Mapeo del sector de la economía creativa en Honduras. Epistemologías del ser: ciudadanía, cultura y políticas de bienestar

LIDIA S. CÁLIX VALLECILLO*

La creatividad es un ejercicio de ciudadanía cultural y un espacio de resistencia simbólica. Los actores creativos buscan influir en la producción cultural, establecer redes de colaboración y preservar memorias locales. Así, reafirman la idea de que la cultura es un bien común en disputa.


RESUMEN 

Este artículo presenta los resultados de un mapeo nacional del sector de la economía creativa en Honduras, realizado con enfoque participativo y multidisciplinario. A través de una metodología mixta, se recolectaron datos cuantitativos y cualitativos de 43 actores culturales, visibilizando tanto su diversidad sociodemográfica como las condiciones estructurales que afectan su quehacer: alta informalidad, precariedad económica, centralización territorial y débil articulación institucional. 

El estudio propone entender la creatividad como ejercicio de ciudadanía cultural y la cultura como bien común en disputa, situando la economía creativa más allá de los marcos tecnocráticos. Se plantean cinco líneas estratégicas para el fortalecimiento del sector, en diálogo con epistemologías del Sur, la justicia cognitiva y la democratización cultural. 

Palabras clave: economía creativa, ciudadanía cultural, Honduras, políticas culturales, epistemologías del Sur, cultura como bien común, mapeo cultural.

INTRODUCCIÓN: 

LA ECONOMÍA CREATIVA COMO EJERCICIO DE CIUDADANÍA CULTURAL

En las sociedades pospandémicas y fragmentadas, donde la fatiga social y la precariedad erosionan el sentido de comunidad, la economía creativa se configura no sólo como un sector económico, sino como un espacio de resistencia ontológica: un territorio simbólico donde la creación deviene acto político. Como sostiene Néstor García Canclini (2021), “la cultura ya no es solamente un ámbito de representación sino de producción de sentidos económicos, sociales y ciudadanos”.

El mapeo del sector de la economía creativa en Honduras nace de esa intuición y de esa urgencia: documentar, visibilizar y fortalecer un sector largamente invisibilizado y precarizado.

I. FUNDAMENTO TEÓRICO: CULTURA, CIUDADANÍA Y ECONOMÍA POLÍTICA DE LA CREATIVIDAD

La economía creativa, según la definición de la UNESCO, abarca las actividades que utilizan la creatividad y el capital intelectual como insumo principal, generando valor económico y cultural. David Throsby (2010) destaca que “los bienes culturales poseen una doble naturaleza: son simultáneamente bienes económicos y portadores de identidad simbólica”.

Sin embargo, en contextos latinoamericanos, y en particular el hondureño, este sector enfrenta características distintivas: informalidad estructural, desfinanciamiento crónico, centralización territorial, y una débil articulación interinstitucional. Como afirma Néstor García Canclini (2015), “el desafío es democratizar la cultura, no solo su acceso, sino su producción y su poder de incidencia”.

El sector cultural en Honduras, al igual que en otros países de América Latina, enfrenta una alta informalidad. Esto se refiere a la falta de regulación y reconocimiento oficial de muchas de las actividades culturales y creativas. En lugar de ser actividades organizadas y formalmente registradas, muchas se desarrollan de manera informal, lo que dificulta su acceso a recursos públicos, apoyos gubernamentales y su participación en mercados formales. La informalidad también genera inseguridad laboral para los trabajadores de la cultura y los artistas, lo que limita su capacidad para acceder a beneficios sociales y económicos.

El sector cultural en Honduras sufre de una escasez persistente de financiamiento, tanto público como privado. La falta de un compromiso institucional continuo y el escaso interés en destinar recursos a la cultura resultan en proyectos y organizaciones que luchan por mantenerse a flote. En muchas ocasiones, las iniciativas culturales dependen de fondos limitados, lo que frena su crecimiento y desarrollo sostenido. 

La centralización territorial se refiere a la concentración de las actividades y recursos culturales en las principales ciudades, especialmente en la capital. En muchos países latinoamericanos, las iniciativas culturales están fuertemente concentradas en áreas urbanas, lo que deja de lado a las zonas rurales y a las comunidades periféricas.

Esta centralización provoca inequidad en el acceso a la cultura, ya que quienes residen fuera de las grandes ciudades enfrentan mayores barreras para participar en actividades culturales, compartir sus cosmovisiones y prácticas, o aprovechar los recursos disponibles.

La falta de colaboración entre las instituciones públicas, privadas y académicas que trabajan en el sector cultural es otro reto significativo. Sin una articulación adecuada, los esfuerzos y recursos a menudo se diluyen, lo que impide una gestión eficiente y una respuesta eficaz a las necesidades del sector. La fragmentación institucional en el ámbito cultural limita la creación de políticas públicas coherentes y efectivas que puedan beneficiar a los artistas y a la sociedad en general.

En este contexto, como señala García Canclini (2015), “el desafío es democratizar la cultura, no solo su acceso, sino su producción y su poder de incidencia”. Esto implica que, más allá de permitir el acceso a las expresiones culturales, es necesario asegurar que las comunidades tengan el poder de influir en las decisiones culturales y en la forma en que la cultura se produce, distribuye y consume. 

La democratización de la cultura debe ser un proceso inclusivo que permita que todas las voces, especialmente las de los sectores más vulnerables, tengan la capacidad de participar en la creación y toma de decisiones dentro del ámbito cultural. Este enfoque no solo promueve la equidad, sino que también fomenta una cultura más diversa y representativa de las realidades sociales, políticas y económicas de las diferentes regiones y comunidades del país.

En las últimas décadas la economía creativa ha transitado de una concepción tecnocrática vinculada al crecimiento económico y la innovación, hacia una visión más amplia que la reconoce como un campo de disputa simbólica, una plataforma de desarrollo territorial y un ejercicio de ciudadanía cultural.

Esta evolución refleja un giro epistemológico: de la “industria cultural” de los años cincuenta, a la “economía naranja” impulsada por organismos multilaterales y, más recientemente, a una perspectiva crítica y situada, como la propuesta por autores latinoamericanos que cuestionan los marcos extractivistas y coloniales del desarrollo (Quijano, 2000; Svampa, 2019; Ballestrin, 2017).

Desde esta mirada, la creatividad no puede ser reducida a un insumo comercial ni a un recurso instrumental. Se trata, en cambio, de una capacidad relacional profundamente anclada en los territorios, las memorias, los saberes populares y las cosmovisiones que dan sentido a las prácticas culturales. Tal como señala Aníbal Quijano (2007), cualquier análisis del desarrollo debe partir de una crítica a la “colonialidad del poder”; es decir, a las formas en que la modernidad ha jerarquizado saberes, cuerpos, lenguas y territorios. 

La economía creativa, cuando se articula desde este marco decolonial, puede convertirse en un espacio de reexistencia, en el que comunidades históricamente excluidas reinventan sus vínculos con el trabajo, la tierra, el arte y la política. Por tanto, esta investigación asume una triple dimensión del fenómeno:

Narrativa: La creatividad como lenguaje de enunciación, capaz de producir relatos contrahegemónicos que resignifican las nociones de desarrollo, identidad y futuro. En palabras de Boaventura de Sousa Santos (2006), se trata de “producir sociologías de las ausencias”, visibilizando aquello que los paradigmas dominantes han silenciado.

Territorial: El sector creativo no puede comprenderse fuera de su contexto geopolítico, afectivo y comunitario. En Honduras, la creación artística y cultural se despliega como respuesta al despojo, al trauma colectivo y al olvido institucional, convirtiéndose en herramienta de recomposición del tejido social y del derecho a la ciudad.

Derecho: Siguiendo el enfoque del PNUD (2022), el acceso a la cultura y la participación en los ecosistemas creativos deben entenderse como componentes centrales del desarrollo humano. Esto implica un viraje desde las políticas centradas en la productividad hacia marcos de garantía de derechos culturales, que reconozcan la diversidad étnica, lingüística, sexual y generacional de las poblaciones creadoras.

En este sentido, la economía creativa en Honduras no puede seguir siendo pensada únicamente como un nicho de innovación o como un clúster estratégico. Es, ante todo, una forma de habitar el mundo, de narrar lo común y de disputar el sentido mismo de la riqueza.

II. METODOLOGÍA: VALIDACIÓN EPISTÉMICA Y RIGOR PARTICIPATIVO

El proyecto de investigación fue diseñado con una perspectiva mixta, combinando el enfoque cuantitativo-descriptivo (mediante encuestas) con el cualitativo-interpretativo (análisis de contenido de comentarios y entrevistas). La clasificación de la economía creativa que organiza Artes, Patrimonio, Medios y Creaciones Funcionales corresponde generalmente a la “Cultura y Creatividad”, que agrupa los sectores según las áreas de actividad que involucran la creación, la producción y la distribución de bienes y servicios culturales. Esta división se presenta comúnmente en informes de organismos como la UNESCO o la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

El sector de Artes incluye todas las formas de expresión artística, desde las tradicionales como la pintura y la escultura, hasta las más modernas como el arte digital y el cine experimental. Estas actividades están orientadas a la producción de bienes culturales que, además de su valor económico, tienen un impacto significativo en la identidad cultural y la reflexión social. Los creadores en este campo, como artistas, escritores y músicos, juegan un papel clave en la formación de la cultura contemporánea.

Por otro lado, el sector de Patrimonio se centra en la conservación y promoción de los bienes culturales tangibles e intangibles como monumentos, sitios históricos, costumbres, lenguas y tradiciones. Esta área es fundamental para preservar la historia y la identidad de las sociedades, y es una fuente importante de turismo cultural y educativo. 

El sector de Medios, por su parte, abarca la producción y distribución de contenidos en medios de comunicación tradicionales y digitales, como la televisión, la radio, los periódicos y las plataformas de streaming. Este sector es crucial para la difusión masiva de la cultura y la información. 

Finalmente, las Creaciones Funcionales engloban sectores como el diseño industrial, la moda, la arquitectura y el diseño gráfico, donde la creatividad se fusiona con la funcionalidad, elaborando productos que no sólo tienen valor estético, sino también utilidad en la vida cotidiana. Juntos, estos sectores conforman un ecosistema dinámico que contribuye al desarrollo económico y cultural de las naciones.

En este marco se diseñó y aplicó la Encuesta sobre Ocupación y Actividades Culturales, con el propósito de recopilar información sobre la situación ocupacional, las condiciones laborales y las prácticas culturales de los trabajadores del sector cultural y creativo en Honduras. Este instrumento permitió identificar tanto los perfiles sociodemográficos de los encuestados, como las actividades culturales que desarrollan, su vinculación institucional, sus niveles de formación, su formalidad laboral y principales necesidades y desafíos.

La encuesta, concebida como una herramienta diagnóstica, se aplicó con el objetivo de obtener evidencia empírica que sustente el diseño de políticas públicas, programas de cooperación y estrategias de fortalecimiento para el ecosistema cultural hondureño. La validación la realizó un panel multidisciplinario de expertos en arte, cultura, derecho, historia, economía y comunicación, lo que garantizó pertinencia temática y rigor metodológico:

Investigadores sociales: Marvin Barahona, Joaquín Mejía y Elvin Hernández.

Especialistas artísticos y culturales: Julio Méndez, Jorge Benavides, Tomás Fajardo, Tito Ochoa, Miguel Romero, Joshua Cruz y Clarisa Flores.

— Especialista en economía creativa: Yuliana Valladares.

— Especialista en literatura: Miguel Barahona.

El formulario se publicó en medios de comunicación de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). También se distribuyó a través de las redes de contacto del Observatorio de las Culturas de la Secretaría de Cultura, las Artes y los Patrimonios de los Pueblos de Honduras (SECAPPH), especialmente durante el 1er Foro: Encuentro Nacional de Artistas y Espacios Culturales, realizado del 2 al 5 de agosto de 2024 en el Casco Histórico de Comayagua.

Además, el formulario se difundió en el I Congreso Multidisciplinario de Artistas en Honduras, organizado por la Facultad de Humanidades y Artes de la UNAH, que tuvo lugar del 13 al 15 de noviembre de 2024 en el campus de Ciudad Universitaria. Este congreso reunió a más de cien expertos en diversas disciplinas artísticas, con el propósito de promover la creación, el aprendizaje y la colaboración en el ámbito artístico.

III. RESULTADOS: RADIOGRAFÍA DE LA ECONOMÍA CREATIVA EN HONDURAS

A partir de la aplicación de encuestas y la recopilación de información de 43 actores culturales (con una tasa de respuesta del 71.3%), se construyó una línea base inédita del sector creativo hondureño. A continuación los hallazgos clave, ampliados y analizados:

1. Perfil sociodemográfico: diversidad generacional, de género y territorial

VariableResultado destacado
Edad promedio37 años (rango: 18 a 67 años)
Género54% femenino, 43% masculino, 3% no binario / otro
Distribución geográficaRepresentación de los 18 departamentos: 41% Tegucigalpa, 32% San Pedro Sula, 27% resto del país (Olancho, La Ceiba, Santa Rosa de Copán, Choluteca, etc.)

Tabla 1. Perfil sociodemográfico.

Análisis: Existe una notable pluralidad generacional, de género e interterritorial. Es decir, que el sector no sólo está presente en las ciudades hegemónicas, sino que se irradia hacia territorios periféricos, abriendo oportunidades de descentralización cultural.

2. Naturaleza del trabajo
y formas de ocupación

Modalidad laboralPorcentaje
Independientes/freelancers52%
Emprendedores (microempresas culturales)18%
Empleados sector cultural (público o privado)25%
Otros (voluntarios, cooperativas)5%

Tabla 2. Naturaleza del trabajo y formas de ocupación.

Análisis: La alta proporción de independientes y emprendedores refleja tanto una vocación de autoempleo, como una precariedad estructural; esto coincide con lo documentado por Balbino López (2022) sobre informalidad cultural en Centroamérica.

3. Sectores y subsectores
de la economía creativa

SubsectorParticipación (%)
Artes visuales (pintura, escultura, fotografía)27%
Música (composición, interpretación, producción)21%
Artes escénicas (teatro, danza, circo)18%
Audiovisuales (cine, TV, animación digital)12%
Patrimonio cultural (gestión, museos)9%
Diseño (gráfico, industrial, moda)8%
Literatura (escritores, editoriales)5%

Tabla 3. Sectores y subsectores de la economía creativa.

Análisis: Hay una fuerte concentración en artes visuales y música, pero destaca la emergencia de sectores como audiovisual y diseño, asociados a la “nueva economía naranja”. 

4. Antigüedad laboral y
encadenamientos productivos

— 0-5 años de experiencia: 29%

— 6-15 años de experiencia: 44%

— Más de 15 años: 27%

Encadenamientos identificados: creación artística → producción técnica → distribución y comercialización → formación y mediación cultural.

Análisis: La coexistencia de generaciones fortalece redes intergeneracionales y abre posibilidades de mentoría, transferencia de conocimientos y sostenibilidad de la cadena de valor cultural.

5. Oferta de productos y servicios

Tipo de producto/servicioParticipación (%)
Obras artísticas (visuales, musicales, literarias)40%
Espectáculos y presentaciones22%
Talleres y consultorías16%
Producción audiovisual y multimedia12%
Publicaciones y ediciones6%
Servicios técnicos (escenografía, sonido, iluminación)4%

Tabla 4. Oferta de productos y servicios.

Análisis: El ecosistema creativo hondureño presenta una oferta variada que evidencia capacidad instalada, pero también fragmentación y escasa articulación entre actores.

6. Comentarios cualitativos:
desafíos y aspiraciones

El análisis de contenido de 186 comentarios revela las siguientes categorías emergentes:

— Precariedad e inseguridad económica (67%)

— Déficit de formación y actualización (49%)

— Débil institucionalidad cultural (45%)

— Deseo de redes y colaboración (42%)

— Exigencia de descentralización y equidad territorial (38%)

1. Artes visuales y plásticas:
alta representación

Subsectores como bellas artes (pintura, escultura), nuevos formatos de expresión artístico-visual, diseño gráfico e ilustración, se mencionan con alta frecuencia en las respuestas analizadas.

Ejemplos: ID 3, 7, 21, 32, 34, 36.

2. Artes escénicas: alta representación

Disciplinas como el teatro, la danza, la música en vivo y el circo tienen una presencia destacada.

Ejemplos: ID 1 (teatro), 5 (danza), 11 (música), 18 (teatro y cine), 30 (teatro y circo).

3. Patrimonio cultural:
representación moderada

El patrimonio cultural aparece principalmente en combinación con otros sectores, con un número limitado de menciones directas.

Ejemplos: ID 16, 33.

4. Medios audiovisuales:
representación moderada

Subsectores como cine, contenido digital, animación y radio están presentes, aunque con menor recurrencia.

Ejemplos: ID 7 (cine), 15 (contenido digital), 18 (radio), 28 (software creativo).

5. Libros y publicaciones:
representación moderada

Se identifican menciones a autores, editores y publicaciones, tanto impresas como digitales, en diversas respuestas.

Ejemplos: ID 2 (escritor), 9 (publicaciones), 24 (libros y diseño).

6. Diseño: alta representación

Áreas como diseño gráfico, diseño de interiores, diseño de productos y moda son recurrentes y tienen una presencia sólida.

Ejemplos: ID 7 (diseño gráfico), 24 (diseño de interiores), 35 (artesanía funcional).

7. Arquitectura: baja representación

La arquitectura es mencionada de forma explícita únicamente en dos casos.

Ejemplos: ID 24, 36.

8. Servicios culturales y recreativos: representación moderada

Este sector incluye actividades como festivales, gestión cultural y animación de eventos, presentes en varias respuestas.

Ejemplos: ID 10 (gestión cultural), 17 (animación cultural), 26 (festivales).

9. Educación artística y mediación cultural:
alta representación

Se observa participación relevante de profesores, investigadores culturales y mediadores, lo que refleja el interés por la enseñanza y la difusión cultural.
Ejemplos: ID 3 (docencia), 12 (mediación), 14 (educación musical), 19 (gestión educativa).

Sectores con mayor representación: Artes visuales y plásticas, artes escénicas, diseño y educación artística.

Sectores con menor representación: Arquitectura y patrimonio cultural (aunque este último se vincula frecuentemente con otros sectores).

Alineación general: Las respuestas analizadas muestran una correspondencia significativa con la clasificación propuesta por la UNESCO, a pesar de algunas variaciones terminológicas. Por ejemplo, la categoría creaciones funcionales podría abarcar tanto diseño como artesanía.

Brechas identificadas:

◼ Los sectores de arquitectura y patrimonio cultural, en sentido estricto, presentan baja visibilidad.

◼ No se observan menciones explícitas a tecnologías emergentes (como videojuegos o realidad virtual); sin embargo, existen referencias indirectas a contenido digital y software creativo.

Los sectores creativos de la UNESCO están ampliamente representados, con énfasis en artes tradicionales y educación, pero con oportunidades en patrimonio independiente y nuevas tecnologías. 

Las actividades culturales y artísticas son multidisciplinarias, pues combinan investigación, docencia, dramaturgia, teatro, danza, fotografía, música, poesía y artes aplicadas, como la encuadernación artesanal. La docencia busca generar empleabilidad y aprovechar recursos naturales de forma sostenible. En artes escénicas se identifican roles diversos (profesores, intérpretes, gestores, coreógrafos), y la labor artesanal preserva memorias personales.

El sector enfrenta carencias de infraestructura, como salas de teatro y espacios de exposición, y la ausencia de carreras universitarias especializadas en artes visuales. Además, existe percepción de desvalorización del arte en la educación formal.

Los participantes coinciden en que el arte es clave para la educación y la memoria cultural, y demandan mejorar la comunicación y difusión de actividades culturales. Muchos artistas complementan su labor con otras actividades para sostenibilidad económica, lo que también indica falta de reconocimiento social e institucional.

Los resultados muestran una diversidad generacional, de género y territorial, evidenciando que la creatividad se despliega más allá de los centros urbanos hegemónicos y presenta oportunidades de descentralización cultural.

Al mismo tiempo, se identifican carencias estructurales: informalidad laboral, precariedad económica, baja articulación institucional y limitaciones de infraestructura, que confirman los desafíos que la literatura latinoamericana ya ha señalado sobre la doble naturaleza de los bienes culturales: portadores de identidad y recursos económicos.

Estos hallazgos confirman que la creatividad no es únicamente un recurso económico, sino un ejercicio de ciudadanía cultural y un espacio de resistencia simbólica, tal como plantean las epistemologías del Sur y las perspectivas de Sousa Santos y Rivera Cusicanqui sobre la cultura como campo de fuerzas y derecho social. La encuesta evidencia que los actores creativos buscan influir activamente en la producción cultural, establecer redes de colaboración y preservar memorias locales, reafirmando la idea de que la cultura es un bien común en disputa.

A partir de estos resultados, se concluye que el fortalecimiento de la economía creativa requiere acciones integrales y contextualizadas: formalización de empleos y financiamiento, formación continua en gestión y derechos culturales, redes colaborativas, observatorios que generen conocimiento estratégico y políticas de descentralización cultural.

A la vez, es preciso promover una visión humanista de la cultura que vaya más allá de la mercantilización, reconociendo su valor como motor de desarrollo, instrumento de participación ciudadana y espacio de resistencia cultural.

En síntesis, la encuesta demuestra que la economía creativa en Honduras es, simultáneamente, un motor económico, un medio de democratización cultural y un espacio de reexistencia simbólica.

Reconocer estas dimensiones y atender las brechas identificadas permitirá diseñar políticas y estrategias que hagan sostenible, inclusivo y significativo el desarrollo cultural, conectando la práctica creativa con los principios teóricos de ciudadanía, pluralidad epistémica y derechos culturales.

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