empresarios medianos, profesionales con patrimonio y ahorro relevante.
Alta burguesía y élite económica52.65% (deciles 9-10)Concentración de grandes empresas, tierras, capital financiero y activos de alto valor. 10% más rico concentra la mitad del ingreso total.

Fuentes: INE, Encuesta Permanente de Hogares de Propósitos Múltiples (EPHPM), junio de 2024, y análisis complementarios. 

Esta tabla refleja la desigualdad que se vive en Honduras, con una alta concentración de la riqueza en el 10% más rico (52.65% del ingreso total), confirmando el grave problema estructural de desigualdad económica en el país. Los sectores más empobrecidos concentran el 3% de la riqueza total; los sectores bajos con empleo formal reciben el 9.81%, mientras que la capa media baja recibe el 23.68%, la capa media alta el 13.86%, y los grupos económicos más acomodados concentran más de la mitad del ingreso total: el 52.65%. 

Para profundizar en el tema, mostramos la siguiente tabla, más detallada, que indica los rangos sociales y económicos que reflejan la realidad de la pobreza que contrasta con la concentración de la riqueza y evidencia la desigualdad vigente en Honduras en 2025.

AñoPobreza general (%)Pobreza extrema (%)Indicadores relevantes de desigualdad y contextoFuentes principales
201964.736.7Alta informalidad laboral (~81%), concentración elevada de ingresos; remesas representan ~27% del PIB.INE, COHEP, Banco Mundial
2020No disponibleNo disponibleImpacto severo COVID-19 y huracanes Eta y Iota; desempleo 10.9%, informalidad elevada (81.4%).INE, COHEP
202173.653.7Incremento histórico por pandemia y crisis climática; exclusión rural crítica y concentración de riqueza.INE, BCH
2022~64.0~42.0Inicia recuperación paulatina; reducción moderada pobreza extrema; desigualdad persistente.INE (estimaciones), COHEP
202364.141.5Descenso en pobreza, persistencia pobreza rural (>80%) y urbana (~64%); remesas clave.INE
202462.9 – 67.140.1 – 41.5Control inflacionario (4.6%), mejoras económicas; alta concentración de riqueza.INE, COHEP, BCH, Banco Mundial.

De acuerdo con estos datos, vivimos en la precariedad estructural, la elevada informalidad y la desigualdad económica concentrada. La pobreza se incrementó durante la pandemia de la covid-19 y los huracanes Eta y Iota. 2021 fue el año que vivimos en la mayor pobreza, con 73.6% de pobreza general. 

En los años 2021-2024 hubo un proceso gradual de recuperación económica y social, pero la elevada concentración de riqueza y de desigualdad social sigue siendo una característica relevante de nuestra realidad. Destacan los niveles críticos en el área rural, muy por encima de la pobreza urbana, lo que demuestra la ausencia de políticas de inclusión y desarrollo humano. Además, la informalidad laboral prevalece en el 80% de la población, aproximadamente.

Los retos son evidentes. Entre otros, la urgencia de políticas públicas destinadas a ampliar el empleo formal y el trabajo digno; en consecuencia, se reduciría la vulnerabilidad social. También es necesario fortalecer la seguridad social y ampliar el acceso a los servicios de salud y educación, particularmente en zonas rurales y los sectores urbano-marginales.

4. ESCENARIOS PARA EL FUTURO: ¿CAMBIOS, RUPTURAS O RESIGNACIÓN? 

A partir de los argumentos hasta aquí presentados, es pertinente plantearnos cuáles son los cambios y las rupturas que se necesitan para fortalecer la democracia; y, si no se realizan, cuáles serían las consecuencias para la población y la endeble democracia nacional.

A. Cambios necesarios 

Es urgente democratizar el sistema electoral, flexibilizando los requisitos de inscripción de partidos emergentes y de otras expresiones ciudadanas de participación y representación. En relación con lo anterior, mejorar el financiamiento público para estos partidos y las nuevas formas de participación y representación ciudadana, además de fortalecer la transparencia de los procesos electorales.

En esta perspectiva, la transparencia y rendición de cuentas respecto del financiamiento a los partidos mayoritarios es una tarea impostergable, sobre todo para evitar la influencia del crimen organizado y el narcotráfico en los procesos electorales. Además, los partidos políticos deben democratizarse internamente y reducir el control de las cúpulas económicas, financieras y políticas que actualmente los monopolizan. 

Recuperar la credibilidad en el Poder Judicial es otra labor fundamental. El 84%, según el Sondeo de Opinión Pública del ERIC-SJ, opina que jueces y magistrados protegen los intereses de los ricos y poderosos. Tal como decía Monseñor Óscar Arnulfo Romero, la justicia es como la serpiente que solo muerde los pies descalzos. 

También se necesita la despolitización partidista del Consejo Nacional Electoral y crear las condiciones para instalar la CICIH, una mediación fundamental para desmontar las estructuras de la corrupción, la impunidad y el crimen organizado, enquistadas en distintas instancias del Estado.

Y es fundamental aprobar una ley de justicia tributaria progresiva que, además, establezca garantías para la gestión y administración de los impuestos recaudados para que sean destinados a la salud, la educación y la inversión productiva que relance la demanda laboral, que es una necesidad urgente. 

B. Rupturas necesarias

Hay rupturas que se tienen que realizar para salir de las dinámicas que imponen las dictaduras de los grupos de poder. Es un imperativo romper con el control de grupos económicos, financieros y políticos que, sin ser elegidos democráticamente, ejercen un poder real desde el anonimato.

De igual manera, hay que romper con el monopolio que ejercen los partidos mayoritarios que concentran el 89.8% de la representación parlamentaria (115 de 128 diputados). Esta concentración de poder obstaculiza la emergencia de nuevos liderazgos, no favorece el pluralismo y perpetúa los pactos de repartición de las instituciones públicas entre los partidos mayoritarios.

Dada la ambigüedad y el protagonismo político e histórico de las Fuerzas Armadas, hay que redefinir su rol en nuestra democracia, puesto que mantienen a los gobiernos civiles bajo amenaza de golpe de Estado. Esto explica por qué solo el 18.5% de la población tiene «mucha confianza» en esta institución.

Un reto gigantesco y urgente para Honduras es romper con la vulnerabilidad económica estructural que padece, aunque no será fácil por las fuerzas adversas. Los grandes desafíos son: salir de la dependencia de las remesas, que por ahora representan el 25% del PIB; y, superar la dependencia del financiamiento de organismos internacionales que condicionan las políticas públicas y cuestionan la soberanía nacional.

Para superar tales retos, es fundamental romper con las negociaciones ocultas entre las élites que resuelven las crisis políticas sin la participación ciudadana, tal como ha ocurrido con la reciente crisis en el Consejo Nacional Electoral. La institucionalidad tiene que prevalecer sobre los pactos políticos y las componendas bajo la mesa. 

C. Consecuencias de la resignación

¿Cuáles serían las consecuencias si no se hacen los cambios y rupturas necesarias para fortalecer la democracia y cambiar las dinámicas de poder de las dictaduras minoritarias en nuestro país?

Obviamente, la resignación ante la vulnerabilidad democrática y las dictaduras minoritarias llevaría a consolidar el control, sin legitimidad democrática, de estos grupos de poder fáctico, perpetuando el sistema en que prevalecen los pactos y las alianzas políticas sobre la legalidad y la institucionalidad.

Se mantendrían las grandes tendencias históricas de concentración de la riqueza, donde una pequeña porción (10%) de los habitantes concentra el 52.65% de los recursos, de los bienes y capitales, mientras que el 62.9% seguiría viviendo en la pobreza, propiciando las condiciones para que se instauren regímenes autoritarios o se produzcan estallidos sociales.

La resignación consolidaría un «simulacro de democracia», donde los procedimientos formales existen, pero sin contenido real. En este escenario, las elecciones serían manipuladas o «negociadas» entre las élites o los grupos de poder fáctico, en lugar de expresar la voluntad popular. 

Pero no se puede construir la democracia con procedimientos antidemocráticos. La democracia se fortalece aumentando la calidad de la democracia misma. Steven Levitsky y Daniel Ziblatt nos recuerdan tres principios básicos que los partidos políticos deben seguir: «aceptar siempre los resultados de las elecciones justas, ganen o pierdan; rechazar sin ambages el uso de la violencia para conseguir poder o aferrarse a él, y romper con los extremismos antidemocráticos». 

Por otra parte, si no se hacen cambios estructurales, Honduras permanecerá vulnerable ante las crisis internacionales, las decisiones de los países poderosos y la volatilidad de los precios en el mercado global, manteniendo la dependencia que limita la autonomía y la soberanía nacional.

No cabe duda de que la resignación perpetuaría la exclusión de nuevas voces políticas, nuevos liderazgos y el relevo generacional tan necesario para crear nuevos estilos de hacer política que beneficien a la población; así, los partidos mayoritarios seguirían controlando el poder y los partidos emergentes y otras formas de participación y representación ciudadana serían marginadas y excluidas por las barreras insuperables para participar en un proceso electoral justo.

Finalmente, Honduras continuaría siendo una república fragmentada donde una minoría ejerce una dictadura de facto que bloquea la voluntad de las mayorías y perpetúa un sistema político excluyente que erosiona las bases democráticas en nuestra sociedad. Sin embargo, no podemos concluir sin evocar al poeta hondureño Pompeyo del Valle (1928-2018), que nos invita a afrontar este período histórico con unos párrafos de su poema titulado:

La Ruta Fulgurante

Comprendo que esto

tiene que ser así. No debemos olvidarnos

de la alegría. A pesar de todo

y sobre todo

tenemos que ser fuertes para reír

y para creer en la dulzura.

Y sobre todo ser sencillos,

ser como deben ser los hombres limpios:

ser claros y luminosos

como la lluvia que trabaja alegremente

y hace palpitar la tierra

como un gran corazón enamorado.

Ahora lo proclamo. La esperanza

es una bella posibilidad futura.

Ella te hace levantar la cabeza y soñar.

Ella te infunde fe y te anima

a seguir adelante. Ella te hace crecer

y sonreír frente al universo.

Ella abona el terreno debajo de tus pies.

Ella traza tu ruta y la rodea de fulgores.

Es como un pájaro de grandes alas.

Tú puedes tener errores, pero ella jamás

se equivoca

porque consigue mantenerte firme. 

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