Radiografía política de Honduras 2025: Entrevista a Leticia Salomón

Glenn Flores *

Leticia Salomón es socióloga, economista e investigadora de reconocida trayectoria en temas de defensa, seguridad, gobernabilidad y procesos políticos. Fue investigadora asociada del Centro de Documentación de Honduras (CEDOH) y, por muchos años, profesora-investigadora en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Esta entrevista es una «radiografía» de la compleja dinámica de las fuerzas políticas, la polarización y las proyecciones de cara a los comicios de 2025.


Observando el panorama político actual, ¿cómo describiría el comportamiento de las fuerzas de derecha en Honduras en la antesala de las elecciones de 2025?

R/ La derecha hondureña mantiene y acentúa algunas características asociadas a la escasa cultura política democrática, a una ignorancia primaria con respecto a temas centrales de la vida social y a una especie de fanatismo fácilmente manipulable y manipulador. La combinación de esos factores es gasolina pura en un momento electoral en el cual las fuerzas tradicionales vinculadas al bipartidismo perciben su incapacidad de alzarse con el triunfo y terminan alimentando la polarización, el miedo y el ataque furibundo, sin importar los recursos discursivos que utilicen.

¿Percibe una reconfiguración, un endurecimiento de posturas o algún tipo de estrategia unificada frente al actual gobierno y a la coyuntura electoral?

R/ Después de los resultados electorales de 2021 y más específicamente de la extradición, juzgamiento y condena del máximo líder del Partido Nacional, la estructura partidaria vinculada a las máximas autoridades de ese partido, los diputados y alcaldes, el Partido Liberal como su aliado incondicional en los doce años de gobierno y todos los demás cómplices, aliados, encubridores y socios en la corrupción y narcotráfico, bajaron totalmente su perfil en los diferentes frentes y guardaron un prudente silencio mientras evaluaban la dimensión de su derrota, sus debilidades y las fortalezas de su adversario, el nuevo partido de gobierno, y se acomodaban a la nueva situación. Luego, de forma lenta pero constante, fueron estructurando un nuevo discurso y una nueva red de alianzas para confrontar al partido gobernante desde el Congreso Nacional, medios de comunicación corporativos, nuevos medios digitales, iglesias y dos o tres organizaciones sociales que actuaban como brazo social de esa oposición política que empezaba a reconfigurarse.

En el marco de la política hondureña, que a menudo se describe como polarizada, ¿cree que esta polarización se ha acentuado o transformado bajo la administración de Libre? 

R/ La polarización se intensificó desde el golpe de Estado de 2009 y ha ido creciendo con el paso de los años porque no se hizo justicia con los que perpetraron el golpe de Estado y para que aprendieran la lección ellos y sus seguidores posteriores. Esto ha evidenciado la nula o escasa cultura política democrática en partidos, organizaciones y ciudadanía del país, y el deterioro acelerado de principios básicos de la democracia como pluralismo, tolerancia y respeto a los que piensan y son diferentes. Una sociedad polarizada irrespeta derechos fundamentales establecidos en la Constitución de la República y principios esenciales de la democracia que garantizan, entre otros, el pluralismo de partidos, la alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia y el derecho de todos los ciudadanos a militar en cualquier partido, profesar uno, otro o ningún credo religioso y a optar por cualquier opción política, social, sexual u otra.

De cara a las elecciones generales de 2025, ¿cuáles considera son los principales retos y oportunidades para los diferentes partidos políticos? 

R/ Yo veo cuatro cuestiones fundamentales: a) reducir la violencia discursiva y la disposición al ataque al adversario, b) formular una agenda de propuestas concretas, objetivas y alcanzables, c) garantizar la transparencia en el proceso y en los resultados y, d) aceptar la voluntad ciudadana al momento de definir a los ganadores, tal y como se establece en una auténtica democracia.

¿Existe algún factor, interno o externo, que podría ser determinante en el resultado de estos comicios?

R/ A nivel interno, las posibilidades de un golpe de Estado son casi nulas porque las condiciones actuales, con respecto al 2009, son sustancialmente diferentes en la disposición de las Fuerzas Armadas y del Sistema de Justicia (Corte Suprema de Justicia y Ministerio Público) aunque siga presente la disposición de los medios de comunicación corporativos, de las iglesias evangélicas más la jerarquía de la Iglesia católica, y parcialmente de la cúpula de los empresarios, y porque el partido de gobierno se ha preparado en estos cuatro años para enfrentar cualquier posibilidad de interrumpir por la fuerza las elecciones o la alternabilidad. 

A nivel externo, difícilmente podemos anticipar la intervención directa o indirecta de Estados Unidos en los resultados electorales, aunque es difícil adelantar el impacto que pueda tener en las autoridades de ese país la obsesión anticomunista de la derecha y ultraderecha criolla que, desde hace meses, trata de convencerlas, a sombrerazos si es necesario, de que el comunismo llegó al país sin la menor evidencia de que eso sea cierto.

¿Cuál es su pronóstico preliminar para las elecciones de 2025? ¿Prevé una continuidad, un cambio significativo, o un escenario más fragmentado?

R/ Aunque un principio básico de la democracia está ligado a la necesaria existencia de un alto nivel de incertidumbre con respecto a los resultados que sólo se definirán el día de las elecciones, más allá de lo que digan las encuestas reales o manipuladas, la tendencia esperada es que Libre gane las elecciones presidenciales por cuatro razones: a) resultados aceptables ante la sociedad, en términos de buen gobierno, pese al ataque frontal de que ha sido objeto el gobierno de ese partido; b) desprestigio del Partido Nacional por antecedentes de hipercorrupción y narcotráfico en sus doce años de gobierno; c) deterioro del Partido Liberal difícilmente superable con las nuevas caras del partido, advenedizas, incoherentes e incapaces de entusiasmar y movilizar a la base política de ese partido que no los reconoce, hasta ahora, como auténticos líderes partidarios y, d) liderazgo frágil, distorsionado, deformado y desfasado de los candidatos presidenciales del bipartidismo en decadencia. 

La gran incógnita estará en la conformación del nuevo Congreso Nacional y la distribución proporcional de los diputados en las tres fuerzas políticas que dominan y seguirán dominando en ese poder del Estado para anticipar el grado de gobernabilidad política de cara al próximo gobierno. Aunque a nivel municipal se espera que el bipartidismo siga teniendo mayoría de alcaldes, se puede esperar un aumento cuantitativo de alcaldes de Libre, a costa del Partido Liberal, si avanza el desplazamiento de candidatos de ese partido a Libre, como parece ser la tendencia ante la crisis de liderazgo que enfrenta dicho partido.

Evaluación del Partido Libre y de su Gobierno

El Partido Libertad y Refundación llegó al poder con una fuerte expectativa de cambio. Desde su perspectiva, ¿cómo evalúa el desempeño de Libre como fuerza política gobernante? 

R/ Creo que el calificativo más adecuado es decir que es un sobreviviente que logró enfrentar y superar la ofensiva frontal y violenta de los sectores desplazados del poder en el gobierno de Juan Orlando Hernández, pagando un cierto costo social por ello. Tal y como se esperaba, sería una transición difícil y le tocó a este gobierno enfrentar la resistencia y los intentos desesperados ante la pérdida de privilegios, con pocas posibilidades de impulsar políticas adecuadas en un contexto financiero sumamente crítico; este gobierno recibió un país sumido en el descalabro, maniatado por los pagos de una gigantesca deuda externa, presionado por el descuido de la inversión en salud y educación, y obligado por las expectativas de su base política a dar respuestas concretas a problemas que requerirán de dos o tres gobiernos más, por lo menos.

¿Se ha desviado de su rumbo inicial?

R/ Podemos decir que logró avanzar en un contexto político, económico y social sumamente adverso, pero todavía tiene muchas tareas pendientes que deben ser asumidas por dos o tres gobiernos posteriores, solamente para recuperar los niveles previos al descalabro producido por los doce años de gobierno del Partido Nacional. A este gobierno le faltó comunicar de forma más apropiada la dimensión del descalabro que recibió y que le imposibilitó hacer más de lo que ha hecho, tal como hubiera querido.

¿Cuáles considera que son los principales aciertos de este gobierno y cuáles sus asignaturas pendientes?

R/ Entre los aciertos podemos mencionar: mantener el equilibrio macroeconómico y contener el avance inflacionario, tarea sumamente compleja que logró enfrentar de manera apropiada; atender las necesidades de infraestructura vinculadas a comunicación terrestre y aérea, salud y educación; mantener el orden sin mayores denuncias de violación de derechos humanos, garantizando el derecho a expresarse con seguridad en las calles en las pocas oportunidades en que esto se produjo; reducir la visibilidad de los militares en actividades de contención y represión; mantener una política exterior coherente y estable, generadora de confianza. 

Dentro de las tareas pendientes podemos señalar: mejorar las condiciones socioeconómicas de vida en los sectores más pobres del país, reduciendo la brecha entre realidad y percepción; trabajar de forma coordinada con diversos sectores productivos y sociales en la generación de empleo para reducir la necesidad de emigrar; avanzar en el combate de las causas estructurales de la inseguridad (prevención social y económica), sin acudir al régimen de excepción que no pareció ser la mejor opción; mejorar, supervisar y preparar a la Policía en el control de la inseguridad (control/sanción) en todos sus niveles (bajo, intermedio y alto) garantizando su total apego a la ley; atender las necesidades de atención en salud y educación, reduciendo las brechas geográficas y socioeconómicas; atender las demandas sociales para garantizar los derechos ambientales, prestando la atención debida al impacto social y ambiental del extractivismo y la explotación de los recursos naturales; avanzar en la formulación de una política anticorrupción que aborde adecuadamente la prevención, sanción y sometimiento a la ley de todos los involucrados; mayor acercamiento y apertura a sectores críticos, diferenciando entre los que critican para construir y los que critican para destruir. 

Un pilar fundamental de la democracia es la independencia y el funcionamiento de los tres poderes del Estado. ¿Cómo evalúa la relación y el desempeño del Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial bajo la actual administración? 

R/ Sumamente compleja; el Poder Legislativo, espacio natural del debate político, de la pugna de intereses personales, familiares, grupales y partidarios, se convierte en un freno al desarrollo social y económico cuando se produce un alineamiento sectario e irracional en contra del gobierno por razones ideológicas y particulares, más que por razones atribuibles a su papel de garante del balance y equilibrio ante el desempeño inadecuado de los otros poderes del Estado. Esto se complica mucho más con el desplazamiento ideológico de los partidos de oposición hacia la derecha y ultraderecha para oponerse, por razones estrictamente coyunturales, a un partido de centro izquierda como es el partido de gobierno. 

El Poder Judicial, incluyendo la Corte Suprema de Justicia y el Ministerio Público, han sido, desde la transición a la democracia, objeto de repartición entre los partidos políticos, antes, entre los dos partidos que conformaban el bipartidismo y ahora entre los tres partidos, incluyendo a Libertad y Refundación. Esto hace que el nombramiento de los titulares en ambas instancias sea objeto de negociación intensa y muchas veces caótica y, al final, terminan dividiéndose porcentualmente los cargos.

La relación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo mantiene niveles constantes de crispación, porque existen tres fuerzas políticas importantes que se acomodan y reacomodan sin tener ninguna de ellas la mayoría necesaria para aprobar, reprobar o derogar iniciativas, lo que vuelve sumamente compleja la negociación de acuerdos. El Ministerio Público se convierte en un eje central por su función de armar los casos que serán presentados ante las instancias judiciales, lo cual se vuelve crítico cuando se presentan los casos pendientes de corrupción, narcotráfico y desempeño político partidario que activan los señalamientos de sesgo partidario a las iniciativas que adopta. 

¿Percibe un equilibrio de poderes o algún tipo de injerencia que afecte su autonomía? Específicamente en el Poder Judicial, ¿cree que se han logrado avances significativos en la independencia y la lucha contra la impunidad, o persisten estructuras y desafíos que dificultan una verdadera reforma? 

R/ Mientras no se resuelva el problema de fondo, es muy difícil presenciar una verdadera independencia partidaria que garantice la autonomía del Poder Judicial con respecto a los otros poderes y, más específicamente, a las fuerzas políticas que proponen a sus titulares. El problema va más allá del partido que los postula y radica en la actitud de subordinación de los magistrados y fiscales a las directrices políticas que emanan de sus propios partidos que, tarde o temprano, terminan controlando el avance de los casos, procesos o sentencias. 

Ello puede explicar la impunidad de todos los involucrados en el golpe de Estado de 2009; de todos los que aprobaron las ZEDE y de todos los que aprobaron la reelección presidencial, en abierta violación a la Constitución de la República, incluyendo la impunidad del expresidente Juan Orlando Hernández por severos actos de corrupción, permitiendo que fuera juzgado y sentenciado únicamente por narcotráfico y en Estados Unidos. La lucha contra la impunidad pasa por la independencia de los titulares desde el momento en que son nombrados en el Congreso Nacional, y este es un problema de las tres fuerzas políticas más importantes del país.

Los partidos Nacional y Liberal han sido históricamente los pilares del bipartidismo en Honduras. ¿Cómo vislumbra el futuro de estas dos fuerzas políticas? ¿Cree que podrán recuperar el terreno perdido o se enfrentan a una reconfiguración definitiva del mapa político?

R/ Pese a que en momentos electorales se agitan las emociones y se exaltan las pasiones —lo que llevaría a que ambos partidos mantengan una base política incondicional que les otorgue una cantidad de votos que parecería increíble ante cualquier ojo crítico—, la tendencia en ambos partidos es a disminuir su posición de fuerza expresada en los tres niveles de elección popular —presidente, diputados y alcaldes—, y en unos más que en otros. 

En el primer nivel, las posibilidades de triunfo se inclinan a Libre en este momento, por las razones expuestas anteriormente; el Partido Nacional difícilmente lo lograría por el candidato y por el deterioro ético del partido, situación similar a la del Partido Liberal, con el agravante de que tiene un candidato advenedizo que, difícilmente, va a ser reconocido por una base que tiene generaciones de militancia partidaria, con fuerte identidad propia y posición de choque con respecto a su adversario histórico, el Partido Nacional. 

El entusiasmo y la apuesta por el retorno del Partido Liberal al poder político se produce más en la cúpula que en la base, y es un entusiasmo que comparten los que parecen ser los cuatro jinetes del Apocalipsis: dos de ellos erráticos, incoherentes, mentirosos, egocéntricos e irresponsables; el tercero, condenado en Estados Unidos por lavado de activos vinculados al narcotráfico y el cuarto, maestro del cinismo, la ambición, la corrupción y el fraude electoral. 

El nivel de diputados concentra el interés de todos los partidos, incluidos los que saben que no tienen muchas posibilidades de ganar la votación a nivel del Ejecutivo, porque ahí se concentra el poder político y se negocian las cuotas de participación en la toma de decisiones: las tres fuerzas políticas hacen su apuesta por obtener el mayor número de diputados o, por lo menos, no reducir la cantidad que tienen en la actualidad. Esto dependerá del entusiasmo y la capacidad de arrastre que despierte el candidato o la candidata a la presidencia y, por supuesto, del liderazgo de los candidatos en este nivel. 

En el nivel municipal, Libre parece tener una tendencia al alza en el número de alcaldes que obtendría por esfuerzo propio o por incorporación de candidatos disidentes del Partido Liberal; los partidos Nacional y Liberal harán esfuerzos desesperados por mantener su porcentaje y seguirán alcanzando un número significativo por las fuertes estructuras que mantienen tradicionalmente. 

En resumen, el bipartidismo fue herido de gravedad con la incorporación de Libre al sistema político partidario, pero seguirá ahí con paso seguro a la extinción, a menos que surjan en su interior auténticos movimientos reformistas que recuperen el entusiasmo de su militancia. Pero eso, seguro, no ocurrirá en estas elecciones.

¿Qué estrategias o transformaciones internas considera que deberían emprender el Partido Nacional y el Partido Liberal para volver a ser actores políticos determinantes en el escenario hondureño pos 2025?

R/ Para empezar, necesitan un proceso de autoevaluación y pedir perdón a la sociedad por todo el mal que le han hecho al país; deshacerse del viejo liderazgo que los llevó a la situación que enfrentan en la actualidad; volver a los principios que dieron lugar a su surgimiento institucional, lo que constituye su base doctrinaria y, finalmente, iniciar un intenso proceso de capacitación en temas de país y conceptos políticos básicos (democracia, oposición, gobernabilidad, soberanía, entre ellos) para ver si logran reconstruir la identidad con que quieren ser conocidos.

¿Cómo interpreta el rol que la institución castrense ha desarrollado ante el actual gobierno?

R/ Las Fuerzas Armadas hondureñas tienen antecedentes peligrosos en su actitud ante los diferentes gobiernos. Escudados en las funciones políticas que les asigna la Constitución de la República (mantener el imperio de la Constitución; garantizar el libre sufragio; defender la alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia; custodiar, transportar y vigilar los materiales electorales) han asumido, en varias ocasiones, un papel de árbitros que no les corresponde porque tienen un límite constitucional que los define como una institución «apolítica, obediente y no deliberante», lo cual encaja perfectamente con su subordinación jerárquica a la máxima figura del Alto Mando que es la Presidencia de la República. 

Desde hace mucho tiempo, la institución armada dejó de ser un poder paralelo al poder civil al desaparecer las figuras de Jefe de las Fuerzas Armadas (Poder Ejecutivo), Consejo Superior de las FFAA (Poder Legislativo), y fuero militar antes que civil (Poder Judicial). Con la transición a la democracia se fue produciendo un acercamiento de doble vía entre militares que querían granjearse la simpatía política para obtener ascensos, y políticos que querían tener «amigos» en las filas castrenses a los cuales acudir en «casos de necesidad». 

Estos coqueteos entre unos y otros encuentran una dificultad en la subordinación jerárquica al jefe del Estado Mayor Conjunto (con mando sobre el Subjefe del EMC, jefes de las tres fuerzas, Inspector General) y de este a la Presidencia de la República. Durante el golpe de Estado de 2009, el Jefe del EMC, Romeo Vásquez Velásquez, se volvió desobediente, político y deliberante, y de eso se valieron los golpistas de la época para complementar las acciones políticas, judiciales, empresariales y religiosas con la conversión de las Fuerzas Armadas en el brazo armado de esta iniciativa. 

En la actualidad, y a raíz del conflicto surgido en las elecciones primarias de marzo de 2025, liberales y nacionalistas se reunieron y presionaron a sus amigos y simpatizantes militares, como ellos mismos pregonaron, para que «tomaran acciones» y sustituyeran al Jefe del EMC, competencia que es exclusiva de la Presidencia de la República, de acuerdo a la Constitución, como todos ellos lo saben, incluyendo al propio Jefe del EMC. Esto marca una diferencia sustancial con respecto a 2009: la oposición ultraconservadora, Nacional y Liberal, no cuenta en este momento con la complicidad militar y judicial para repetir la historia, y eso es bueno para el país y es bueno para las Fuerzas Armadas.

Donald Trump regresó a la Casa Blanca. ¿Qué impacto tiene su política exterior, particularmente hacia Centroamérica y Honduras, en comparación con la administración anterior de Estados Unidos? Se percibía, por ejemplo, cierta empatía de Kamala Harris hacia Honduras.

R/ Más allá de la simpatía o antipatía entre gobernantes o entre líderes políticos de ambos países, y más allá de que aquellos pertenezcan al Partido Demócrata o al Republicano, es importante mantener una relación pragmática, basada en la racionalidad más que en las emociones, evitando posiciones extremas que van desde el servilismo hasta el antimperialismo más agresivo; construir una agenda de temas prioritarios que afectan a ambos países (migración, narcotráfico, entre otros) y establecer mecanismos de colaboración basados en el respeto mutuo. Prudencia, cautela, pragmatismo y dignidad deben regir cualquier tipo de relación con cualquier país del mundo.

¿Podríamos esperar cambios en las prioridades o en el enfoque de las relaciones bilaterales? 

R/ En sus inicios, el gobierno del presidente Trump parece dar prioridad al tema económico en su política exterior; el tema ideológico aparece como compromiso con los electores, particularmente con relación a Cuba y Venezuela, y no tanto como garrote para cercar gobiernos progresistas, pese a que las referencias a procesos que se están dando en Brasil y Colombia puedan percibirse como intromisión en asuntos internos al cuestionar decisiones del sistema de justicia en esos países.

Hasta este momento, Honduras ha sabido manejar con mucha habilidad las relaciones bilaterales y ha sentado las bases para una colaboración efectiva en problemas comunes. No sabría decir si este panorama cambiará en los meses venideros, o si líderes del Partido Republicano llegarán a sucumbir a las telarañas de la Guerra Fría y comiencen a ver fantasmas atizados por la vergonzosa e indigna actitud de la derecha criolla, folklórica, desubicada y desvergonzada, que busca apoyo internacional ante su incapacidad para convencer a los ciudadanos hondureños y conseguir apoyo electoral a su proyecto conservador, impregnado de corrupción y narcotráfico.

¿Influye el retorno de Trump en el panorama político interno de Honduras, especialmente en temas como la migración, la inversión y las relaciones con actores políticos específicos en el país? 

R/ Los conservadores y ultraconservadores hondureños, nacionalistas y liberales, asumen que hay una identificación espontánea entre los conservadores de allá y los de acá. Olvidan que, hacia afuera, Estados Unidos tiene intereses antes que simpatías o antipatías. Una relación bien llevada, con la prudencia y la diplomacia necesarias, puede diluir cualquier desconfianza. Esto requiere de mucha observación y análisis de las señales, preocupaciones, intereses y giros, y darle seguimiento constante para reaccionar con anticipación a cualquier cambio que se perciba en Estados Unidos o en la región, tanto en este gobierno como en el entrante.

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *